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La Verdad del Sureste

MEMORIA TABASQUEÑA

El rebelde: José Domingo Ramírez Garrido en las manifestaciones estudiantiles de 1910


MEMORIA TABASQUEÑA

José Domingo Ramírez Garrido nació en la hacienda Buenavista, el 2 de agosto del año 1888, en el Partido de Macuspana, en el estado de Tabasco; a unos meses de llevarse a cabo la segunda reelección del general Porfirio Díaz (1888-1892). Ramírez Garrido, desde pequeño experimentó las pocas oportunidades que daba el régimen porfirista, vivió en carne propia el abuso y la superioridad del poder que ejercían las personas que gozaban de los privilegios porfiristas; eso fue el germen de su conciencia social.
En septiembre de 1910, el régimen del general Díaz desarrolló los festejos del Centenario de la Independencia Nacional, donde el gobierno mostraría su “progreso” al mundo. Algunos alumnos decidieron organizaron el Primer Congreso Nacional de Estudiantes, que se llevó a cabo en la capital, del 6 al 18 de septiembre de ese año.
En este evento tuvo lugar un acontecimiento significativo: la negativa del presidente Díaz de recibir a Rubén Darío, ex delegado de Nicaragua y a quien se le pidió permanecer en Veracruz; eso, ocasionó una serie de manifestaciones públicas con tintes de inconformidad. Por su parte, los estudiantes congresistas, que habían formado una comitiva para recibir a Darío, se molestaron por el despotismo del Presidente; y ello fue el inicio de una serie de protestas encabezadas por los estudiantes (Garciadiego, 1989).
Así, el 13 de septiembre de 1910 los jóvenes salieron a protestar por el caso de Rubén Darío, esta se llevó a cabo en la Alameda Central, el grupo inconforme se autodenominó “Jóvenes Voluntarios”, quienes plantaron un árbol al que nombraron “el Árbol del Centenario”. En esa protesta, el tabasqueño José Domingo Ramírez expreso su rebeldía e hizo una reflexión bastante dura de la situación del México de aquella época, directamente dijo:
“A una centuria después de haberse iniciado la independencia de México, después de haberse puesto al engrandecimiento patrio tantos cerebros pletóricos de santos ideales y de haberse sacrificado tan grandes energías, México, ni es libre ni es independiente. El pueblo mexicano que ve regado el suelo patrio con la sangre de los que han caído bajo las fieras garras del caciquismo maldito, el pueblo mexicano que contempla las cárceles atestadas de hombres que no tienen más delito que decir no re-lección, el pueblo mexicano debe enlutarse y confesar avergonzado que no ha merecido el sacrificio de tantos héroes y de tantos mártires.” (R. Garrido, 1910).
Durante la manifestación del 13 de septiembre de 1910, algunos congresistas fueron hechos prisioneros, ya que intervino la gendarmería montada para disolver la reunión, resultando varios jóvenes heridos y otros apresados. Ante tal situación, los estudiantes utilizaron la prensa para manifestar su inconformidad y solicitaron la libertad de sus compañeros; misma que lograron y el Congreso Estudiantil pudo continuar; sin embargo, esas manifestaciones sólo fueron el inicio y el advenimiento de algo mucho más grande: la Revolución.
En el mes de noviembre del mismo 1910, la capital vivió un ambiente de tensión; se realizaron otras manifestaciones organizadas por estudiantes, a las que se sumaron obreros, artesanos y civiles, que expresaron su reprobación por el excesivo gasto en los festejos del Centenario; también se inconformaron por la séptima reelección del presidente Díaz y protestaron por el asesinato de un mexicano, que tuvo lugar en Estados Unidos. En ese escenario, nuevamente sobresalió la figura del estudiante tabasqueño: José Domingo Ramírez Garrido.
A inicios de noviembre de 1910 se difundió la noticia sobre un mexicano, de nombre Antonio Rodríguez, que fue torturado y asesinado por estadounidenses en Rock Springs, Texas. En el periódico El País se dio a conocer la noticia del asesinato; sin embargo, no causó ninguna expresión de indignación ni en la Cámara de Diputados, ni en la de Senadores o en cualquier otro organismo gubernamental.
Pero, el hecho no pasó desapercibido para los estudiantes, porque salieron a las calles para protestar. El primer día, la manifestación fue totalmente anti-americanista; los estudiantes se aglutinaron frente a varias casas editoriales, entre ellas la de El Diario del Hogar y El País, para hacer pública su reprobación por el linchamiento de Antonio Rodríguez (Tiempo Ilustrado, 1910). La protesta pasó por los puntos más importantes de la ciudad: la Secretaría de Relaciones Exteriores, el Consulado Americano, etc., en los que los estudiantes lanzaron injurias a los norteamericanos. Después, llegaron a las instalaciones del periódico The Mexican Herald, considerado el máximo órgano de la prensa estadounidense en México, y apedrearon el local; la acción causó daños materiales al inmobiliario y provocó el disgusto de los representantes estadounidenses, que reclamaron al gobierno mexicano (The Mexican Herald, 1910). En esa manifestación, varios estudiantes terminaron heridos o detenidos.
