MEMORIA TABASQUEÑA
ZAPATA VIVE EN LA MEMORIA DEL PUEBLO
(Miembro de la Academia de Historia y Ciencias Sociales de la UJAT)
Cada 10 de abril, de cada año, los sectores sociales marginados de México: campesinos, obreros, estudiantes, indígenas y mujeres, recuerdan al héroe más popular de la Revolución Mexicana: al general Emiliano Zapata, que murió asesinado por el ejército Carrancista en la hacienda de Chinameca en 1919.
Hoy, en un contexto en el que los conservadores de siempre, amparados en su riqueza, poder y cosmovisión individualista y excluyente, atacan al proyecto político que reivindica que “primero los pobres”, es coyuntural mantener en nuestra memoria histórica, en nuestro compromiso y práctica ciudadana, el recuerdo de lo que representó Zapata, como un proyecto revolucionario que sintetizó en el Plan de Ayala, las demandas de los campesinos desposeídos y explotados por el régimen porfirista.
En la dinámica de la Historia de México, Zapata permanece en nuestra memoria como el heredero de la resistencia indígena contra el proyecto occidental, léase capitalismo. Encarna la impugnación que, contra el proyecto del conquistador, realizaron los pueblos mesoamericanos. Zapata reivindica las demandas indígenas en la construcción del Estado Nacional, que el porfiriato ignoró por tener una visión darwinista y racista, que calificaba al indígena como atrasado y como obstáculo para el progreso.
Así, el Zapatismo representa la lucha indígena y campesina por la defensa de la tierra y se constituye en el proyecto revolucionario más popular, que reivindica a los desposeídos. Zapata es el representante de los revolucionarios que lucharon contra un régimen autoritario y represor, generador de injusticias e inequidades que, con la fuerza de las armas y el dinero, fincó el desarrollo de México con el lema de “Paz y Progreso”.
También, Zapata encarnó la lucha por un efectivo Estado de Derecho, para que las leyes se cumplieran y se terminara con el despojo de tierras a los campesinos e indígenas. Por ello, el Zapatismo enfrentó a los latifundistas y a los funcionarios corruptos que protegían a los acaparadores de tierras. El zapatismo también luchó contra las compañías deslindadoras con intereses extranjeros, que operaban en México con los privilegios que les concedían los porfiristas, para explotar los recursos naturales del país, con mano de obra que mantenían casi en condiciones de esclavitud.
Zapata y su movimiento, también nos concientizaron sobre cómo el desarrollo porfirista estaba basado en la explotación del peonaje, en las haciendas y plantaciones, que generaba riqueza para unos pocos y miseria para las mayorías; su lucha nos permitió ver que ese proyecto, solo fue una simulación de progreso. El zapatismo nos enseñó que la concentración de la riqueza en oligarquías despóticas, sostenida con corrupción, despojo y explotación, significa no solo desigualdad e injusticia, sino además, la renuncia a las libertades ciudadanas elementales.
Por eso, en la dinámica de la Revolución Mexicana, el zapatismo debe ser entendido como parte de un proceso social, a partir del cual las masas de campesinos y obreros adquirieron conciencia de que el país debía cambiar, transformarse. Un proceso histórico que pretendió cambiar estructuralmente al país, para modificar las relaciones sociales hegemónicas injustas. En ese proceso, el zapatismo contribuyó a que las masas aprendieran a que son un factor de determinación política en la toma del poder y que, sin su consenso, no se puede orientar el cambio.
Por lo expuesto, cabe decir que, Zapata no murió el 10 de abril de 1919, en el contexto de una traición, porque a partir de ese día se convirtió en un estandarte de reivindicación popular. Porque el proyecto zapatista no murió con zapata, se ha transformado a través de los tiempos: con rostros diversos se oculta, resiste, reaparece y, de manera constante, nos recuerda que el país no avanzará hacia un efectivo progreso, mientras sus demandas no sean atendidas.
En su transformación histórica, el zapatismo seguirá vigente mientras las injusticias, la pobreza, la corrupción, etc., sigan expresándose en la mayoría de mexicanos. Por ello, en la construcción de un país más justo y menos desigual, seguiremos recordando a Zapata y las reivindicaciones zapatistas.