AMLO: un liderazgo desde la profundidad de la sierra tabasqueña
I
En un modesto consultorio médico en Jalapa, Tabasco, se reunieron hace más de un año algunos personajes, casi anónimos, procedentes de la región de la Sierra: doña Rebeca López, José Ascencio, Irineo Palomeque, Juan Marín, José Cabrales y otros luchadores sociales en torno al hoy fallecido Wilberth Narváez Narváez (1957-2017).
El motivo, fue la organización del homenaje al conocido “Dr. Wilberth”, realzado el 3 de septiembre de 2017, y conmemorar el camino de la transición democrática que dio inicio con la unión de varios partidos políticos de la izquierda en las postrimerías de 1988 en Tabasco y que conformarían el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y que aún gobierna la entidad desde la caída del Partido Revolucionario Institucional ocurrida en las elecciones realizadas en el 2012.
En dicho encuentro había dos temas que suscitaban el contraste de ideologías y opiniones: las elecciones del pasado primero de julio, una contienda que decidiría numerosos puestos en el servicio público, y quién sería el presidente de la República, pues de cuatro contendientes uno los había unido hacía casi tres décadas en busca de la democracia y la justicia mexicana en torno suyo: Andrés Manuel López Obrador.
Afines y opuestos resultaban los diálogos entre aquellos fundadores perredistas que caminaron y lucharon junto al controversial líder del que se decían las virtudes y errores cometidos cuando éste encabezó el movimiento político más importante y reciente en la historia democrática de Tabasco y que repercutiría más tarde en nuestro país, cuya clase política y gubernamental se han tornado más decadentes hasta los días que corren.
No obstante los desacuerdos que se daban se coincidía, expresándolo o callando, que México necesitaba otra forma de gobierno, y que las trayectorias políticas entre los cuatro contendientes daba la ventaja, a quien por más años y conocimiento de la realidad del país, y que además había luchado a través de la concienciación de los sectores más vulnerables y perjudicados por las políticas públicas establecidas desde la imposición del sistema económico neoliberal, impulsado por el presidente Miguel de la Madrid y que a pesar de la transición política encabezada por Vicente Fox Quesada en el año 2000, está vigente.
Reacios o no, el tema culminó con el nombre de López Obrador en el centro de la mesa, donde el Dr. Wilberth Narváez concilió a los asistentes recordándoles el sentido de aquel movimiento social y la ideología doctrinaria que unió a muchos líderes tabasqueños en el sol azteca. Habló del pragmatismo lopezobradorista a través de la metamorfosis de la mariposa, reconociendo que la transición política se daría en las urnas electorales, o con la posibilidad de una lucha armada originada por el hartazgo y la desigualdad social generalizada en el país.
Con su estilo discursivo y la claridad analítica que lo caracterizaban, Narváez Narváez subrayó su apoyo al líder tabasqueño, pues la metamorfosis continuaba y debía cumplirse el 1 de julio con un cambio de sistema gubernamental.
II
Auldárico Hernández Gerónimo relata esta escena que tuvo lugar en el poblado Mazateupa, refiriéndose a la contienda electoral por la gubernatura de Tabasco entre el candidato del Frente Democrático Nacional, André Manuel López Obrador y el priista Salvador Neme Castillo en 1988:
“En el centro del pueblo un niño de once años, con una bandera del PFCRN, salió a gritar: ¡Viva el FDN! ¡Viva López Obrador!
Entonces, uno de los encapuchados lo golpeó en la cara derribándolo en la banqueta, al caer se lastimó la cabeza. Eso provocó el enfrentamiento. La gente reclamó y comenzó la agresión contra la población… De por sí nacemos con ese coraje encerrado, en el momento menos pensado liberamos nuestras ansias de libertad.”.
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Juan Marín, originario del poblado Aquiles Serdán, Jalapa, recuerda las marchas del “Éxodo por la democracia” al ver las fotografías proyectadas en el monitor de una computadora portátil. “Recuerdo que mi esposa estaba ya muy enferma en esa época de lucha; ya casi no podía caminar y yo no quería dejarla sola. –Vamos a apoyar al licenciado López Obrador- me dijo- no podemos abandonarlo. Así que allá pasamos juntos sus últimos días, caminando junto al líder y el Dr. Wilberth.
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El 5 de mayo pasado el perredismo tabasqueño festejó su vigésimo noveno aniversario y hubo muchos congregados. En el acto, don Enrique Fernández Valdez participó como orador y con firmeza reconoció el liderazgo de Andrés Manuel López Obrador en la conformación del sol azteca en la entidad, no le importó los gestos incómodos de algunos personajes cuando mencionó el nombre del líder y candidato morenista a la presidencia de la República.
“Aunque se molesten, Andrés Manuel pertenece a la historia del PRD tabasqueño y eso nadie podrá negarlo”, asentía otro líder fundador del movimiento mientras escuchaba atentamente el discurso del exdirigente de ese instituto político, Fernández Valdez, y observaba las reacciones de algunos defensores del panista Ricardo Anaya y su alianza Por México al Frente.
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Wilberth Narváez platicaba sus andanzas con AMLO cuando juntos realizaban labor de concienciación en las comunidades más apartadas de Tacotalpa. A veces tenían que cruzar los peligrosos afluentes en época de lluvia improvisando balsas y tumbando acahuales para abrirse camino en la sierra colindante a las localidades del vecino estado de Chiapas.
Dos líderes que buscaban el cambio democrático y social en Tabasco para desarraigar la gran desigualdad y recuperar la identidad de los pueblos originarios olvidados y segregados por los gobiernos priistas que siempre trataron de hacerlos desaparecer. Pueblos donde los caciques arrebataron tierras y violaron los derechos humanos con el consentimiento de las autoridades.
De ello se desprende una breve anécdota relatada por el médico tacotalpense unos días antes de su fallecimiento:
“Una vez, con Andrés Manuel, subimos a La Cumbre, por La Pila. Nos vinieron a alcanzar a caballo, pero para ascender la pendiente era de 45 grados, y le digo: te vas a subir a caballo Andrés: -No, ni madres, yo no me subo, me voy a desnucar ahí; mejor vámonos a pie-. Cruzamos por el otro lado del cerro y bajamos para llegar a Barrial Cuauhtémoc, Noypac y salir por la zona de Oxolotán. No regresábamos por el mismo camino sino que íbamos por las comunidades en fila cruzando el cerro. Eran muchas horas de camino.”