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La Verdad del Sureste

La política en Tabasco es la misma, lo único nuevo es la aparición del crimen organizado: Francisco Gotilla

Dicha frase fue una de las ultimas que el sacerdote jesuita compartió para nuestra casa editorial (Primera parte)


Francisco Goitia Prieto, en una última e inconclusa entrevista con La Verdad del Sureste.
Francisco Goitia Prieto, en una última e inconclusa entrevista con La Verdad del Sureste.
“La política en Tabasco es la misma, lo único nuevo es la aparición del crimen organizado, son los mismos los que están ahí, los que un día deciden estar en el PRI y al día siguiente en el PAN, luego en el PRD para volver al PRI”, fue una de las reflexiones de Francisco Goitia Prieto, en una última e inconclusa entrevista con La Verdad del Sureste.

 Fue hace casi dos años que, esta reportera, intentó realizar una amplia entrevista con el, ya para entonces ex director del Comité de Derechos Humanos de Tabasco (Codehutab), en la oficina de este organismo, poco antes de partir de regreso a su última morada en la ciudad de Torreón, Coahuila.

 El cansancio visible del sacerdote jesuita, que incluso dormitaba, entre pregunta y pregunta, así como el apremio del tiempo por su pronto viaje Torreón, dejó inconclusa la intención de conocer a fondo su trabajo en la defensa de los derechos humanos y sus reflexiones sobre el devenir político y social del estado en el que vivió quince años. Esa posibilidad quedó finalmente truncada con el imprevisto fallecimiento de Goitia Prieto, en la ciudad de Oaxaca el pasado 11 de julio, por lo que se consideró oportuno publicar el producto de esa entrevista. En Tabasco, nos dijo en esa ocasión, hasta cuando la gente tiene encima el problema es que quiere resolverlo, y recordó que, cuando ocurrió la explosión en Plátano y Cacao, nosotros la apoyamos y les dijimos que había que unirnos para lograr resolver el problema de fondo, pero vino el gobierno y les dio 2 mil pesos a cada afectado y desbarató la organización En ese entonces Codehutab estaba luchando por la reubicación, para evitar nuevos riesgos de muerte y pérdidas, y esa actitud de la gente fue “cobarde, de comodidad, de conveniencia, como diciendo para qué me molesto; están acostumbrados a eso”, expresó cuando se le preguntó su opinión de los tabasqueños”.

 Antes, en un día previo a su salida del estado para ir a radicar a Torreón, Coahuila, Goitia Prieto había declarado a este diario, que “Tabasco es un pueblo de cobardes” porque frente a gobiernos corruptos y violadores de los derechos humanos no se organiza, ni defiende y exige para su cumplimiento. Al principio del diálogo, preguntamos a Goitia Prieto datos de su origen, su porte y rasgos de su rostro, revelaban su origen español, y en efecto, nació en Madrid en 1934, de padre hispano y madre mexicana, por lo que conservaba doble nacionalidad, según dijo. Contrariamente a lo que muchos pensarían, la presencia de la familia de Francisco Goitia en México no fue por persecución del gobierno español franquista, pero su éxodo a este país, si tuvo que ver con la Guerra Civil entre 1936 y 1939, según nos contó. Su padre, Baldomero Díaz, emigró a México desde muy joven –tenía entre 12 y 13 añosatraído por la ilusión de una América en pleno desarrollo y aquí conoció a la que sería su esposa María Prieto Aguilar con la que procreo doce hijos.

