SOCIEDAD EN EL TRÓPICO.
Villahermosa, Tabasco a 11 de julio de 2019. Escribía el ahora presidente Andrés Manuel López Obrador sobre El Poder en el Trópico, título de uno de sus últimos libros como candidato de oposición, que: “En Tabasco la naturaleza tiene un papel relevante en el ejercicio del poder público. En consonancia con nuestro medio, los tabasqueños no sabemos disimular. Aquí todo aflora y se sale de cauce. En esta porción del territorio nacional, la más tropical de México, los ríos se desbordan, el cielo es proclive a la tempestad, los verdes se amotinan y el calor de la primavera o la ardiente canícula enciende las pasiones y brota con facilidad la ruda franqueza”.
Las palabras de Andrés Manuel pueden ser interpretadas y deben ser interpretadas no solo como atribuibles al poder público, si no a la sociedad en su conjunto. En cada resquicio de cotidianidad tabasqueña, los verdes amotinados, los cauces desbordados, los afloramientos, y la ruda franqueza son la constante. Los apasionamientos son de naturaleza cálida húmeda.
Cada acontecimiento social es proclive a la tempestad. Al amotinamiento de los paisanos en torno al conflicto convocante, y a la ruda exigencia de su pronta solución.
Lo vemos, como si fuera parte de nuestra misma vegetación circundante, en las calles que se toman un día sí y el otro también. Tanto en los bloqueos de vialidades que asfixian tráficos y amotinan más lo ya amotinado, y desquician y desbordan el cauce de la tranquilidad, como en la toma de instalaciones, ruda respuesta tropical, para llevar al plano de la exigencia las más variadas solicitudes: suministro de agua, pavimentación, pago de salarios o pensiones, exigir la renuncia de algún maestro o director escolar, evitar que despidan a algún maestro o director escolar, etc. Para lo uno y para lo contrario. Amotinados, revueltos y pasionales.
Pero lo vemos también en el arrebato rudo y franco, en esa valentía corpórea acompañada de reminiscencias de culturas ancestrales: nuestra calidad de ponerle el pecho a las balas, dar la cara y e invocar públicamente toda la estridencia de nuestro lenguaje de eses fugitivas y rauda pronunciación, de respiración llevada al límite de la eficiencia, hacemos gala de la más diversa retahíla de regionalismos de guerra, esos usados para ofender al extraño y envalentonar al propio; los del vocabulario florido y abundante como selva.
Somos unos y otros, como protagonistas o terceros involucrados, o como simples espectadores, víctimas del verde arrebato de la sociedad tabasqueña, del caudal de emociones desbordantes, a veces infundado, visceral, desafortunado, rídiculo y vergonzoso, censurable e inaceptable; pero otras, una verdadera y a veces única y franca solución tropical.
Twitter: @MartinezBriceno