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La Verdad del Sureste

Andrade, mirándose al espejo de Narciso


En el año 2001, Manuel Andrade Díaz se declaró “dueño del futuro de Tabasco”. La nota fue de un 31 de julio en el diario La Jornada, producto de lo que escribiera el corresponsal en el cierre de campaña donde competía contra Raúl Ojeda para la gubernatura. Antes, en el 2000, le habían anulado las elecciones por trampas de su partido y gobierno del PRI, pero como en este país hay impunidad volvió a ser candidato.
    Desde entonces MAD ya mostraba soberbia, y sus adversarios decían que se pasaba de inflado. De aquellos años maravillosos para él se recuerda su lenguaje florido, folclórico, con el que amenazaba y cuestionaba, y la militancia priista lo vitoreaba…reía, a pesar de que eran necedades.
    Parecía que tuvieran una venda en los ojos para no darse cuenta en realidad del perfil de Andrade; el muchacho burlón, irrespetuoso, lleno de complejos, usted sabrá porqué.
    No se pretende menospreciar su “sapiencia” ni mucho menos desafiar ese “intelecto” que le caracteriza a Manuel. Quizá sea su conducta un poco retrógrada, lo que hace pensar que no se merece tanto de lo que presume.
    Como dijera un comercial: “si ya sabes cómo me pongo, para que me invitan”. Esa sería una de las respuestas lógicas para darle el perdón y darle una palmadita al hombro, como niño malcriado. Aunque a veces sus dichos lleguen a calentar la cabeza a más de uno, incluyendo a este escribano.
    Hace unos días tuvo el atrevimiento de mostrarse como modelo de gobierno, comparándose al de Arturo Núñez Jiménez. Una televisora de canal que transmite desde la Ciudad de México lo buscó para entrevistarlo, y MAD aprovechó para soltar ese veneno acumulado que trae desde inicio de sexenio.
    Sin embargo, también dibujó castillos en el aire, y mencionó lo que según él, hizo por los tabasqueños en su mandato como gobierno. Lo que olvidó el flamante legislador, fue ese pequeño pasaje de inseguridad que llegó al grado de que en la misma corporación policiaca se formara una cofradía, es decir, se operaba desde adentro como banda delictiva.
    Con su crítica que quiere parecer mordaz, ahora cree poder avanzar en su carrera política. Pero atrás quedó el aplausómetro que le salamereaba; atrás quedó la esperanza de ser un día diputado federal o senador, porque como lo ha dicho, los tiempos cambian, y la gente también. Lástima que de aquel 2001 a la fecha nosotros sigamos escuchando y viendo al mismo personaje caricaturesco, del cual no se aprende nada, porque lo único que logra cada vez que habla es que se le tome a burla.
    Sus “aciertos”, en realidad quedarán como pequeños epitafios que se van sumando a su histriónica vida, la cual no será recordada como el político que le abonó a Tabasco sabiduría, respeto, dignidad, desarrollo, más bien, pasará en breve, desapercibida. Cuando mucho, como un cómico de la grilla local.
    Por esas razones, Manuel Andrade Díaz no puede declararse “dueño del futuro de Tabasco”, ni mirarse al espejo y pregonar que su gobierno sirva de guía, sobre todo en estos tiempos donde el PRI acumuló por muchos años carroña, dejando una peste al estado, la cual se va limpiando poco a poco, pero que todavía sigue contaminando, gracias a personas “ilustres” como él. De hecho, los priistas no le perdonan que con Roberto Madrazo, con el propio Andrade y con Andrés Granier, se construyó la fosa del viejo partido hegemónico.
   

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