URDIMBRES Y TEXTURAS
Käntepec: el origen de mi comida
El martes 14 de mayo, se inauguró la expo fotográfica “Käntepec: el origen de mi comida”, en el museo de Historia “Casa de los Azulejos”, en el marco del día internacional de los museos. Una oportunidad que se nos brindó a Jesús Manuel Hernández y a mí para hablar de nuestro proyecto gastronómico, que nos llevó a caminar por los municipios de Centla, Comalcalco y Nacajuca. Las visitas se volvieron esporádicas debido a nuestras actividades, pero continuamos programando nuestra agenda.
Pocas puertas se abrieron para un proyecto que implica fotografiar comida, porque era comida, y como alguien nos dijo “quien quiere ver comida fotografiada” y encima porque era comida de pueblo. Hubo personas que nos otorgaron su apoyo como el Dr. Raúl López de Antes, que con su aprecio por el pueblo de Tabasco, hizo posible la impresión de 21 fotografías que retrataron la comida que efectivamente, narra visualmente los recuerdos de las personas que nos permitieron retratar su entorno. Él no sabe que eso nos impulsó más, y aunque de alguna manera, buscó apoyo para exponer la muestra, y los espacios fueron negados, insistimos por nuestra cuenta, siempre teniendo presente su apoyo y aprecio, que llevamos con nosotros como un firme pilar donde apoyarnos moralmente.
En 2017 Käntepec fue recibido en la Galería de Arte MDC que dirige la Maestra Sara Alicia Priego, y que nos permitió el espacio para colgar nuestra visión de un Tabasco que en aquel entonces nadie quería ver, y que ella tuvo el tino de invitar personas que pudieran apreciar lo que hicimos, puesto que no somos fotógrafos profesionales, pero amamos a nuestro Estado, y lo que su cultura implica, tuvo a bien, darle un lugar en su galería. Nos acompañaron nuestras respectivas familias, y siempre presente los amigos, que nos otorgaron su aprecio y apoyo: Víctor Manuel, José Alfonso, Wilbert, y muchos más que no anoto para no quedar a deber un nombre. Posteriormente, Käntepec fue recibido en el Hotel Viva Villahermosa, por el ing. José Alfonso Valdivia, quien valoró gratamente las improntas que presentamos, y también agradecimos el tiempo que estuvo en el lobby.
Cada exhibición de la muestra nos ha dejado experiencias de vida, observaciones de quienes asisten, y por supuesto, las preguntas que siempre agregan más formas de mirar nuestro trabajo, ayer no fue la excepción.
En el museo de historia «Casa de los Azulejos» le dedicaron paciencia en el montaje, lo cual agradecimos mucho, pues nos hicieron ver su aprecio hacia el proyecto. Cada vez que hablamos o escribimos de la exposición nos preocupa mucho que el mensaje quede claro, y que no caiga en el puro estilo nostálgico del pasado, nos importa que al observar las fotografías generen una reflexión respecto a la importancia de la cultura en Tabasco, de su identidad, y se despierte el interés por la cultura culinaria, que ha pasado por transiciones en relación a la vida económica del Estado y los municipios.
Pero sobre todo nos importa que observen el orden de nuestro interés: paisajes, composta, ingredientes, personas, y por supuesto comida. Fue difícil elegir qué imprimir, qué poner primero, porque al final de cuentas, queríamos contarles que prevalece una gastronomía que se pone a prueba con las carencias, y que el tabasqueño puede habérselas con el habitus, ha adaptado la ausencia de proteínas, por semillas, combinando en sus tamales, rellenos con verduras, y la constante en su vida diaria: la milpa milenaria, que acompaña al mexicano, compuesta por frijol, maíz, calabaza, chayotes. Quizá el optimismo en la comida tradicional a veces no se recibe con mucho convencimiento, porque esperan cifras alarmantes, estadísticas que es posible que los sectores de economía y salud tengan relativamente más ubicadas, pero lo que sí constatamos es que, comer en el campo implica comer lo que hay, y es variado, porque algunas personas aún conservan sus economías de traspatio, continúan sembrando, y criando gallinas, patos, pollos, cerdos.
Estamos en un tiempo en el que se come con lo que hay y lo que se puede comprar, desde el ámbito del metabolismo social, nos guiamos por la disponibilidad y la accesibilidad, antes que por el contenido nutricional. Por eso, dejar una impronta de quienes aún pueden comer de manera sostenible es necesario, pues marca un referente.
El público asistente fue participativo, y dejó saber su interés en conocer pautas para tener autonomía alimentaria, misma que inicia con la decisión de dónde comer y qué, crear hábitos alimenticios que destronen nuestro arraigado apego a los productos industrializados, y den paso a la libertad de elección por una comida más sana, que aporte nutrición al cuerpo.
Los valores que prevalecen en las comunidades obedecen a un territorio habitable, que conserva características que aportan a sus habitantes cohesión y significación social. Algo tan adentrado en estas generaciones, que registran el sabor en sus papilas gustativas, aún sanas, es que no tienen la huella del sabor industrializado, aunque ha entrado fuerte la venta de gaseosas, no desplaza completamente el consumo de pozol, agua de matalí, naranjada y limonada. Por eso me atreví a decir que el tabasqueño es un privilegiado, porque tiene casi todo el año, acceso a naranjas, limones, papayas, piñas, zacate limón, matalí, todos productos de un precio aceptable. Pero fundamental vigilar el origen de esos alimentos.
El proyecto no tiene una conclusión hasta ahora, porque los registros pueden sufrir cambios, debido al constante movimiento que significa la comida, las personas, y sus hábitos. Käntepec, dios de la cosmovisión chontal, de la fertilidad, de los animalitos, de la siembra, mira con mucha paciencia desde el mítico lugar conocido como “El Bosque”, esa realidad alterna que le permite su existencia, en la memoria del tiempo, y de los ancestros, ¿cuál es el reloj ambiental para Tabasco? Porque al final de cuentas, el origen de mi comida, es el campo, el dios Käntepec que tiene el tiempo como aliado.
