Esta no es la primera vez que se plantean cambios en el partido que ocupó la Presidencia de México ininterrumpidamente por 71 años. En 1929 fue fundado con el nombre de Partido Nacional Revolucionario (PNR); en 1938 cambió a Partido de la Revolución Mexicana (PRM) para incluir representaciones de centrales obreras; y en 1946, cuando abrió sus puertas a más civiles y no sólo a militantes formados en la revolución, fue nombrado Partido Revolucionario Institucional, como se mantiene hasta ahora.
Pero esta vez el momento que atraviesa el PRI es crítico, pues sólo en Coahuila y Durango gobiernan dos priistas, aunque fueron postulados en alianza con los partidos Acción Nacional (PAN) y el de la Revolución Democrática (PRD). A la par, la dirigencia de Moreno Cárdenas ha sido cuestionada por corrupción, concentrar el poder y los pocos triunfos electorales, estos señalamientos han llevado al PRI a sufrir desbandadas en varias entidades.
Si bien los estatutos del PRI plantean que la Asamblea Nacional se celebra de forma ordinaria cada tres años –la última fue en diciembre de 2021–, militantes denuncian la premura con la que ésta se convocó, tan sólo cuatro días después de las elecciones donde obtuvieron el cuarto lugar de las preferencias electorales a nivel nacional, detrás de los partidos Morena, Acción Nacional (PAN) y Movimiento Ciudadano.
Además, el PRI tuvo su menor cifra de sufragios para la Presidencia en los últimos años, al pasar de 16 millones 231 mil 456 en 2012, cuando Enrique Peña Nieto fue electo, a 5 millones 736 mil 759 este 2 de junio, donde compitió por primera vez sin una candidatura presidencial propia, en alianza con el PAN y el PRD, que también enfrentan crisis por sus bajos niveles de aprobación.
“No hay ninguna reflexión porque el propósito no es mejorar, el propósito es ver cómo [Alejandro Moreno] puede cambiar los estatutos para reelegirse.
Esta asamblea es una simulación, es el más claro ejemplo del gatopardismo, esto es: ‘hay que cambiar todo para que todo siga igual, hay que discutir de manera apresurada para que las cosas se mantengan en el mismo telón’”, dijo en entrevista Fernando Lerdo de Tejada, exdiputado y dirigente de la corriente política Plataforma PRI.
Alejandro Moreno, conocido como “Alito”, fue electo para dirigir el partido de 2019 a agosto de 2023, pero a finales de 2022 impulsó cambios a los estatutos del partido que le permitió extender su gestión hasta agosto de este año, con el argumento de esperar la elección federal. Sin embargo, a menos de dos meses de que se cumpla ese plazo, no ha descartado continuar en el cargo, algo que la Asamblea Nacional, el órgano supremo del partido, tiene la facultad de discutir y definir.
–¿Te vas a reelegir o no?, ¿piensas postularte de nuevo a la dirigencia? –se le cuestionó en entrevista con Radio Fórmula el 14 de junio.
–Tengo un periodo estatutario que cumplir, pero en la Asamblea Nacional se van a discutir esos y otros temas, se van a discutir los mecanismos de renovación del partido. Yo siempre estaré en donde el partido apoye, donde el partido necesite –contestó el exgobernador de Campeche y, ante la insistencia de si aceptaría seguir en el cargo, dijo que está “listo y atento” a lo que decidan las y los delegados en la Asamblea Nacional.
De acuerdo con los estatutos del PRI, la Asamblea Nacional, que está integrada por representantes de cada estado, tiene la facultad de reformar, adicionar o derogar los documentos básicos del partido y su código de ética; además de definir las políticas y líneas de acción que seguirán y elegir a las personas titulares de la presidencia y la secretaría general del Comité Ejecutivo Nacional.
“Todos estos temas pueden ser objeto de decisión por parte del partido, puede convertirse, si así lo decide la Asamblea, en una asamblea electiva, como ha sucedido en otras ocasiones. Por lo tanto, elegir al siguiente que sería presidente del partido. ¿Por qué [Alejandro Moreno] no lo plantea como una asamblea extraordinaria para poder profundizar en los temas electorales?
