Pilar y Zamudio, el ocaso de un cacicazgo pernicioso
Los dirigentes sindicales petroleros están muy molestos, porque les quitaron el negocio de las basificaciones Por Alejandro Hernández El dirigente sindical petrolero de la sección 44, José de Jesús Zamudio Aguilera, añora los privilegios y las canonjías de las que gozaban cuando el PRI y el PAN gobernaron el país, cuando imponían su voluntad en Pemex y sometían a su cacicazgo a la base trabajadora.
Se comportaban como señores de horca y cuchillo, pisoteaban los derechos de los trabajadores sindicalizados. No rendían cuentas claras de las cuotas sindicales ni del dinero que recibían de la empresa petrolera como parte del Contrato Colectivo de Trabajo que firmaba el sindicato con Pemex.
Zamudio Aguilera utilizó como pretexto el 86 aniversario de la expropiación petrolera para arremeter contra la empresa productiva del Estado. Según el dirigente sindical, con la actual directiva de Petróleos Mexicanos se dio un retroceso “en las condiciones laborales de los trabajadores”, pues se alteró “el orden contractual” en su perjuicio, por ello calificó de “catastrófica” su desempeño.
También se fue en contra de los servicios médicos de Pemex al que tachó como uno “de los peores de la historia” de Pemex. “Se esmeraron en destruirlo todo, pero Pemex sigue latiendo lento, pero sigue latiendo”.
Las expresiones de Zamudio no fueron a título gratuito. Nada que ver. Tiene mucho que ver el momento electoral que estamos viviendo. Él, junto con la totalidad de los dirigentes seccionales del sindicato petrolero, es de origen priista.
Por eso no tuvo ningún empacho en pedir voto de castigo en contra de Morena el dos de junio. “Afortunadamente es muy cierto que con la penicilina democrática que apliquemos en junio, acabaremos con estas bacterias”.
La mafia sindical petrolera, cuyo jefe de ese clan en Tabasco es Pilar Córdova, está muy enojada, porque le quitaron el negocio que representaba la venta de plazas.
Las plazas: familiares, amigos e incondicionales
Ese es el fondo del asunto. No es porque sean defensores a ultranza de los derechos de sus representados, sino que ya no pueden ejercer control sobre ellos, porque la plaza ya no depende de estos caciques sindicales, sino que ahora sí se hace justicia al trabajador con más años de antigüedad.
Con esta decisión de Pemex, se recompensa con una plaza o base a quienes con todo derecho se la han ganado. El trámite para recibir ese beneficio es muy sencillo y transparente. No hay mano negra ni favoritismo. Se premia el esfuerzo, la dedicación, los años de servicio.
Eso no ocurría en el pasado. Eran los líderes petroleros los que decían a quién le daban la plaza, generalmente se repartían entre familiares, amigos e incondicionales y el verdadero trabajador tenía que soportar humillaciones para ver si de pura lástima alcanzaba una plaza.
Los usaban como choferes de sus esposas, hijos u otros familiares. Los obligaban a hacer trabajo de afanadores, jardineros y mandaderos en sus lujosas residencias. Eran catalogados como meritorios y en esa condición tenían que soportar maltrato, insultos y toda clase de vejaciones.
Quién no recuerda las fastuosas celebraciones de cumpleaños de Pilar Córdova. Ahí tenían que ir a la Deportiva a desfilar para hacer ruido, bulla y pasar lista de presente o de lo contrario debían atenerse a las consecuencias.
Las fiestas de cumpleaños de estos señores feudales, lo peor que ha dado el sindicalismo mexicano, eran apoteósicas. Se tiraba la casa por la ventana. Por supuesto, con dinero de las cuotas sindicales o el que las anteriores directivas de Pemex les daban a estos caciques sindicales.
“La caída de un jefe de pandilla”
En la era panista y priista, los trabajadores eran obligados a fungir como matraqueros para vitorear al presidente en turno y al dirigente nacional del STPRM, durante la celebración de la Expropiación Petrolera. Era eso o castigo.
En redes sociales circula un video de un trabajador del Hospital de Pemex, quien le responde a Zamudio Aguilera los ataques a esa institución.
En una parte de su mensaje, refiere: “estamos viviendo la caída de un jefe de pandilla, que en los tiempos del PRI, fue todopoderoso, mas no se adaptó a la nueva era y no supo retirarse a tiempo”.
El trabajador se refería a Pilar Córdova, el verdadero “jefe de pandilla”. Él habla de la destrucción de Pemex, pero yo le pregunto: ¿Usted, qué ha construido? Estuvo casi a nada de destruir a cientos de familias petroleras por el hecho de pensar diferente”.
