MEMORIA TABASQUEÑA
EL CACAO EN EL DICCIONARIO DE MEJICANISMOS DE FRANCISCO J. SANTAMARÍA
La naturaleza del ser del tabasqueño está determinada por elementos diversos, que se articulan en experiencias, relaciones y hechos sociales e históricos concretos. A esos elementos hay que agregarle las cuestiones heterogéneas que caracterizan el medio ambiental y ecológico de Tabasco, que también son determinantes y definitorios de la identidad y de la cultura de los habitantes de estas tierras.
Uno de esos elementos diversos, que caracterizan al tabasqueño y en el que se integran la naturaleza y la vida social, tiene que ver con el cacao y su producto principal: el chocolate.
Así, cuando queremos definir el sentido histórico del tabasqueño, es imposible no hacer mención a ese elemento significativo, que proviene de la naturaleza y, que forma parte de su vida y su historia.
Bajo esas premisas iniciales, es importante empezar a realizar indagaciones, para comprender qué significa para la vida cotidiana del tabasqueño, el cacao y el chocolate; con esa intención, quiero rescatar las definiciones que el maestro Francisco J. Santamaría realiza sobre el cacao, en el Diccionario de Mexicanismos, publicado por la editorial Porrúa.
Quién quiera entender qué es y qué significa el cacao, debe leer los significados que Santamaría le da a diversas palabras que se relacionan con él, entre ellas: cacahuanano, cacahuanantzin, cacahuasúchil, cacahuatache, cacahuatal, cacahuate (Santamaría lo define como cacao de tierra), cacahutería, cacahuatero, cacaotal, cacaotero, etc. Reitero, que tienen una relación con lo que significa el cacao y las diversas cuestiones que giran en torno a él.
Entre las páginas 169 y 173 de su diccionario, Santamaría nos da una detallada explicación acerca de lo que debemos entender por la palabra cacao; al mismo tiempo, nos remite a diversos datos en relación a prácticas y aspectos de carácter cultural y productivo sobre la planta; también, nos da una nítida descripción de los tipos de cacao y de cuál es su cualidad y nombre adecuado.
Además, de algunas especificaciones históricas en relación a la planta y su producción.
En la página 171 de su Diccionario de Mexicanismos, Santamaría reproduce parte de las definiciones de su Diccionario de Americanismos.
En el que retoma las precisiones lingüísticas de Becerra, en las que anota que la palabra cacao viene “Del mayakakau, de kajkab, de kaj, amargo, y kab, jugo (…) Árbol de cuatro a seis metros de altura, de la familia de las esterculiáceas, originario de la América, (…) ramoso y copado, con hojas de corte pecíolo, sobadas, de 15 a 30 cmts. de largo; inflorescencias breves, nacidas a lo largo del tallo desde el tronco, florecillas como de un centímetro, en hacecillos de dos o tres, de cálix rosado y pétalos amarillentos; tronco áspero, de color de canela, y madera ligera y frágil.
El fruto es una baya o mazorca ovoida, grande aguda hacia el ápice, de 25 a 30 cmts. de largo y 10 a 15 de grueso…”
Santamaría realiza toda la descripción de la planta, la forma en la que debe cultivarse y los lugares en los que ha florecido su producción: Guayaquil, Centro América, el Soconusco y Tabasco.
Señala la forma en la que crece, cómo debe cuidarse y cómo evoluciona hasta producir la mazorca.
Integra en su explicación, una significativa narración sobre la dinámica productiva del cacao a través de la historia, así como, los diferentes productos que salen de su procesamiento, entre ellos, el chocolate.
En el Diccionario también podemos leer acerca de los diferentes tipos de cacao: cimarrón, silvestre, etc., y además, sobre los diferentes significados populares que tiene la palabra cacao, en su uso cotidiano en varias regiones del mundo.
En las definiciones de Santamaría se integran significados etimológicos y lingüísticos que caracterizan al cacao a partir del náhuatl, el latín, el maya o sus expresiones populares.