Para la mañana del miércoles 9, los escolares acordaron ir juntos a solicitar la libertad de sus compañeros detenidos, los jóvenes de preparatoria, de medicina y de la Escuela de Ingenieros, pactaron dirigirse a la Inspección General de Policía y exigir la liberación de los presos, que estaba bajo el mando de Félix Díaz; la respuesta del sobrino del presidente fue que debían esperar las averiguaciones convenientes.
Entonces, los estudiantes resolvieron dirigirse al Gobernador, y la resolución de éste fue que los estudiantes debían esperar unas dos horas, para que sus compañeros fueran liberados.
Ante la respuesta de los funcionarios, los estudiantes volvieron a exigir la liberación inmediata, y sin esperar, volvieron a salir a las calles para protestar; ellos eran más de 300, pero de nuevo se les sumaron obreros y civiles.
En la marcha, además de las repudias contra Estados Unidos, también protestaron contra el régimen del dictador Porfirio Díaz, de los gritos se pasó a la violencia material; los colegiales a su paso empezaron a apedrear algunos establecimientos comerciales de norteamericanos; además, destrozaron una bandera yanqui (El Correo Español, 1910). De nuevo, intervino la policía de manera brutal, ya que las órdenes del Jefe de Gendarmes Ramón Castro fueron que, los gendarmes montados con machetes y bastones arremetieran contra los jóvenes; pero, al querer reprimir el movimiento estudiantil, también agredieron a civiles que pasaban por el lugar. La acción brutal de la gendarmería fue reprobada por varios diarios del país.
Esa represión, propició que los estudiantes de las escuelas de Bellas Artes y la de Comercio y Administración salieran a apoyar a sus compañeros en sus protestas y reclamos. Así, los disturbios se prolongaron hasta el anochecer y los estudiantes que lograron salir de la revuelta, se reagruparon para arremeter contra las instalaciones del diario El Imparcial, periódico porfirista (El Tiempo, 1910). Ante la prensa, los estudiantes declararon que ellos no fueron los que empezaron la agresión, sino grupos ajenos a ellos, que los golpearon y que los agresores fueron extremadamente violentos con sus manifestantes.
En un recuento de los detenidos, cabe decir que, del martes 8 a la madrugada del jueves 10 de noviembre de 1910, durante los disturbios, muchos estudiantes y civiles fueron arrestados y golpeados; algunos diarios publicaron la lista de los aprehendidos; además del tabasqueño José Domingo Ramírez Garrido, fueron detenidos: Mariano Guillen, José Siurob, León Gual, Rodolfo Calderón, Pedro C. Colorado (tabasqueño), José Domínguez, Ángel C. Castellanos y Emilio del Valle. En esos días, otros estudiantes de varios estados de la república se sumaron a las protestas anti-yanquis, como Guadalajara, Puebla, Toluca, San Luis Potosí, Oaxaca, Zacatecas y Morelia.
Los resultados de las protestas estudiantiles de la capital, afectaron a muchos jóvenes, ya que, además de los detenidos, el gobierno ordenó clausurar las escuelas profesionales, entre ellas la de Medicina, excepto la de Jurisprudencia, y hubo algunas expulsiones en la Escuela de Comercio. Las protestas causaron un conflicto internacional: por un lado, la Secretaría de Relaciones Exteriores de México pidió la averiguación precisa de lo sucedido al mexicano Antonio Rodríguez linchado en Texas y, por el otro, el Consulado Americano reclamó la pronta investigación y castigo a lo acontecido en el periódico The Mexican Herald.
Esas manifestaciones estudiantiles, se dieron en el contexto de la antesala de la Revolución, pues mientras se realizaron las protestas, Madero y los antirreleccionistas, estaban convocando al levantamiento armado con el Plan de San Luis. En esa dinámica, las protestas de los jóvenes estudiantes, son el antecedente inmediato de la Revolución Mexicana.
En cuanto a la liberación de los estudiantes arrestados, varios lograron salir, pero para otros, incluyendo a Ramírez Garrido, la liberación tardó más porque fueron reconocidos como los cabecillas del movimiento. De los estudiantes implicados en los disturbios del mes de septiembre y noviembre de 1910, sólo unos cuantos se enfilaron a la Revolución, siendo más los de provincia.
Así, el rebelde de José Domingo Ramírez Garrido, regresó a Tabasco e inició su camino como revolucionario, a partir del levantamiento convocado por Madero.









































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