Pocas puertas se abrieron para un proyecto que implica fotografiar comida, porque era comida, y como alguien nos dijo “quien quiere ver comida fotografiada” y encima porque era comida de pueblo. Hubo personas que nos otorgaron su apoyo como el Dr. Raúl López de Antes, que con su aprecio por el pueblo de Tabasco, hizo posible la impresión de 21 fotografías que retrataron la comida que efectivamente, narra visualmente los recuerdos de las personas que nos permitieron retratar su entorno. Él no sabe que eso nos impulsó más, y aunque de alguna manera, buscó apoyo para exponer la muestra, y los espacios fueron negados, insistimos por nuestra cuenta, siempre teniendo presente su apoyo y aprecio, que llevamos con nosotros como un firme pilar donde apoyarnos moralmente.
En 2017 Käntepec fue recibido en la Galería de Arte MDC que dirige la Maestra Sara Alicia Priego, y que nos permitió el espacio para colgar nuestra visión de un Tabasco que en aquel entonces nadie quería ver, y que ella tuvo el tino de invitar personas que pudieran apreciar lo que hicimos, puesto que no somos fotógrafos profesionales, pero amamos a nuestro Estado, y lo que su cultura implica, tuvo a bien, darle un lugar en su galería. Nos acompañaron nuestras respectivas familias, y siempre presente los amigos, que nos otorgaron su aprecio y apoyo: Víctor Manuel, José Alfonso, Wilbert, y muchos más que no anoto para no quedar a deber un nombre. Posteriormente, Käntepec fue recibido en el Hotel Viva Villahermosa, por el ing. José Alfonso Valdivia, quien valoró gratamente las improntas que presentamos, y también agradecimos el tiempo que estuvo en el lobby.
Cada exhibición de la muestra nos ha dejado experiencias de vida, observaciones de quienes asisten, y por supuesto, las preguntas que siempre agregan más formas de mirar nuestro trabajo, ayer no fue la excepción.
En el museo de historia «Casa de los Azulejos» le dedicaron paciencia en el montaje, lo cual agradecimos mucho, pues nos hicieron ver su aprecio hacia el proyecto. Cada vez que hablamos o escribimos de la exposición nos preocupa mucho que el mensaje quede claro, y que no caiga en el puro estilo nostálgico del pasado, nos importa que al observar las fotografías generen una reflexión respecto a la importancia de la cultura en Tabasco, de su identidad, y se despierte el interés por la cultura culinaria, que ha pasado por transiciones en relación a la vida económica del Estado y los municipios.
Pero sobre todo nos importa que observen el orden de nuestro interés: paisajes, composta, ingredientes, personas, y por supuesto comida. Fue difícil elegir qué imprimir, qué poner primero, porque al final de cuentas, queríamos contarles que prevalece una gastronomía que se pone a prueba con las carencias, y que el tabasqueño puede habérselas con el habitus, ha adaptado la ausencia de proteínas, por semillas, combinando en sus tamales, rellenos con verduras, y la constante en su vida diaria: la milpa milenaria, que acompaña al mexicano, compuesta por frijol, maíz, calabaza, chayotes. Quizá el optimismo en la comida tradicional a veces no se recibe con mucho convencimiento, porque esperan cifras alarmantes, estadísticas que es posible que los sectores de economía y salud tengan relativamente más ubicadas, pero lo que sí constatamos es que, comer en el campo implica comer lo que hay, y es variado, porque algunas personas aún conservan sus economías de traspatio, continúan sembrando, y criando gallinas, patos, pollos, cerdos.
Estamos en un tiempo en el que se come con lo que hay y lo que se puede comprar, desde el ámbito del metabolismo social, nos guiamos por la disponibilidad y la accesibilidad, antes que por el contenido nutricional. Por eso, dejar una impronta de quienes aún pueden comer de manera sostenible es necesario, pues marca un referente.
El público asistente fue participativo, y dejó saber su interés en conocer pautas para tener autonomía alimentaria, misma que inicia con la decisión de dónde comer y qué, crear hábitos alimenticios que destronen nuestro arraigado apego a los productos industrializados, y den paso a la libertad de elección por una comida más sana, que aporte nutrición al cuerpo.
Los valores que prevalecen en las comunidades obedecen a un territorio habitable, que conserva características que aportan a sus habitantes cohesión y significación social. Algo tan adentrado en estas generaciones, que registran el sabor en sus papilas gustativas, aún sanas, es que no tienen la huella del sabor industrializado, aunque ha entrado fuerte la venta de gaseosas, no desplaza completamente el consumo de pozol, agua de matalí, naranjada y limonada. Por eso me atreví a decir que el tabasqueño es un privilegiado, porque tiene casi todo el año, acceso a naranjas, limones, papayas, piñas, zacate limón, matalí, todos productos de un precio aceptable. Pero fundamental vigilar el origen de esos alimentos.
El proyecto no tiene una conclusión hasta ahora, porque los registros pueden sufrir cambios, debido al constante movimiento que significa la comida, las personas, y sus hábitos. Käntepec, dios de la cosmovisión chontal, de la fertilidad, de los animalitos, de la siembra, mira con mucha paciencia desde el mítico lugar conocido como “El Bosque”, esa realidad alterna que le permite su existencia, en la memoria del tiempo, y de los ancestros, ¿cuál es el reloj ambiental para Tabasco? Porque al final de cuentas, el origen de mi comida, es el campo, el dios Käntepec que tiene el tiempo como aliado.