MEMORIA TABASQUEÑA
¿QUIÉN FUE EDUARDO ALDAY HERNÁNDEZ?
Hace 30 años el Lic. Freddy Arturo Priego me invitó formar parte de un proyecto, para realizar las biografías de los directores de la Escuela de Derecho de la UJAT; cuyo contenido debía incluir, desde el primer director, hasta el periodo del Lic. Priego. El trabajo se realizó con éxito y fortaleció mis conocimientos sobre la historia de la educación, que previamente había adquirido participando en dos trabajos de investigación: el de la historia del SPIUJAT y la historia general de la UJAT.
Desde esa fecha hasta nuestros días, empecé a acumular información o evidencias, sobre la historia de la UJAT y sobre el quehacer de los abogados. Los datos empezaron a llenar libreros, luego cajas, después DVDS, computadoras y, más tarde, discos duros. En esa situación obsesiva, descubrir los procesos, relaciones, prácticas, lenguajes, hechos y la naturaleza social de los universitarios tabasqueños, se convirtió en mi objetivo.
En esa dinámica, son cientos los documentos que, poco a poco, he ido sistematizando sobre la cultura jurídica, educativa, histórica, sociológica y política de los abogados en el devenir de Tabasco. En esos documentos aparece la historia de un abogado, permanentemente recordado y, recientemente reivindicado: el Lic. Eduardo Alday Hernández, por ello, a continuación les expongo algunos datos generales de su vida, en el contexto de que este 30 de junio, está cumpliendo 49 años de haber fallecido.
El maestro Alday, como lo llaman sus exalumnos, nació el 30 de enero de 1917, cinco días antes de la promulgación de la Constitución Federal y, en un contexto en el que los revolucionarios tabasqueños, todos constitucionalistas, empezaron a lucha por el poder local. Su madre se llamó: Victoria Hernández y su padre: Eduardo Alday Amábilis, quienes tuvieron otros dos hijos: Consuelo y Juan.
Recibió una educación familiar propia de la clase media de la época, estudió la primaria en el Instituto José N. Rovirosa, mientras el garridismo construía su hegemonía. Después, entre 1931 y 1934, estudió la secundaria en el Instituto Juárez, bajo la perspectiva de la educación cooperativista y socialista; recibió clases de los connotados ideólogos del garridismo. Por ello, fue Camisa Roja, miembro del Bloque de Jóvenes Revolucionarios, integrante de la Sociedad de Estudiantes Libres y jefe de redacción de la gaceta La Voz del Estudiante.
Después, viajó a la ciudad de México, donde estudió la preparatoria en el Colegio de San Ildefonso y, luego, estudió derecho en la UNAM. En ese lapso de tiempo, conoció a los tabasqueños que radicaban en la ciudad de México, que habían sido antigarridistas; aunque no olvidó los lazos que lo ataban a sus antiguos camaradas garridistas: Carlos A. Madrazo Becerra, Antonio Ocampo Ramírez, entre otros.
Se tituló de abogado en 1943 y regresó a Tabasco en 1944, a partir de ese momento, desempeñó varios trabajos: agente de ministerio público, juez civil, secretario de juzgado de distrito y notario; al mismo tiempo, fue docente de la preparatoria del instituto; luego, fue secretario del mismo y director en dos ocasiones; también, contribuyó al restablecimiento de la licenciatura de derecho y fue fundador de la Sociedad de Catedráticos; en ese tiempo, se preocupó por darle fundamentación jurídica a los órganos de toma de decisiones del plantel.
Fue un activo protagonista en el movimiento social de 1955, lo que lo llevó a ser secretario de gobierno, luego fue magistrado y presidente del Tribunal Superior de Justicia. Así, mientras consolidaba un prestigio como funcionario público, también acreditó un reconocimiento como maestro de filosofía, ética, sociología, derecho civil, derecho público, etc., en la Preparatoria, Escuela Normal, la Escuela de Jurisprudencia y la Escuela de Comercio.
Alday Hernández participó en el proceso que transformó al Instituto Juárez en universidad; fue una figura central en la Escuela de Derecho y en la estructura universitaria; contribuyó en la elaboración de las primeras leyes orgánicas de la universidad Juárez de Tabasco; y propuso y argumentó jurídicamente la idea de que la universidad fuera autónoma.
En ese contexto, se le recuerda por haber sido rector de la universidad entre 1967 y 1968; luego, por volver a ser director de la Escuela de Derecho. Desde luego, también permanece en la memoria de muchos universitarios y ciudadanos, por ser solidario y comprensivo; por su gusto por la música clásica; su elocuencia argumentativa en las clases; y su pasión por el beisbol y el box.