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La Verdad del Sureste

MEMORIA TABASQUEÑA

LA DESPEDIDA DE FRANCISCO J. SANTAMARÍA DEL INSTITUTO JUÁREZ EN 1952


MEMORIA TABASQUEÑA
En los primeros días de septiembre de 1952, el Instituto Juárez realizó una apertura más de sus labores académicas, siendo director del plantel el Dr. Julián Manzur y el secretario: el Lic. Eduardo Alday Hernández. En ese contexto, el gobernador de Tabasco: Lic. Francisco J. Santamaría pronunció un emotivo discurso, con el cual, se despidió del Instituto Juárez, ya que en menos de 4 meses dejaría su cargo como el titular del Poder Ejecutivo de Tabasco.
Las ideas y mensajes que transmitió el Mtro. Santamaría ese día fueron estremecedores; ya que su contenido nos remite al apego, la identidad y los conceptos que Santamaría tenía sobre la primera institución de educación superior de Tabasco; sobre su Alma Máter.
De manera directa, el Mtro. Santamaría expuso ese día lo siguiente: “Se despide hoy aquí, para nuevos actos oficiales y nuevas inauguraciones o clausuras, el gobernador del estado en el actual sexenio.”
“No se despide, ni se despedirá jamás, ni muerto tal vez, del Instituto Juárez, Francisco J. Santamaría. Hijo de este plantel, a él le debo todo lo que he sido en la vida y entiendo que no debe morir jamás, para el hijo el recuerdo de la casa eterna. Moriremos llevando en el alma el recuerdo del Instituto Juárez. Yo no moriré para él jamás, porque en ultratumba seguiré queriéndolo. Él no morirá jamás tampoco para mí.”
Ese día, con esas palabras, Santamaría reconoció sus lazos identitarios con el Instituto Juárez, se reivindicó como parte de él y le rindió un tributo a la institución que le permitió lograr cumplir con sus anhelos, esperanzas y propósitos como ser humano, como intelectual y como político. También, reconoció a los administradores del Instituto Juárez, que los apoyaron y le permitieron consolidar un proyecto educativo en la institución, para devolverle su antigua grandeza y su prestigio académico.
Mencionó los esfuerzos, compromisos y tareas realizadas en la institución, por el Lic. Belisario Colorado Jr., el Dr. Julián Manzur, el Lic. Eduardo Alday Hernández, a quien se refirió como: “…hombre de grandes valimientos, sereno, preparado, juicioso, hombre de personalidad y hombre de principios morales transparentes…”
Santamaría señaló que en su vida y en su experiencia, para cambiar al IJ, valoraba el apoyo de los estudiantes, de los intelectuales tabasqueños, de los maestros y de los padres de familia, que le permitieron recuperar la grandeza de la institución, textualmente dijo: “Ya el Instituto vuelve a ser el de ayer y volverán a salir de aquí los Sánchez Mármol, los Zentella, los Justo Cecilio Santa Anna. Yo lo veo venir, y dentro de cinco o diez años veremos una constelación de astros intelectuales surgidos del Instituto Juárez.”
Santamaría dijo en esa despedida que, los tabasqueños debían estar felices por haber renovado a su máxima institución educativa, que se hizo escuchando las voces que señalaban que la educación superior en Tabasco: “…había desaparecido para siempre y que el Instituto Juárez se había transformado en una entidad ciega, triste, deprimida y casi maloliente…” Dijo que los tabasqueños se habían articulado y que estudiantes, intelectuales, maestros y sectores sociales habían revivido al instituto “en lo material y en lo moral”, para beneficio y progreso de Tabasco y su sociedad.
Santamaría señaló que se despedía de una institución, que en un futuro cercano podría transformarse y florecer en algo más promisorio: en universidad; porque ya tenía las bases de infraestructura: nuevos salones, biblioteca, laboratorio, etcétera. En una institución cultural, que permitiera que Tabasco se rejuveneciera, teniendo como instrumentos principales aquellos que provienen de las ciencias y del quehacer científico.
Finalmente, el maestro Santamaría deseó que el Instituto Juárez fuera siempre una institución de altos estudios, moralmente limpia y socialmente preclara, en la que él encontró gratitud, hermandad, paternidad y conocimientos que le llevaron a obtener el título de “Académico de la Lengua”. En sus palabras finales, Santamaría dijo que las obras de los educadores no deben perderse en el tiempo, por eso deben imprimirse y difundirse para que se mantuvieran en el recuerdo y el cariño de los ciudadanos, como un referente a seguir. Por ello, pidió que se imprimiera y se recordara el discurso que dio Manuel Sánchez Mármol, cuando las puertas del Instituto Juárez se abrieron por primera vez para los tabasqueños.
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