ANTEPENÚLTIMO
Cuando andaba en campaña por la Presidencia de la República José López Portillo –ex Secretario de Hacienda del gabinete de Luis Echeverría, que había sido catedrático en la UNAM de Teoría del Estado-, reunía a quienes formábamos parte de las Brigadas del Camino para disertar temas de teoría política; en una de esas pláticas, salió el tema de hasta cuánto poder tiene un Presidente, si el presidencialismo mexicano le había dado, dotado u otorgado poder inconmensurable e ilimitado al Presidente y a los gobernadores.
López Portillo, narró su experiencia como Secretario HCP: admitió la frustración que, no sólo él sino los demás secretarios del gabinete de Echeverría, sentían, padecían y sufrían cuando, teniendo todas las ganas de hacer acciones de poder significativas, no podían; dijo allí, que si alguien tenía poder en el gabinete de Echeverría ese era el Secretario de Hacienda, pero que el poder que ese “poderoso” Secretario tenía, está acotado, es limitado, aunque afuera se crea que lo puede todo.
Dijo: Como Secretario de Hacienda, me sorprendía ver el poder que me atribuía la gente, ¡imagínense el que me atribuirá una vez sea Presidente! Me atribuirán más poder que el que realmente tiene un Presidente o un Gobernador.
Aunque parece ilimitado, da la sensación que es un fenómeno imparable y inconmensurable; aunque suponemos que crece invariablemente y suponemos, virtualmente, que todo lo puede y no hay nada que no pueda conseguir o hacer, realmente el poder es, no solo temporalmente, limitado, deviene en su decurso para quien lo detenta, extinguible; y le genera más frustraciones que satisfacciones.
Esto lo saben y lo sufren tanto mega como mediano poderosos; todos aquellos que están o estuvieron en sintonía con el poder, saben que parece abstracto pero que en la realidad sus oscilaciones se sienten muy concretamente. Detectan reiteradamente, durante su ejercicio, las posibilidades y limitaciones del poder y hasta dónde pueden hacer o llegar con él. La fuente de poder es intermitente; consecuentemente el poder no es constante, ni permanente.
El poder de Peña se acaba, se va extinguiendo y en el lapso en que lo ha detentado, hubo decenas de asuntos o temas en los que, aunque la población crea que los podía hacer, no pudo; no porque no hubiese querido sino porque su poder no alcanza como para lograr hacerlo.
Virtualmente la mayoría de la población le atribuye poder al gobernante en demasía, mismo que realmente éste no tiene. El poder de Peña se extingue; más a partir de ahora; pero en el devenir de su camino a su extinción, permanece presente ya sea para obstruir los avances y asunción de más cotos de poder a algunos o para impulsar o apalancar el avance de otros.
Existe una enorme brecha entre el poder que los demás suponen que el que temporalmente detenta el poder tiene y el que realmente éste tiene o posee. Hay una enorme distancia entre la percepción del poder y el poder que el poderoso en la realidad tiene.
La población en general o de manera común le atribuye más poder al que detenta el poder que el que realmente posee.
El gobierno, uno de los poderosos en nuestro país, resulta ser un gigante lento, torpe y débil, y su programa en vez de simbolizar la esperanza de un futuro más próspero, justo y estable, significa o se percibe como la causa de la violencia, del atraso, del marasmo nacional, de la desigualdad, del aumento de la pobreza y de la incertidumbre.
La población no supone que es impotencia, no admite que el poder no tiene toda la fuerza y el alcance que la población virtualmente le atribuye al poderoso sino que le califica de ineficiente, incapaz o, en última instancia, que el mal funcionamiento de los organismos de poder sigue su marcha trituradora y que quien detenta en tal periodo el poder es cómplice o consecuentador del mal funcionamiento; la población no sabe, o no quiere admitir que la imposibilidad de ejercer el poder, le deviene al poderoso de la característica esencial y definitoria del poder: su limitación y su decurso indefectible de extinción. El poderoso mismo se frustra.
Muchos políticos pudiesen suscribir las siguientes frases de un Ex Presidente de la República del Brasil y artífice del gran fortalecimiento de la economía de ese país, Fernando Henrique Cardoso: “Incluso personas bien informadas y con preparación política venían a mí, a mi despacho, a pedirme cosas que demostraban que me atribuían mucho más poder que el que en realidad tenía. Siempre pensaba: “Si supieran lo limitado que es el poder de cualquier Presidente en nuestros tiempos.”
Cuando me reúno con otros jefes de Estado, solemos tener anécdotas muy similares en este sentido.
La brecha entre nuestro verdadero poder y lo que la gente espera de nosotros es lo que genera las presiones más difíciles que debe soportar cualquier jefe de Estado”.
La suma de todo el poder suma cero; el cero, es un concepto virtual del vacío total. Y por ello, fue posible acuñar aquella frase de que el arte de la política es hacer posible hasta lo imposible.