Pese a diálogo, Rusia y Ucrania aún están lejos de un acuerdo
A 16 de marzo de 2022.- Las negociaciones entre Rusia y Ucrania continuaron este miércoles por videoconferencia, lo cual es sin duda una buena noticia, pero todo indica que aún está lejos de poder alcanzarse un arreglo político que satisfaga a ambas partes, mientras la población civil sigue sufriendo los estragos de una guerra que, al margen de las razones que argumente el Kremlin, proviene de un país al que los ucranios se sentían –así en pasado– unidos por tantos lazos fraternos, que quedaron hechos añicos por los bombardeos que continúan ya tres semanas.
Y no es fácil llegar a un acuerdo de paz porque la aceptación de Ucrania de que no va a ingresar a la OTAN –que podría presentarse como victoria del Kremlin– va acompañada de dos exigencias más, una que Moscú considera innegociable: que Crimea sea reconocida como parte de Rusia para siempre, y la otra, que sí puede debatirse: qué tanto territorio de Ucrania quiere el iniciador de esta guerra que sea considerado “liberado” del yugo de Kiev: ¿sólo las regiones de Donietsk y Lugansk en la fronteras que tenían antes de 2014? O ¿el mapa de ubicación de las tropas que exista el día que se firme la paz?
Por otro lado, se filtró al londinense Financial Times que desde el lunes anterior se discute una propuesta de acuerdo de quince puntos, entre otros el compromiso firme de no adherirse a la OTAN ni de instalar bases militares ni armamento ofensivo, que presupone declarar un alto el fuego y retirar las tropas rusas que entraron desde el 24 de febrero, a cambio de que el estatus de neutralidad de Ucrania sea garantizado por sus aliados, en particular Estados Unidos, Gran Bretaña y Turquía.
No es claro de qué manera esos países podrían garantizar la seguridad de Ucrania sin que Rusia se sienta amenazada, siendo los tres miembros de la OTAN.
Expertos militares más escépticos creen que las negociaciones son para Rusia una suerte de pretexto para ganar tiempo y reagrupar sus fuerzas mientras prepara el asalto final de Kiev. Vaticinan que las pláticas van a prolongarse hasta que Rusia consiga unir el Donbás con Crimea, extendiendo sus dominios a toda la costa de los mares de Azov y Negro, cuando caigan los dos puertos estratégicos ucranios, Mariupol y Odesa, que parecen objetivos prioritarios de la “operación militar especial” rusa como parte de un plan de expansión geopolítico, a imagen y semejanza de lo que ha venido haciendo la OTAN desde que cayó el muro de Berlín.
Tal vez por eso, Aleksei Arestovich, asesor de la presidencia ucrania, en declaraciones al canal de TV Ukraina-24 comentó que “siendo realista, no creo que alcancemos un acuerdo antes de mayo siguiente. A lo mejor me equivocó y se consigue antes. Hablo de plazos máximos. Ahora estamos en una situación en que dentro de una o dos semanas podríamos llegar a un entendimiento de paz con el retiro de tropas y todo lo demás. Y en el otro extremo, después de la enésima ronda de negociaciones, hacia fines de mayo, la opción será seguir combatiendo”.
El vocero del Kremlin, Dimitri Peskov, no quiso hacer ningún pronóstico este miércoles: “Preferimos abstenernos de adelantar estimaciones, hay que esperar que se obtengan resultados sustantivos, cuando sería el momento de informar a la opinión pública de ambos países”.
Y no es fácil llegar a un acuerdo de paz porque la aceptación de Ucrania de que no va a ingresar a la OTAN –que podría presentarse como victoria del Kremlin– va acompañada de dos exigencias más, una que Moscú considera innegociable: que Crimea sea reconocida como parte de Rusia para siempre, y la otra, que sí puede debatirse: qué tanto territorio de Ucrania quiere el iniciador de esta guerra que sea considerado “liberado” del yugo de Kiev: ¿sólo las regiones de Donietsk y Lugansk en la fronteras que tenían antes de 2014? O ¿el mapa de ubicación de las tropas que exista el día que se firme la paz?
Por otro lado, se filtró al londinense Financial Times que desde el lunes anterior se discute una propuesta de acuerdo de quince puntos, entre otros el compromiso firme de no adherirse a la OTAN ni de instalar bases militares ni armamento ofensivo, que presupone declarar un alto el fuego y retirar las tropas rusas que entraron desde el 24 de febrero, a cambio de que el estatus de neutralidad de Ucrania sea garantizado por sus aliados, en particular Estados Unidos, Gran Bretaña y Turquía.
No es claro de qué manera esos países podrían garantizar la seguridad de Ucrania sin que Rusia se sienta amenazada, siendo los tres miembros de la OTAN.
Expertos militares más escépticos creen que las negociaciones son para Rusia una suerte de pretexto para ganar tiempo y reagrupar sus fuerzas mientras prepara el asalto final de Kiev. Vaticinan que las pláticas van a prolongarse hasta que Rusia consiga unir el Donbás con Crimea, extendiendo sus dominios a toda la costa de los mares de Azov y Negro, cuando caigan los dos puertos estratégicos ucranios, Mariupol y Odesa, que parecen objetivos prioritarios de la “operación militar especial” rusa como parte de un plan de expansión geopolítico, a imagen y semejanza de lo que ha venido haciendo la OTAN desde que cayó el muro de Berlín.
Tal vez por eso, Aleksei Arestovich, asesor de la presidencia ucrania, en declaraciones al canal de TV Ukraina-24 comentó que “siendo realista, no creo que alcancemos un acuerdo antes de mayo siguiente. A lo mejor me equivocó y se consigue antes. Hablo de plazos máximos. Ahora estamos en una situación en que dentro de una o dos semanas podríamos llegar a un entendimiento de paz con el retiro de tropas y todo lo demás. Y en el otro extremo, después de la enésima ronda de negociaciones, hacia fines de mayo, la opción será seguir combatiendo”.
El vocero del Kremlin, Dimitri Peskov, no quiso hacer ningún pronóstico este miércoles: “Preferimos abstenernos de adelantar estimaciones, hay que esperar que se obtengan resultados sustantivos, cuando sería el momento de informar a la opinión pública de ambos países”.