AL PODER: ALIANZA POLÍTICA, ORDEN DEMOCRÁTICO, EJERCICIO REPUBLICANO
Si tuviese que encabezar una gran cruzada por Tabasco, buscaría instaurar un gobierno de coalición.
Establecería una gran alianza política a la que denominaría ALPODER: Alianza Política, Orden Democrático, Ejercicio Republicano. Que nos uniera al interior y no nos dividiera al exterior.
No sólo una alianza temporalera o electorera; que a la vuelta de uno o dos años se extinguiera. ¡No!, una que calara hondo, que removiera escombros y concitara ánimos. El punto viene a cuento ante la inminente balanza que será el 4º Informe del Gobernador Núñez.
El camino recorrido es inmenso -aun si lo comparamos con el camino recorrido en el mismo lapso por nuestros vecinos a los que la federación les ha prodigado en ayuda-, y ése debe ser virilmente nuestro punto de mira y referencia perpetua: sin ilusiones -que serían mortales y estériles-, pero sin desalientos -que serían cobardes y traen el espíritu de la derrota antes de iniciar la lucha-; El progreso de Tabasco -nuestro progreso- ha dejado de ser insignificante.
Mas también es innegable: en muchas áreas estamos al margen.
Si veo un México –y dentro del él, Tabasco- con hambre y con sed de justicia.
Un México de gente agraviada (gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla).
De mujeres y hombres afligidos por abuso de las autoridades o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales; por el olvido como instrumento político para deshacerse de los compromisos históricos que se tienen con el pueblo.
Veo a ciudadanos de Tabasco, angustiados por la falta de seguridad –si bien en no todo el territorio si en la capital y en la chontalpa-, angustiados por el desempleo galopante –generado por la nefasta política del gobierno federal de endosar a empresas particulares o extranjeras la generación de éstos-, veo ciudadanos que merecen mejores servicios –en todos lados-, que merecen gobiernos que les cumplan –municipales y dependencias del gobierno del Estado y centralmente de la Federación-.
Percibo también, a ciudadanos que aún no tienen fincada en el futuro la derrota; veo ciudadanos que tienen esperanza y que están dispuestos a sumar su esfuerzo para alcanzar el progreso.
El tema es: encabezados ¿por quién? ¿Quién realmente colma en su persona y sus acciones las aspiraciones más sentidas y vívidas de la población?
Veo un pueblo con hambre y con sed de justicia –no al extremo de cuando lo veía así don Benito Juárez-, pero sí, de gente agraviada: agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla; mujeres y hombres afligidos por abuso de las autoridades, por el descuido a la atención y la poca preocupación y diligencia para resolver los problemas, afligidos por la arrogancia que les infligen en las oficinas gubernamentales.
México, y dentro de él, Tabasco, es un pueblo con hambre y sed. El hambre y la sed que tiene, no es sólo de pan; México tiene hambre y sed de justicia. El enemigo es íntimo.
Es el escepticismo de los que, al dudar de que lleguemos a ser aptos para la libertad y para la independencia, nos condenan a muerte, rápida de la inanición y lenta del desencanto y el desinterés.
Veo ciudadanos que tienen esperanza y que están dispuestos a sumar su esfuerzo para alcanzar el progreso.
¿Atrás -o a la par- de quién?