Reforma laboral se enfrenta al viejo sindicalismo “charro”
Ciudad de México.- La llegada de López Obrador a la presidencia prendió las alertas en el viejo sindicalismo mexicano. Algunos líderes creyeron llegado el momento del retiro, dado que además del cambio de vientos en el poder presidencial, entró en vigor un nuevo modelo de justicia laboral encaminado a garantizar la libertad sindical y la transparencia en el siempre opaco mundo de la contratación colectiva.
Con excepción de los retiros adelantados de Juan Díaz de la Torre y de Carlos Romero Deschamps, el escenario se movió muy poco. Ambos líderes (magisterio y petroleros), dejaron a todos los suyos en las estructuras sindicales y el resto de los dirigentes se mantuvieron en sus cargos, al frente de los cuales, en muchos casos, acumulan décadas.
En diciembre de 2018, como preámbulo, la CTM y la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC), fueron expulsadas de la Central Sindical Internacional (CSI).
“Dichas organizaciones corporativas”, se leyó en la resolución, “continúan realizando acciones contrarias a los principios y valores de los trabajadores y en consecuencia de la CSI”.
Ambas organizaciones fueron acusadas, en la reunión celebrada en Copenhague, Dinamarca, de promover los contratos de protección patronal, así como de atentar contra la libertad y democracia sindical.
La resolución de una de las agrupaciones internacionales más importantes no preocupó en lo más mínimo a la cúpula del sindicalismo charro.
El año siguiente, tras la aprobación de la reforma laboral, sindicatos de la CTM promovieron alrededor de 500 juicios de amparo contra distintos tópicos de la nueva legislación.
Los cetemistas impugnaron tres decenas de artículos, especialmente los relativos al voto personal, libre, directo y secreto en la renovación de las directivas sindicales.
La palabra que más preocupaba a la cúpula cetemista era “directo”, pues ya habían ideado la forma de dar la vuelta a la elección democrática de dirigentes por la vía indirecta, y siempre más manipulable, de asambleas de delegados.
Con excepción de los retiros adelantados de Juan Díaz de la Torre y de Carlos Romero Deschamps, el escenario se movió muy poco. Ambos líderes (magisterio y petroleros), dejaron a todos los suyos en las estructuras sindicales y el resto de los dirigentes se mantuvieron en sus cargos, al frente de los cuales, en muchos casos, acumulan décadas.
En diciembre de 2018, como preámbulo, la CTM y la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC), fueron expulsadas de la Central Sindical Internacional (CSI).
“Dichas organizaciones corporativas”, se leyó en la resolución, “continúan realizando acciones contrarias a los principios y valores de los trabajadores y en consecuencia de la CSI”.
Ambas organizaciones fueron acusadas, en la reunión celebrada en Copenhague, Dinamarca, de promover los contratos de protección patronal, así como de atentar contra la libertad y democracia sindical.
La resolución de una de las agrupaciones internacionales más importantes no preocupó en lo más mínimo a la cúpula del sindicalismo charro.
El año siguiente, tras la aprobación de la reforma laboral, sindicatos de la CTM promovieron alrededor de 500 juicios de amparo contra distintos tópicos de la nueva legislación.
Los cetemistas impugnaron tres decenas de artículos, especialmente los relativos al voto personal, libre, directo y secreto en la renovación de las directivas sindicales.
La palabra que más preocupaba a la cúpula cetemista era “directo”, pues ya habían ideado la forma de dar la vuelta a la elección democrática de dirigentes por la vía indirecta, y siempre más manipulable, de asambleas de delegados.