“Porque en una asamblea extraordinaria tendría que ceñirse a los puntos específicos para los cuales fue convocada y no podría hacer todas estas tretas que quiere para mantenerse al frente del partido”, agregó Lerdo de Tejada.
En el mismo sentido se han pronunciado otros priistas que ven posible la reelección de Moreno Cárdenas. Dulce María Sauri, exdirigente del PRI, le ha pedido regresar el partido a la militancia.
“¿Qué quieren esperar?, ¿un 2027 con un cuatro o cinco por ciento de la votación nacional?, ¿una pérdida de registro como la del PRD en 2030?, ¿eso es lo que quiere la actual dirigencia?”, expuso en una entrevista reciente para el portal web La Lista.
Mientras estos cuestionamientos crecen, también lo hacen las críticas por la falta de representación de militantes de distintos grupos y de organizaciones rumbo a la Asamblea Nacional. Por ejemplo, en Oaxaca el exdirigente Javier Villacaña acusó que en las asambleas municipales y en la estatal no sumaron voces críticas, de perfiles jóvenes ni de exfuncionarios.
“Como priista de toda la vida, me preocupa que vaya tomando forma el rumor de que van a elegir delegados a modo para la asamblea con el objetivo de perpetuar a la dirigencia nacional […] Es tiempo de dejar pasar gente nueva con propuestas innovadoras, no hacerlo nos va condenar a la fractura y a la desaparición”, expuso en un comunicado.
En Querétaro, Francisco Pérez Rojas, dirigente de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares que también es convocada a la Asamblea Nacional, denunció que en las asambleas municipales quedó claro cómo Alejandro Moreno “tiene acaparado todo el poder de las decisiones políticas de todo el país”, expuso también las trabas para que militantes de distintos grupos pudieran participar, una crítica que compartió Fernando Lerdo.
“Me doy cuenta que el PRI no quiere cambiar”, lamentó Pérez Rojas en un video difundido esta semana.
En 2019, cuando “Alito” Moreno fue nombrado dirigente nacional, el PRI encabezaba 12 gubernaturas pero en 2021 perdió ocho: Colima, Campeche, Guerrero, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala y Zacatecas; en 2022 perdió Hidalgo y Oaxaca y en 2023 dejó de gobernar el Estado de México, uno de sus principales bastiones.
Ante esta crisis la propuesta de “reinventar” al PRI divide opiniones. Un joven que comenzó a trabajar el año pasado en la sede nacional ubicada en la Ciudad de México opinó que un cambio de nombre ayudaría al partido “por toda la imagen negativa que trae”, y pidió recordar la historia del PRD, que perderá su registro a nivel federal por no alcanzar el mínimo de votos necesarios.
Consultados afuera de la sede nacional en la Ciudad de México, en lo que sí coincidieron trabajadores es en que dentro del partido prevalece un sentimiento de incertidumbre.
“No me gusta la política ahorita”, dijo un empleado del área de almacén al preguntarle su opinión sobre los resultados del PRI en elección del 2 de junio.
Pese a ello, él y otras trabajadoras no ven necesario cambiar el nombre del partido.
“Creo que debe reformarse sin tener que cambiar su imagen porque es muy conocido así. Como en todo hay momentos altos y bajos, estamos abajo pero algo se podría hacer”, comentó de manera anónima una trabajadora del área administrativa.
Por su parte, Marco Mendoza, dirigente del PRI en Hidalgo y quien participará en la Asamblea Nacional, consideró que los cambios a discutir deberían centrarse en definir los principios que regirán al partido los próximos años, pues actualmente se rige con documentos básicos actualizados en 2017, cuando todavía gobernaba a nivel federal.
“Yo no creo que se le deba cambiar el nombre al partido, sin embargo es algo que tendremos que discutir.
Yo creo que nuestro partido y su origen en la Revolución Mexicana, las causas de la revolución, siguen vigentes, lo que debemos discutir es cuáles son las nuevas causas que debemos arropar, cómo debemos organizarnos, cómo debemos estructurarnos, cuáles son nuestros principios”, expuso en entrevista.
El Diputado reconoció que en Hidalgo le han expuesto la necesidad de pasar de ser un “partido vertical” a uno horizontal, donde se escuchen las decisiones de la militancia.
