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La Verdad del Sureste

Ser explotado parece un privilegio



La ideología tirada por la puerta del boom neoliberal, regresa por la ventana de la crisis. Después de la caída del socialismo real se nos decía que ya vivíamos libres de las ilusiones ideológicas, cuando en realidad estábamos sumergidos en otra ideología que cubría el brutal avance del capital. El nombre de esta ideología: el fin de la historia.
    Slavoj Zizek, tratando de levantar el telón de la ideología, desafió su interpretación marxista (falsa conciencia), viéndola como algo inconsciente grabado en la misma realidad: No sabemos lo que hacemos, pero lo hacemos. Hoy, analizando los acontecimientos  alrededor de la crisis (OWS, Primavera árabe, los indignados), subraya que el objetivo de la ideología era neutralizar la dimensión de estos hechos, sintomáticos para las nuevas tendencias en el capitalismo: el paso de la ganancia a la renta, la conformación de una burguesía asalariada y el papel más central del desempleo donde ser explotado parece un privilegio (The year of dreaming dangerously, 2012).        La ideología en acción: las políticas anti-crisis según los mismos dogmas responsables por su estallido y que al resultar contraproducentes –no traen crecimiento, ni empleos– siguen siendo implementadas (para Zizek esto es incluso un cinismo postideológico: sabemos lo que hacemos y lo seguimos haciendo). Hay otras cegueras: algunos critican las falsas premisas de austeridad, pero ignoran su verdadero objetivo: bajar los costos de trabajo y restablecer la tasa de la ganancia mediante la destrucción del capital muerto y vivo (la renta es importante, pero la ganancia, fundamental).
    Privilegiando los mercados financieros la ideología encubre los efectos letales de mala economía. Según The Lancet, los recortes y el desempleo (en la eurozona ya de 12.5 por ciento, entre los jóvenes de 24.4; en España de 27 y 57 por ciento, respectivamente) son directamente responsables por el aumento de enfermedades (en Grecia la mortalidad infantil aumentó 40 por ciento), depresión y suicidios.
    Emile Durkheim en su clásico de 1897 (Suicide. A study in sociology, 1979), distingue cuatro tipos de suicidio: a) egoísta b) altruista c) fatalista y d) anómico, frecuente en épocas de crisis: desaparecen los viejos reguladores y no aparecen los nuevos; la disparidad entre necesidades y medios para satisfacerlos provoca la desesperación. Para él, el suicidio no es algo individual, sino profundamente social y debe ser abordado desde la sociedad (su integración y regulación moral). Aunque en España las redes familiares y otros reguladores suavizaron el impacto de la crisis, la tasa de suicidios subió. Los desahucios por deudas hipotecarias (casi medio millón desde 2008) ya llevaron a 15 personas a quitarse la vida. Maciek Wisniewski  - Periodista polaco. Te puedes documentar e informar en nuestra página www.cnee-sur.net y enviar tus comentarios y colaboraciones a: [email protected] ó [email protected]

 

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