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La Verdad del Sureste

PRELUDIO DE UNA CRISIS


No me puedo dar el lujo de decir que soy un prestidigitador, puesto que muchos economistas se las dan de adivinadores y normalmente fracasan; pero no ser prestidigitador o nigromante, como no lo soy, no me impide señalarle a mis amables y pacientes lectores los elementos que permiten anticipar la probabilidad de una crisis. Obraré, entonces, con base en la ley de las probabilidades, para lo cual pondré un ejemplo sencillo que nos ayude a ver que existe la probabilidad de una crisis, pero que ello no quiere decir que vaya a suceder.
    Veamos. En la teoría clásica de la probabilidad, el lanzamiento de una moneda que no esté cargada nos es útil. Sabemos, o es fácil de entender que, con base en los axiomas de Kolmogorov, la suma de las probabilidades de los elementos del espacio muestral es uno, en este caso, la moneda al lanzarla, si cae águila tiene una probabilidad del 50 por ciento o de un medio; si cae sol, una probabilidad del 50 por ciento otro medio; en otras palabras, nuestra probabilidad queda agotada: 100 por ciento o uno en los dos posibles resultados. Sin embargo, qué pasa si se lanza una moneda y cae parada, es decir, de canto. Como la probabilidad queda agotada en el lanzamiento para águila o sol, es evidente que la probabilidad de que la moneda caiga de canto es igual a cero, ya no le queda probabilidad; no obstante, si lanzamos la moneda en un banco de arena, cabe la posibilidad (que no probabilidad) de que caiga parada, es decir, de canto, de lo cual se deduce que hay eventos que teniendo probabilidad cero pueden acontecer, como hay eventos que, teniendo probabilidad positiva, pueden no suceder. Así, el anuncio de la crisis puede suceder, tiene probabilidad positiva de que suceda, pero ello no significa que vaya a suceder.
Veamos. Marx, en su obra cumbre y genial, El Capital, señala: “El curso vital característico de la industria moderna, la forma de un ciclo decenal interrumpido por oscilaciones menores de períodos de animación media, producción a toda marcha, crisis y estancamiento…” Así, la historia de las crisis en nuestro país de los setenta a la fecha nace con la crisis de 1976, la de 1982, la de 1987, la de 1994, la de 2001 y 2008, de manera que estamos en la puerta de la crisis de 2018. Diez años, más menos, como predijo Marx.
Daremos, entonces, algunos indicios de la crisis. En primer lugar, el alza del precio de los combustibles fue una de las principales causas de la crisis de 2008, en tanto que encarecieron el precio de las gasolinas y, por lo mismo, golpearon fuertemente la economía de las familias norteamericanas y de México. El precio del famoso petróleo West Texas International, (WTI) subió un 12.13 por ciento al estar cerca de 54 dólares por barril y cerrar el año en 60.16 dólares, a la fecha está en 63.73 dólares por barril. En la cotización Brent, del Mar del Norte, el incremento fue del 17.12 por ciento, al pasar de 55 a 66.42 dólares por barril al cierre del 2017. Hoy se encuentra en 67 dólares por barril. En ambos casos, a la fecha, vemos una ligera tendencia al alza. Primer factor de crisis. En el 2008, los norteamericanos decían que si la gasolina subía a un dólar por litro no podrían sostener su situación económica. Hoy en México, en la zona centro, la gasolina Premium cuesta 19.44 pesos por litro, en términos de dólares, 1.03 dólares por litro. Situación peor que en aquel entonces.
    En segundo lugar, en relación con el tema de los alimentos, el índice de precios de la FAO de 2007 a 2008 se incrementó en un 40 por ciento. Ese mismo índice de 2016 a 2017 se incrementó en un 13.1 por ciento, lo cual es otro síntoma inequívoco del proceso de desarrollo de la inflación y, por ende, de la crisis. Al incrementarse el precio de los alimentos (específicamente el índice de precios de los lácteos subió un 48.4 por ciento y el de los cárnicos un 14 por ciento). El alza de alimentos tiene un efecto directo en el salario real de los trabajadores, pues el aumento de precios de los productos genera una pérdida de su capacidad adquisitiva. La inflación ha alcanzado niveles que no se veían hace mucho tiempo y es un reflejo de la combinación de dos fenómenos: el aumento de los precios de los combustibles y el aumento del precio de los alimentos. La inflación anual es ahora del 6.77 por ciento, cuando ya estaba por debajo de la barrera del cuatro por ciento.
    Finalmente, otro elemento que nos advierte el estado de crisis son los índices de la actividad económica de las bolsas de valores que, cuando caen, reflejan un retroceso de las inversiones o de las ganancias de los capitalistas que derivan luego en afectaciones en la economía llamada real que termina por reducir el empleo y con ello contribuye a dejar en el desamparo a los trabajadores que viven de vender lo único que poseen, que es su fuerza de trabajo. Uno de los indicadores más famosos es el Dow Jones, que observó una baja superior a los mil puntos, lo cual no se había visto antes en la historia del indicador, un descenso del 4.6 por ciento en solo un día. La economía mexicana está ligada irremediablemente a la norteamericana; cuando Estados Unidos estornuda, a México le da pulmonía, como dijo Agustín Carstens; en México, el indicador que mide la “salud” de la economía financiera es el Índice de Precios y Cotizaciones (IPC), que bajó 2.92 por ciento como consecuencia de este “lunes negro” de Wall Street. La noticia de 2008 que nos habla de la caída del Dow Jones es la siguiente: “Wall Street cierra una jornada negra con una baja del 6.98 por ciento y una pérdida de 777.68 puntos”.
    Como se ve, los indicios de la crisis están tocando la puerta de la economía norteamericana y por lo tanto de la mexicana. La probabilidad es positiva y la posibilidad, alta. Esperemos que no se cumpla la sentencia decenal de Marx, pues quienes más sufren con cada crisis son los trabajadores del mundo; pero si llegara a ser el caso, también Marx contribuye y propone la solución a las crisis: que los trabajadores del mundo se organicen y que el interés privado deje de ser el que gobierne la distribución de la riqueza; que triunfe el interés de los trabajadores a favor de todos. Esa sociedad es posible, aunque nos hayan manipulado toda la vida haciéndonos creer que no lo es y que no tiene caso luchar por ella. La crisis es una campanada más para el despertar de los trabajadores del mundo para construir un mundo mejor.

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