URDIMBRES Y TEXTURAS
LA EDUCACIÓN SIN TECNOLOGÍA: SILICON VALLEY.
Digitalizar, introducir tecnología a través de tabletas, pantallas móviles, celulares inteligentes, y pizarrones digitales no es indicio de modernidad en un colegio privado en Palo Alto, California, sede de Silicon Valley. Han decidido retornar a los salones sin pantallas, los mensajes no se imprimen, todo es hecho a mano, incluidos los horarios de las jornadas escolares, los proyectos y las tareas. Los líderes de las grandes firmas tecnológicas se han decidido por no darles ni celulares ni tabletas a sus hijos, hasta alcanzar cierta edad. El motivo? Están convencidos que la tecnología puede afectar a sus hijos haciéndolos irreflexivos, que tengan retrasos en su aprendizaje o incluso que tengan ausencia de sueño.
Todo lo que uno podría encontrar en Silicon Valley es la venta de lo último en tecnología, pero lo que menos se espera es una escuela que no está digitalizada, y que retorna al uso de papel y lápiz para hacer cuentas, escribir composiciones, o bien dibujar. Los docentes escriben en la pizarra con gises de colores, y todos los mensajes en el salón están elaborados en papel y crayón, o bien lápices de colores. Los procesos matemáticos se llevan a cabo con lápiz, papel y razonamiento.
“No creemos en la caja negra, esa idea de que metes algo en una máquina y sale un resultado sin que se comprenda lo que pasa dentro. Si haces un círculo perfecto con un ordenador, pierdes al ser humano tratando de lograr esa perfección. Lo que detona el aprendizaje es la emoción, y son los humanos los que producen esa emoción, no las máquinas. La creatividad es algo esencialmente humano. Si le pones una pantalla a un niño pequeño limitas sus habilidades motoras, su tendencia a expandirse, su capacidad de concentración. No hay muchas certezas en todo esto. Tendremos las respuestas en 15 años, cuando estos niños sean adultos. ¿Pero queremos asumir el riesgo?”, esto comenta Pierre Laurent, padre de tres hijos, ingeniero informático que trabajó en Microsoft, Intel y diversas startups, y ahora preside el patronato del colegio “Waldorf of Peninsula”, colegio privado que está implementando un aprendizaje que esté más cercano al descubrimiento de las habilidades humanas, el conocimiento, y apuesta por entregarle una Tablet a un muchacho de quince años, formado como dice Laurent, en la noción de que “el conocimiento es emoción”.
La escuela se encuentra enclavada en Silicon Valley y asisten hijos de funcionarios de Apple, google y otros emporios de la tecnología, que han tomado como consenso tener alejados a sus hijos de la tecnología móvil y las aplicaciones, argumentan que la educación temprana basada en pantallas es limitante, además de correr el riesgo de adicción a ella.
Contradictorio en un mundo que se mueve al ritmo de la tecnología digital, pero se entiende desde la preocupación, que como padres con posibilidades de vislumbrar el futuro, buscan mejorar el panorama para sus familias. El contexto tecnológico que entra a la escuela queda entonces en cuestionamiento después de leer semejante información, nos lleva a preguntarnos si realmente equipar el aula escolar con lo último en tecnología es necesario.
O simplemente como reporta el informe de Una investigación publicada en enero de este año en la revista médica JAMA pediatrics reveló que un tiempo mayor ante la pantalla a los dos y tres años está asociado con retrasos de los niños en alcanzar hitos de desarrollo dos años después. Otros estudios relacionan el uso excesivo de móviles en adolescentes con la falta de sueño, el riesgo de depresión y hasta de suicidios.( elpais.com)
¿Dónde queda entonces la llamada modernidad?, la que nos da las herramientas para aspirar a una mejor calidad de vida en el futuro, el detalle es que el futuro es mañana, siempre mañana. Creo que la queja de que hacen falta computadoras en las escuelas se empezará a cuestionar, pues, como atinadamente observan, el conocimiento es un proceso interno, que todo ser humano construye a partir de las impresiones que reciben los sentidos, y el proceso creativo es personal. El acceso a una Tablet de los estudiantes del Waldorf College, lo tienen a partir de los 15 años, mientras no. Establecen el llamado andamiaje para estudiar y aprender, antes de ponerles tecnologías. Eso es asumir el tipo de educación que se necesita, una responsabilidad que dará, sin duda, resultados interesantes.
Como país nos falta definir esa parte, y mientras sigan en esa lucha, por mantener cotos de poder al interior de los sindicatos de la educación, y de la misma SEP, la esperanza de desarrollar una conciencia a partir de la educación, es factible que lleve más tiempo.
El sexenio de Andrés Manuel López Obrador, es sólo una pauta para la mejora del país, es una especie de diagnóstico de lo que está mal, viene a perfilar y diseñar estrategias para mejorar en un lapso de diez a veinte años aproximadamente, porque mientras el desarrollo de la conciencia a partir de la educación, no se consolide, todo seguirá igual. La columna vertebral para que este país se ponga de pie radica en el desarrollo educativo. Planes y programas de desarrollo en las secretarias, salen sobrando si el que está a la cabeza es un tremendo corrupto, el dinosaurio seguirá caminando en la burocracia. Ser visionario también es un grado de conciencia que se aprende a desarrollar. Veremos.