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La Verdad del Sureste

MEMORIA TABASQUEÑA

PELLICER FUE UN NIÑO PORFIRISTA


MEMORIA TABASQUEÑA
El poeta tabasqueño Carlos Pellicer nació el 16 de enero de 1897, a las 2 de la tarde, en San Juan Bautista Tabasco; por su acta de nacimiento, sabemos que fue registrado el 29 de enero del mismo año, que los nombres de sus padres fueron: Carlos Pellicer y Deifilia Cámara, que sus abuelos paternos se llamaron: Tomás Pellicer y María Antonia Marchena; y sus abuelos maternos: Juan Cámara y Juana Ramos. También sabemos que cuando nació, su padre tenía 28 años y su madre 25; y que los testigos que certificaron su nacimiento fueron: el abogado Francisco Capetillo y Domingo Borrego.
El nacimiento de Pellicer coincide con el inicio de la hegemonía que Abraham Bandala ejerció en el poder ejecutivo de Tabasco. Pellicer es un hijo del porfiriato tabasqueño, el contexto histórico que lo vio nacer y crecer hasta el inicio de su adolescencia fue ese. Por lo tanto, las bases de su carácter social y de su personalidad, las adquirió en la cultura, cosmovisión e identidad, de la estructura social porfirista, que las oligarquías locales establecieron en Tabasco.
Esa parte de la historia del Poeta de América es importante conocer y comprender, porque ahí encontramos la base de los valores y principios que lo marcaron y lo definieron durante parte de su vida; desde luego, entendemos que, en ese contexto, también tuvo una condición social y su vida giró en relación al proyecto social que su familia asumió, dentro del proceso histórico porfirista.
Pellicer nació y creció en un contexto histórico en el que unas cuantas familias controlaban el comercio, el poder político y la administración de la sociedad en la gubernatura, en el Congreso del Estado, el Tribunal Superior de Justicia y las instituciones que dependían de ellos. Pellicer perteneció a las élites locales de Tabasco y, en su infancia e inicios de su adolescencia, disfrutó de los beneficios que la dictadura porfirista, a través del general Bandala, les concedió a las familias tabasqueñas que la apoyaban.
Entre 1897 y 1908, Pellicer vivió de manera permanente en San Juan Bautista; Álvaro Ruiz Abreu nos dice que Pellicer creció en ambiente en el que se expresaba el “orden y progreso” porfirista; mientras las clases populares eran explotadas y morían en la pobreza. Nos dice que: “El niño Pellicer creció bajo la protección de la figura paterna, que se dedicó a educarlo, también en el cariño intenso de su madre y en el espectro o el desamparo de esa tierra feraz y aún indómita…” (Abreu. 2007:24).
En ese tiempo, la familia de Pellicer se codeaba con las élites tabasqueñas: los Casasús, Santa Anna, Mestre, Serra, Rovirosa, Merino, Pintado, Correa, Calcáneo, Amezcua, Olivera, Capetillo, Borrego, Castro, Irys, etc. A Pellicer le tocó ver como creció y se consolidó la infraestructura urbana de lo que hoy es el centro histórico de Villahermosa. También, su niñez transcurrió mientras el Instituto Juárez se consolidó como una institución educativa y, sus primeras letras las recibió en el contexto de la consolidación del sistema educativo tabasqueño bajo la perspectiva del positivismo y la mano de Arcadio Zentella.
Pellicer tenía 7 años cuando se inauguró la Escuela Normal para Profesoras; tenía 9 años cuando se realizaron en Tabasco los festejos del centenario del natalicio de Juárez, en 1906; a esa edad le tocó vivir la diversidad de eventos académicos y culturales que iniciaron con la inauguración del Jardín Juárez y la estatua con pedestal de mármol, del Benemérito en dicho espacio. En ese contexto, disfrutó de los beneficios del desarrollo porfirista y de la posición acomodada de su familia, que se dedicaba el comercio y tenían una droguería.
Hoy a 126 años de su natalicio, reconocemos que Pellicer fue un hijo del porfiriato tabasqueño, que no se quedó en la reproducción permanente y conservadora, de esa herencia cultural, sino que, en el flujo de su historia personal, en la dinámica de la Revolución Mexicana y la consolidación del estado postrevolucionario, logró avanzar hacia posiciones liberales, que lo llevaron a ser anti-imperialista y a apoyar a obreros y estudiantes; Pellicer fue un sujeto que transformó su mentalidad, su cosmovisión del mundo y asumió una perspectiva humanista, que perdura hasta nuestros días en nuestra memoria.
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