La reforma que contra viento y marea llevó adelante el presidente conservador Nicolas Sarkozy, elevará de 60 a 62 años la edad mínima para jubilarse, de 65 a 67 años la edad para cobrar una pensión completa y de 40.5 a 41.3 los años de aportes.
La reforma, que pondrá fin a un «símbolo» de los años 80, durante la presidencia del socialista Francois Mitterrand, es rechazada por sindicatos y la oposición de izquierda por considerarla «injusta» pues el grueso de la carga financiera de las futuras jubilaciones recaerá en los más pobres.
Las movilizaciones continúan en Francia, y cada vez con más respaldo de la población. Los sindicatos convocaron el pasado jueves dos nuevas jornadas de huelga general para los días 28 de octubre y seis de noviembre, han visto ahora como el Senado a dado su visto bueno a la reforma del sistema de pensiones.
A pesar de la aprobación, los seis sindicatos que firmaron el comunicado sobre las nuevas jornadas de huelga han afirmado que seguirán adelante.
Sarkozy ha conseguido así que se acelere el trámite exigiendo la aplicación del «voto único», aunque, eso sí, a cambio ha presentado una enmienda con la que anuncia una «reforma sistemática» del sistema de pensiones para tras la celebración de las elecciones generales, con lo que pone fecha de caducidad a la más que rechazada reforma. A pesar de esto, la aprobación en el Senado ha sido sólo por 177 votos a 153.
Tras una semana de huelgas sectoriales que ha dejado sin carburante a medio país y enfrentamientos entre policías y piquetes, el apoyo a la huelga por parte de la población francesa no ha cesado, por el contrario, ha aumentado hasta alcanzar al 70 por ciento de la ciudadanía.