“Hoy en día –agrega- los trabajadores gozan de una basificación, de una tranquilidad, de bienestar. Ahora son para los trabajadores con mayor antigüedad, ya no son para sus amigos, para sus familiares o para quiénes aplaudan más”.
Se comportaban como señores de horca y cuchillo, pisoteaban los derechos de los trabajadores sindicalizados. No rendían cuentas claras de las cuotas sindicales ni del dinero que recibían de la empresa petrolera como parte del Contrato Colectivo de Trabajo que firmaba el sindicato con Pemex.
Zamudio Aguilera utilizó como pretexto el 86 aniversario de la expropiación petrolera para arremeter contra la empresa productiva del Estado. Según el dirigente sindical, con la actual directiva de Petróleos Mexicanos se dio un retroceso “en las condiciones laborales de los trabajadores”, pues se alteró “el orden contractual” en su perjuicio, por ello calificó de “catastrófica” su desempeño.
También se fue en contra de los servicios médicos de Pemex al que tachó como uno “de los peores de la historia” de Pemex. “Se esmeraron en destruirlo todo, pero Pemex sigue latiendo lento, pero sigue latiendo”.
Las expresiones de Zamudio no fueron a título gratuito. Nada que ver. Tiene mucho que ver el momento electoral que estamos viviendo. Él, junto con la totalidad de los dirigentes seccionales del sindicato petrolero, es de origen priista.
Por eso no tuvo ningún empacho en pedir voto de castigo en contra de Morena el dos de junio. “Afortunadamente es muy cierto que con la penicilina democrática que apliquemos en junio, acabaremos con estas bacterias”.
La mafia sindical petrolera, cuyo jefe de ese clan en Tabasco es Pilar Córdova, está muy enojada, porque le quitaron el negocio que representaba la venta de plazas.
Las plazas: familiares, amigos e incondicionales
Ese es el fondo del asunto. No es porque sean defensores a ultranza de los derechos de sus representados, sino que ya no pueden ejercer control sobre ellos, porque la plaza ya no depende de estos caciques sindicales, sino que ahora sí se hace justicia al trabajador con más años de antigüedad.
Con esta decisión de Pemex, se recompensa con una plaza o base a quienes con todo derecho se la han ganado. El trámite para recibir ese beneficio es muy sencillo y transparente. No hay mano negra ni favoritismo. Se premia el esfuerzo, la dedicación, los años de servicio.
Eso no ocurría en el pasado. Eran los líderes petroleros los que decían a quién le daban la plaza, generalmente se repartían entre familiares, amigos e incondicionales y el verdadero trabajador tenía que soportar humillaciones para ver si de pura lástima alcanzaba una plaza.
Los usaban como choferes de sus esposas, hijos u otros familiares. Los obligaban a hacer trabajo de afanadores, jardineros y mandaderos en sus lujosas residencias. Eran catalogados como meritorios y en esa condición tenían que soportar maltrato, insultos y toda clase de vejaciones.
Quién no recuerda las fastuosas celebraciones de cumpleaños de Pilar Córdova. Ahí tenían que ir a la Deportiva a desfilar para hacer ruido, bulla y pasar lista de presente o de lo contrario debían atenerse a las consecuencias.
Las fiestas de cumpleaños de estos señores feudales, lo peor que ha dado el sindicalismo mexicano, eran apoteósicas. Se tiraba la casa por la ventana. Por supuesto, con dinero de las cuotas sindicales o el que las anteriores directivas de Pemex les daban a estos caciques sindicales.
“La caída de un jefe de pandilla”
En la era panista y priista, los trabajadores eran obligados a fungir como matraqueros para vitorear al presidente en turno y al dirigente nacional del STPRM, durante la celebración de la Expropiación Petrolera. Era eso o castigo.
En redes sociales circula un video de un trabajador del Hospital de Pemex, quien le responde a Zamudio Aguilera los ataques a esa institución.
En una parte de su mensaje, refiere: “estamos viviendo la caída de un jefe de pandilla, que en los tiempos del PRI, fue todopoderoso, mas no se adaptó a la nueva era y no supo retirarse a tiempo”.
El trabajador se refería a Pilar Córdova, el verdadero “jefe de pandilla”. Él habla de la destrucción de Pemex, pero yo le pregunto: ¿Usted, qué ha construido? Estuvo casi a nada de destruir a cientos de familias petroleras por el hecho de pensar diferente”.
“Hoy en día –agrega- los trabajadores gozan de una basificación, de una tranquilidad, de bienestar. Ahora son para los trabajadores con mayor antigüedad, ya no son para sus amigos, para sus familiares o para quiénes aplaudan más”.