AMLO: los protagonistas
Wilberth Narváez, congruencia social y política hasta su último día
A un año del deceso del médico Wilberth Narváez Narváez (1957-2017), uno de los líderes sociales más sobresalientes que junto con el Presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, conformaron el movimiento que culminó con la transición pacífica de nuestro país a raíz de la fundación del Partido de la Revolución Democrática (PRD) en Tabasco.
Wilberth Narváez Rivero hijo del tacotalpense recuerda: “El Peje se tomaba los cafés con mi papá y le decía: Wilberth, algún día yo quiero ser el Presidente de la República”.
El médico y activista le comentaba a López Obrador, según rememora Narváez Rivero: “Tienes que trabajar mucho, tienes que aguantar mucho; va haber mucha tormenta, esto no es de la noche a la mañana, es un proceso largo Andrés; pero si lo quieres lo puedes hacer, solamente siendo una persona íntegra: no te vendas, no te corrompas…”
Nos comenta que su padre era una persona sencilla, pero muy estricto con sus hijos porque quería enseñarles que la vida se gana estudiando y trabajando; tenía una mente revolucionaria que les hablaba de cambiar al país, “los pensamientos del actual presidente electo son los pensamientos que compartió con mi padre; tenía la idea del Che Guevara, de Emiliano Zapata, de Pancho Villa: un cambio radical en el país para mejorar”, afirma.
“Él no tenía horario en el consultorio particular donde daba sus consultas, se dedicaba a ayudar al prójimo, a veces era más un gestor que médico, litigaba mucho. Sacrificaba a su familia por ir a ayudar a quienes más lo necesitaban. Me voy a ir unos tres días y cuando regrese les dedico su tiempo, nos explicaba. Si iba a una manifestación era porque la gente lo requería y porque era necesario ayudar”, recuerda el licenciado en Idiomas radicado en Mérida, Yucatán.
Casi un adolescente, Narváez Rivero acompañó al doctor Wilberth Narváez en sus recorridos por las zonas marginadas de Tacotalpa, entre ellas la Raya Zaragoza, Noipac, Barrial Cuauhtémoc, las Cumbres y otros lugares zapatistas antes de que estallara la rebelión que encabezó el subcomandante Marcos en Chiapas. “Mi papá ya sabía que se iba a hacer ese movimiento”, recapitula.
“La gente lo trataba muy bien, y por eso nos decía que nadie es más ni menos que nadie a pesar de los estatus sociales o económicos, su trato era recíproco. Nos enseñó a valernos por nosotros mismos y a respetar a los demás”, refiere Wilberth sobre las enseñanzas de su padre.
“Muchas veces lo amenazaron de muerte a él y a su familia -asegura Narváez Rivero-, y en lugar de temer él los enfrentaba; siempre tenía gente que le advertía de dónde y de quién procedían las amenazas, quiénes eran los delincuentes en Tabasco. Estaba bien informado.” -Si tú tocas a mi familia atente a las consecuencias porque te hago responsable de tus actos-, así se quitaba de encima las intimidaciones que recibía, reitera su vástago.
El doctor Wilberth Narváez fue dirigente del Foro Indígena Nacional en el PRD, porque sabía del padecimiento de los marginados de la región y buscaba hacer valer los derechos de este sector vulnerable, comenta Narváez Rivero. Con los demás luchadores sociales se reunía para saber cómo iban a operar, qué iban a promover, quienes eran los caciques y apoderados que podían apoyar al movimiento que lideraba pero sin dejar de poner los pies sobre la tierra.
“Recuerdo cuando mi papá me llevaba a las serranías a repartir volantes para reuniones con los indígenas con el propósito de que aprendieran a leer y escribir y así poder defender sus derechos. Gracias a él muchos tuvieron estudios y hoy son profesionistas y lo agradecen.”
“Invirtió muchos años en luchar por el país, por el estado, las comunidades, los indígenas y la gente marginada.
Fue un proceso muy largo pero ahí está el resultado: llegó la izquierda al poder máximo y el país va a cambiar con esos ideales”, subraya al recordar el camino recorrido por el fallecido líder social antes de cumplir los 60 años el 5 de septiembre de 2017.
“Hoy está en el cielo junto a Dios por sus obras, aunque como ser humano tuvo malas pesaron más las buenas. Él admiraba al Che Guevara y a Jesucristo, por eso se dejaba la barba. Creía en Jesucristo pero de una forma atea, no sabría cómo explicar eso”, enfatiza Wilberth Narváez Rivero en la breve semblanza que concedió a este medio para que los tabasqueños no olviden a uno de los protagonistas de la transición democrática por la que una mayoría votó el pasado primero de julio.