MEMORIA TABASQUEÑA
ACOTACIONES PARA DEBATIR SOBRE LA CULTURA TABASQUEÑA
En los últimos días, he escuchado diversos discursos, ideas y posicionamientos sobre la cultura del tabasqueño. En la radio, la televisión, las actividades culturales del municipio del Centro o, en un supuesto coloquio que se organizó en la DACSYH de la UJAT, se expusieron diversas ideas acerca de lo que podemos llamar la cultura Tabasqueña. Y ante los diversos planteamientos que escuché, quiero manifestar un posicionamiento concreto, sustentado en más de 37 años de vida universitaria dedicado a aprender la historia; con más de 32 años de experiencia en la enseñanza de la historia en el ámbito universitario y, con más de 40 trabajos publicados sobre la historia de Tabasco: entre libros, artículos y ensayos.
Lo primero que hay que decirle a los que opinan sobre la cultura tabasqueña es que, hay un consenso entre antropólogos, historiadores y sociólogos, en que todos tenemos cultura; en que la cultura no permanece estática, no es algo homogéneo y la define las creaciones humanas, las relaciones sociales, los hechos y procesos históricos; la cultura adquiere su significación sociohistórica en espacios y tiempos concretos, expresa las necesidades, intereses y proyecto social de los sujetos. La encontramos en la vida diaria en las prácticas cotidianas y en las expresiones de las emociones, el lenguaje, las sensaciones, la imaginación, etc.
Así, los que estén interesados en conocer la cultura del tabasqueño, tendrán que asumir una postura de aprendizaje de los conocimientos que han producido los antropólogos, historiadores y sociólogos, que nos explican y nos hacen comprender la cultura material e inmaterial del tabasqueño, lo que conceptualmente llamamos: la producción cultural heterogénea que ha elaborado, asumido y trasmitido el tabasqueño a través de su historia, que definen su identidad y su significado histórico. Eso implica reconocer, entre otras cuestiones, que tenemos que adquirir los saberes básicos para emitir ideas sobre el tema; también, quiere decir que las opiniones y los puntos de vista de los aficionados a las ciencias sociales, no nos remiten a una reflexión o análisis efectivo de lo que define y significa la cultura tabasqueña, porque no se sustentan en argumentos.
Aunque, tenemos que estar conscientes, que los propios investigadores sociales, no han investigado de manera amplia muchos fenómenos, prácticas, creaciones, y relaciones culturales, que caracterizan al tabasqueño a través de su historia; es decir, la posibilidad que tenemos de conocer parte de nuestra cultura, se reduce por la falta de trabajos académicos y científicos sobre la producción cultural de las y los tabasqueños; que tiene como principal raíz la falta de apoyos para la investigación de la cultura.
Qué hay que leer y dónde aprender acerca de las vivencias y creaciones que definen lo tabasqueño, ya lo dije: en los libros de historia, en los documentos antiguos, en los análisis de los antropólogos, sociólogos, politólogos contemporáneos: Canudas, Ruz, Ochoa, Tostado, Abreu, Incháustegui, Ortiz, Torruco, Balcázar, Uribe, etc., que nos permiten conocer objetivamente la vida del tabasqueño.
Sin olvidar leer a los clásicos: a Moncada, Sánchez Mármol, León Alejo Torre, Gil y Sáenz, Santa Anna, Mariano Olvera, Iduarte, Taracena, Pellicer, Gorostiza, Eskildsen, Domínguez, Mestre, Becerra, Calzada, Santamaría, Zapata, etc.; todos, viejos y nuevos, son autores que nos remiten al acontecer y la vida del tabasqueño.
También, hay que recuperar y aprender de los periodistas, porque a través del tiempo, han reflexionado sobre la naturaleza social del tabasqueño, sobre su carácter y forma de expresarse y ser, en las distintas etapas de su historia. Y en el proceso de búsqueda y ubicación de lo que somos, no podemos olvidar aprender, recuperar y analizar la memoria, las vivencias y experiencias de nuestros bisabuelos y abuelos, que nos remiten a la vida cotidiana: las festividades, la familia y la vida comunitaria, en la que encontramos el habla, la comida, la forma de vestir, de pensar y ser; cuestiones todas, que nos pueden trasmitir a través de la oralidad.
También, no puedo dejar de hablar de los elementos diversos que obstaculizan el tener un aprendizaje y una conciencia de nuestra cultura e identidad tabasqueña: el poder y sus alegorías enajenantes, que se recrean en las festividades cívicas, que difunde los discursos producidos por seudoanalistas, con errores y metáforas nuestra experiencia histórica.
El pragmatismo con el que se gestiona la cultura y la ausencia de políticas públicas, con programas diseñados sólidamente para promover y concretar la difusión y el aprendizaje de nuestra cultura y la creación cultural. Y sobre todo, las prácticas de simulación que se desarrolla en las instituciones culturales.
Finalmente, solo diré que, los pueblos que no tienen una conciencia de su cultura e identidad, nunca serán capaces de transitar bajo relaciones de convivencia, de diálogo y tolerancia; ya que sus integrantes, no reconocen lo que los hace comunes, lo que los une en la diversidad. Por eso, en Tabasco es necesario diseñar un programa de aprendizaje, formación y difusión de la producción cultural que hemos elaborado a través de nuestra historia, para encontrar vínculos que nos hermanen.