Seis series consecutivas ganadas ya no pueden explicarse como una simple buena racha. Lo de los Olmecas de Tabasco empieza a parecer algo mucho más serio.
Porque una cosa es ganar en casa o aprovechar un calendario favorable, pero otra muy distinta es ir a Puebla, enfrentar a una de las ofensivas más peligrosas de la Zona Sur y salir con la serie asegurada. Ahí es donde los equipos empiezan a medir realmente su nivel competitivo.
Los Olmecas lo hicieron mostrando carácter y, sobre todo, una ofensiva que atraviesa su mejor momento de la temporada. El lineup responde en distintos momentos, hay producción a lo largo del orden y el equipo ya no transmite esa dependencia absoluta del pitcheo que marcó las primeras semanas del año.
Pero quizá lo más importante es la sensación que deja Tabasco. Hoy luce incómodo de enfrentar. Es un equipo que pelea innings largos, que puede reaccionar rápido y que empieza a jugar con mucha más confianza. Y en una liga tan emocional como la LMB, eso pesa muchísimo.
También hay mérito en el contexto. Ganar seis series seguidas en una temporada tan larga habla de consistencia, ajustes y estabilidad dentro del clubhouse. Los Olmecas encontraron ritmo justo cuando parecía que el año podía complicarse temprano.
Falta muchísimo calendario y todavía habrá momentos difíciles. Pero estas semanas empiezan a cambiar la conversación alrededor del equipo. Tabasco ya no parece un club intentando sobrevivir en la Zona Sur. Empieza a verse como uno que puede competirle seriamente a cualquiera.
Y después de lo mostrado en Puebla, más de un rival seguramente empezó a tomar nota.