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La Verdad del Sureste

URDIMBRES Y TEXTURAS

EL AÑO DE ZAPATA, LA MEMORIA PRESENTE.


El año de Zapata no sólo es un simbolismo, que acuña en su interior las intenciones de un gobierno por  retornar a la historia, sobre todo, que las personas no olviden el pasado, es también de alguna manera,  la muestra de  cómo eran los hombres que escribieron los hechos en el contexto revolucionario. Zapata es el inolvidable símbolo de que en política, a partir de la revolución mexicana, nos enseñó otra forma de organización individual y colectiva que nació para perpetuarse durante mucho tiempo en México.
    Emiliano Zapata es una constante en nuestro país, nombrar el año dos mil diecinueve como el año de Zapata es un símbolo profundo que delinea cómo se ha fraguado la política en México a partir del movimiento revolucionario. El lejano y presente Emiliano Zapata es una cuota pendiente, vinculada estrechamente con el acto de justicia que abraza no sólo el movimiento que encabezó, sino también su persona. Los objetivos que le llevaron a sumarse a la  revolución son vigentes hasta la fecha. Héctor Aguilar Camín, en un texto titulado “Womack regresa a Zapata” publicado en la revista Nexos, nos remite a una serie de reflexiones sobre el caudillo del sur, a partir del análisis del investigador John Womack.
    Es un texto que acuña esos procesos que en ocasiones los investigadores pueden toparse en el ámbito de las ciencias sociales, la extensión del trabajo de Womack  fija la mirada en el mestizaje en México, y la mezcla de razas que se suscitó y prevaleció de manera diluida en nuestro país, un poco por la indiferencia hacia los grupos de razas que se establecieron, así como, la forma en que convivieron unidas dentro de la vida cotidiana como un hecho, que no se podía ignorar, pero se olvidó. Habla de los mulatos José María Morelos, y de Vicente Guerrero, y de cómo ya con anterioridad otros historiadores referían la fuerza de la sangre mezclada de indio, español y negro.
    Retomo la cita de Aguilar Camín en el texto:  “Lo que hizo que aquellas revueltas salieran de sus fronteras locales y se generalizaran, sigue Womack, no fue el afluente indígena, sino el africano. Cito: “Desde los cimarrones, emigrantes y refugiados que salieron de los valles de Cuautla, Yautepec y Tetecala para hacerse de un lugar a lo largo del Balsas, hasta los pintos de la Costa Grande que siguieron al mulato José María Morelos y luego al mulato Vicente Guerrero durante la guerra de Independencia, y más adelante a Juan Álvarez en contra de los hacendados azucareros de Morelos, y luego los vengadores de Chiconcuac San Vicente en 1856, pasando por sus nietos, hasta llegar a las fuerzas revolucionarias de Tlaltizapán y Tlaquiltenango en 1911, todos estos mestizo-mulato-moreno-pardo-chino-zam-bahigo-zambo-cafres fueron el auténtico núcleo y la fuerza viva de la desafiante, expansiva y explosiva rebeldía específicamente sureña”.  
    Nombrar este año como el de Zapata, retorna a pensar en la lucha que el caudillo encabezó, y que su fuerte mirada no se pierde en el tiempo, es un constante reclamo que inquiere desde el pasado, que el derecho al agua, la tierra, y los derechos campesinos, deben colocare en el centro de las negociaciones de cualquier política y acuerdo social que quiera hacerse. Por otro lado, su asesinato siempre recuerda el tipo de componenda política que se jugó en éstas últimas décadas: la de la traición al país. Esa costra espesa que el actual presidente busca raspar, la de los continuadores de esa traición, va llevar mucho esfuerzo remover, y al mismo tiempo, cumplir con sus promesas de campaña. El emblemático Zapata que grita fuerte, muchas son las situaciones a solucionar y que insisto, como siempre, juntos debemos impulsar ese cambio que tanto queremos ver, y esa costra de políticos, empresarios, no todos,  y gente no grata, sigue aferrada como buen cochambre, al rejuego para sacar la mejor parte, ahí queda pues la memoria constante en este año emblema que es Zapata para lidiar con intereses, locales, nacionales y extranjeros, por dividirse a conveniencia a este país.
    “… todos estos mestizo-mulato-moreno-pardo-chino-zam-bahigo-zambo-cafres fueron el auténtico núcleo y la fuerza viva de la desafiante, expansiva y explosiva rebeldía específicamente sureña”, la misma que no debe perderse de vista, conviven en un mismo espacio a modo de locos, y de “dimensión desconocida” en el horroroso diario vivir de un país, hecho pedazos que algunos insisten, en seguir sometiendo bajo el puño de lo que conviene a unos pocos, mientras el resto sobrevive a como puede. El año de Zapata es un intenso recordatorio de sus demandas, de ese quince por ciento que dicen de raza negra tenía,  del precio de su muerte, y de abrazar su memoria para salvarnos. Su fuerza prevalece.   
 

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