El aeropuerto de Ockham
El principio de parsimonia, al que también se le conoce como “navaja de Ockham”, es empleado para resolver diferentes tipos de problemas, comúnmente científicos, aunque sus posibilidades se han extendido a otras áreas del conocimiento y de la actividad práctica.
Dicho sea de un modo muy sencillo, este principio afirma que, ante un problema dado que tiene múltiples soluciones, hay que preferir la más simple porque usualmente será la mejor. Bajo este principio se guían los modelos teóricos que tanto aportan al desarrollo de la ciencia y la tecnología.
El proyecto del nuevo aeropuerto de México (¿de la Ciudad, del estado, del grupo Atlacomulco?), diseñado por Norman Foster y anunciado con bombo y platillo por el gobierno federal en 2014, envuelve múltiples complejidades, tanto por los daños que ocasionará al medio ambiente como las constructivas, si bien éstas pueden ser resueltas medianamente pero con un gran costo de inversión y de mantenimiento. Veamos.
El lugar está en un área que es un vertedero natural de los excesos de agua de la capital del país. A esta problemática la respuesta es un sistema de bombeo que expulse las aguas. Sí, parece una solución lógica, siempre y cuando no se sobrepase la capacidad calculada, como puede ocurrir -por ejemplo- con una fuerte lluvia.
Por otra parte, es sabido que en dichas tierras la mayor proporción de su contenido es de agua, la cual tiene una concentración de sal mayor a la concentración de sal en el agua de mar. ¿Qué significa esto? Significa, como lo saben perfectamente quienes habitan cerca de las costas, que la sal es un elemento corrosivo que va deteriorando la resistencia de los materiales constructivos, incluso del metal. Implica un gran costo de mantenimiento permanente.
Para rellenar el suelo fangoso, del que se ha dado cuenta con el hundimiento de maquinaria, se han devastado cerros completos para extraer el material que intentará reducir los hundimientos que inevitablemente ocurrirán en caso de que entre en operación el nuevo aeropuerto. La voracidad de las empresas extractivas ha dejado familias enteras, literalmente, al borde del precipicio.
Ahora vamos a hacernos algunas preguntas y apliquemos el principio de la navaja de Ockham. ¿Es necesario un nuevo aeropuerto que dé servicio a la Ciudad de México? Formulada así, es una pregunta tramposa porque se centra en la instalación física y no en la necesidad aeroportuaria. La pregunta correcta es: ¿es necesario incrementar la capacidad aeroportuaria para el servicio de la capital del País? La respuesta es: sí.
Segunda pregunta: ¿por qué es necesario incrementar la mencionada capacidad aeroportuaria? Respuesta obvia: porque está rebasada. Por supuesto que está superada, pero ¿se detuvieron a analizar las causas de esto?, ¿se preguntaron si hay otras alternativas?
Es natural que la demanda del servicio crezca cada año por el movimiento de personas y de mercancías. Sin embargo, en el caso del aeropuerto “Benito Juárez” de la Ciudad de México, la demanda se incrementó notablemente en los años recientes. ¿Será que los visitantes no saben de los peligros de la ciudad o encuentran atractivo transitar por las avenidas inundadas como si estuvieran en los canales de Amsterdam? ¿Qué lo explica?
Muy fácil de ver para quien lo quiera ver: la subutilización del aeropuerto internacional de Toluca que, por cierto, tiene la pista más larga del país. A pesar de su cercanía con la capital, el aeropuerto “López Mateos” viene en caída libre en el ranking nacional de aeropuertos ya que anualmente mueve a menos pasajeros que los aeropuertos de Aguascalientes, Veracruz o Tuxtla, sólo por citar tres ejemplos.
¿Y por qué cayó el movimiento?, se preguntarán. Sucede que no hay ninguna línea aérea que tenga base en Toluca.
Luego de la quiebra de “Mexicana”, las líneas aéreas que allí operaban decidieron trasladar sus movimientos a la capital del país, lo que significó el derrumbe del flujo de pasajeros en el “López Mateos”.
De construirse el nuevo aeropuerto, implicará el cierre del “Benito Juárez” y de la base aérea de Santa Lucía pues no pueden coexistir, en cambio, es perfectamente posible –y más barata- la coexistencia de la ampliación y adecuación de estos dos aeropuertos, y si se le suma el reaprovechamiento de la terminal de Toluca, tal parece que la respuesta a la consulta será simple.