“Cuando mi padre -un simple empleado, que no se cómo logró sacarnos adelante- iba a la mitad de los hijos, decidió regresar a su tierra y fue cuando ocurrió la Guerra Civil, del 36 al 39, y perdió lo poco que tenía y ya con doce hijos” Vivir esa guerra fue muy duro, expresó, pero más salir de España con una familia de doce hijos sin recursos y llegar a México a comenzar de nuevo. -Eso significa que usted y su familia no fueron de los refugiados españoles que vinieron en barco huyendo del gobierno de Francisco Franco. No, no fuimos de los que llegaron a Morelia en 1941, incluso mis padres eran franquistas; es decir, mi padre no se vino porque lo echaran de España sino por necesidad. Llegamos a la casa de mi abuelita en el Distrito Federal, la mamá de mi madre que era mexicana y ahí vivimos dos años. Primero ingrese a la escuela América, en donde los profesores habían sido maristas y muy buenos educadores y nuestro nuevo domicilio se encontraba cerca de una iglesia de jesuitas, Nuestra Señora de la Paz en la calle Enrico Martínez, a donde acudía al catecismo y luego fui acólito. Cuando termine la primaria, me hablaron de la posibilidad de entrar a una escuela de esa orden religiosa para estudiar el bachillerato. Mis padres no tenían dinero pero me consiguieron una beca, ya en el segundo año de secundaria empecé a sentir vocación por el sacerdocio. Mi madre era muy religiosa y mi padre no había logrado ninguna preparación, pero fue un hombre que me enseñó el valor de la honradez, la puntualidad y el compromiso. Después sentí deseos de seguir la carrera de jesuita y al poco tiempo le dije a mi papa que quería entrar a una escuela apostólica y en agosto de 1949 agosto, cuando tenía 15 años y medio, me admitieron en la Compañía de Jesús. Francisco Goitia se congratuló en ese momento de que en agosto del 2009 cumpliría 50 años de haber entrado a la Compañía de Jesús. Dos años de noviciado, luego cuatro años de estudios en letras, latín griego, literatura latina y griega, de redacción y oratoria, todo eso. Después estudié ciencias, dijo, tres años de filosofía escolástica, luego fui profesor en el Instituto Patria, en donde había muchos hijos de españoles, incluyendo a los de los dueños de la Cervecería Modelo. Luego ya me dieron el pase para cursar Teología y volví a México y me ordené sacerdote en 1965, el 30 de octubre del 65, en el Instituto Libre de Filosofía, estudié 16 años para ordenarme, mencionó. Después de ordenarme fui a los Estados Unidos para practicar el inglés, mi inquietud eran las ciencias, las matemáticas, cuando regresé de Norteamérica, me pusieron de administrador, luego fui a Medellín, Colombia, como broche final de mi carrera de jesuíta. También me mandaron a Roma, ahí estuve solo un año y luego a un seminario en Moctezuma, Nuevo México, Estados Unidos, para la formación de sacerdotes diocesanos, no jesuitas; ya en territorio nacional estuve unos años en Tula; Hidalgo. Luego me mandaron al istmo de Tehuantepec, a San Francisco Ixhuatán, como tres años, tuvimos problemas con el PRI, así que me mandaron a Nayarit por un año, y de ahí a Tabasco donde pasé 15 años. Fue en Ixhuatan en donde comencé a trabajar con la gente para tratar de concientizarla, pero los priístas desbarataban todo. Cuando llegue a la comunidad jesuita en Plátano y Cacao, ahí estaba German Estrada, un joven que estaba estudiando para jesuita, pero todavía no era sacerdote, pero que ya había empezado a organizar a la gente, él promovió la creación del Comité de Derechos Humanos de Tabasco, mencionó Goitia Prieto. Cuando llegue a la comunidad jesuíta en Plátano y Cacao – el ERIT- ahí estaba Germán Estrada, un joven que estaba estudiando para jesuita, pero todavía no era sacerdote, pero que ya había empezado a organizar a la gente, él promovió la creación del Comité de Derechos Humanos de Tabasco. Fue en Plátano y Cacao que un grupo de personas me pidió que yo le entrara a lo de derechos humanos, no sabía absolutamente nada, recordaba el sacerdote. Había varias personas que estaban interesadas, gente de la parroquia de San José y Los Remedios, el abogado Javier Núñez fue el primero que se ofreció a darnos cursos, luego nos dimos cuenta que era necesario dar cursos sobre derechos humanos y cómo defenderlos. Para darnos a conocer recurrimos primero a la venta de artesanías y libros, luego aprovechando espacios como la feria de Tabasco y asistiendo a encuentros con las organizaciones que formaban la Red de Derechos Humanos Todos los Derechos para Todas y Todos.(Continuará).
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