Es parte del cambio cultural que conlleva el proceso que inició con la presidencia de Andrés Manuel López Obrador.
Durante los gobiernos neoliberales, lo mexicano no se reivindicó mucho. Parecía que todo lo que venía del extranjero era mejor que lo nacional.
No sólo en cuestiones materiales, sino también en lo que respecta a nuestra cultura, a nuestras costumbres y a nuestra forma de ser.
Este proceso de admirar lo extranjero sobre lo mexicano no sólo fue impuesto desde las administraciones emanadas del neoliberalismo, sino que también se estableció en los medios de comunicación: si venía de fuera, era mejor que lo que había aquí.
Con la llegada de Andrés Manuel López Obrador, nuestra cultura y la riqueza popular mexicano se colocaron en el discurso público.
Se revindicó al pueblo, a su forma de ser, su solidaridad y su visión de mundo.
El expresidente tabasqueño siempre hablaba de México con orgullo, y eso se trasmitida a la gente.
Con Claudia Sheinbaum, eso se ha mantenido. Por ejemplo, el sábado pasado afirmó en un acto público en Veracruz:
“Por eso, nosotros practicamos el Humanismo Mexicano, que en el fondo lo que quiere decir es: ‘Por el bien de todos, primero los pobres’.
Por eso decimos: ¡a los mexicanos y a las mexicanas se nos ve como iguales, nunca de arriba abajo, porque somos trabajadores! Y, además, nosotros practicamos la fraternidad universal. Eso es lo queremos para nuestro país y para todo el mundo”.
Hoy los mexicanos no sólo nos sentimos orgullosos de haber comenzado una transformación política, sino que reivindicamos con entusiasmo nuestra historia, nuestro presente y nuestra cultura.
Ya no nos vemos como inferiores, sino que nos percibimos como una nación que logró rescatar a un país entero y que es foco de esperanza para muchos otros países.
Y ahí se nota que la Cuarta Transformación –aunque les duela a los de oposición– no sólo es un cambio de régimen, sino una transformación cultural.
Y eso es bien complicado de lograr, y más en tan poco tiempo.