Por las definiciones y puntualizaciones que Santamaría realiza sobre el cacao, es necesario rescatarlas y tenerlas como referencia en nuevas investigaciones, que nos permitan reflexionar y analizar los elementos diversos que definen nuestra cultura e identidad entorno al cacao.
Por ello, deberíamos empezar por publicarlas, discutirlas y hacerlas comprender a las nuevas generaciones.
Uno de esos elementos diversos, que caracterizan al tabasqueño y en el que se integran la naturaleza y la vida social, tiene que ver con el cacao y su producto principal: el chocolate.
Así, cuando queremos definir el sentido histórico del tabasqueño, es imposible no hacer mención a ese elemento significativo, que proviene de la naturaleza y, que forma parte de su vida y su historia.
Bajo esas premisas iniciales, es importante empezar a realizar indagaciones, para comprender qué significa para la vida cotidiana del tabasqueño, el cacao y el chocolate; con esa intención, quiero rescatar las definiciones que el maestro Francisco J. Santamaría realiza sobre el cacao, en el Diccionario de Mexicanismos, publicado por la editorial Porrúa.
Quién quiera entender qué es y qué significa el cacao, debe leer los significados que Santamaría le da a diversas palabras que se relacionan con él, entre ellas: cacahuanano, cacahuanantzin, cacahuasúchil, cacahuatache, cacahuatal, cacahuate (Santamaría lo define como cacao de tierra), cacahutería, cacahuatero, cacaotal, cacaotero, etc. Reitero, que tienen una relación con lo que significa el cacao y las diversas cuestiones que giran en torno a él.
Entre las páginas 169 y 173 de su diccionario, Santamaría nos da una detallada explicación acerca de lo que debemos entender por la palabra cacao; al mismo tiempo, nos remite a diversos datos en relación a prácticas y aspectos de carácter cultural y productivo sobre la planta; también, nos da una nítida descripción de los tipos de cacao y de cuál es su cualidad y nombre adecuado.
Además, de algunas especificaciones históricas en relación a la planta y su producción.
En la página 171 de su Diccionario de Mexicanismos, Santamaría reproduce parte de las definiciones de su Diccionario de Americanismos.
En el que retoma las precisiones lingüísticas de Becerra, en las que anota que la palabra cacao viene “Del mayakakau, de kajkab, de kaj, amargo, y kab, jugo (…) Árbol de cuatro a seis metros de altura, de la familia de las esterculiáceas, originario de la América, (…) ramoso y copado, con hojas de corte pecíolo, sobadas, de 15 a 30 cmts. de largo; inflorescencias breves, nacidas a lo largo del tallo desde el tronco, florecillas como de un centímetro, en hacecillos de dos o tres, de cálix rosado y pétalos amarillentos; tronco áspero, de color de canela, y madera ligera y frágil.
El fruto es una baya o mazorca ovoida, grande aguda hacia el ápice, de 25 a 30 cmts. de largo y 10 a 15 de grueso…”
Santamaría realiza toda la descripción de la planta, la forma en la que debe cultivarse y los lugares en los que ha florecido su producción: Guayaquil, Centro América, el Soconusco y Tabasco.
Señala la forma en la que crece, cómo debe cuidarse y cómo evoluciona hasta producir la mazorca.
Integra en su explicación, una significativa narración sobre la dinámica productiva del cacao a través de la historia, así como, los diferentes productos que salen de su procesamiento, entre ellos, el chocolate.
En el Diccionario también podemos leer acerca de los diferentes tipos de cacao: cimarrón, silvestre, etc., y además, sobre los diferentes significados populares que tiene la palabra cacao, en su uso cotidiano en varias regiones del mundo.
En las definiciones de Santamaría se integran significados etimológicos y lingüísticos que caracterizan al cacao a partir del náhuatl, el latín, el maya o sus expresiones populares.
Por las definiciones y puntualizaciones que Santamaría realiza sobre el cacao, es necesario rescatarlas y tenerlas como referencia en nuevas investigaciones, que nos permitan reflexionar y analizar los elementos diversos que definen nuestra cultura e identidad entorno al cacao.
Por ello, deberíamos empezar por publicarlas, discutirlas y hacerlas comprender a las nuevas generaciones.