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La Verdad del Sureste

Así nació La Verdad del Sureste



Una tarde de mediados de marzo de 1991 salí del bar de la calle José María Pino Suárez por el diario La Jornada. A la vuelta, sobre Reforma, esquina con Madero, topé con Alberto Pérez Mendoza.
-Buenas tardes –me saludó con la sonrisa amistosa que solo desaparecía cuando revisaba alguna situación complicada --. Te invito a publicar un diario.
---Lo publicamos –le dije. Cuando regresé al bar les presumí que ya tenía trabajo a Azarías Gómez González, Luis Enrique Martínez Hernández y a Eduardo Salinas Pérez. Al otro día me presenté en la calle Soledad G. Cruz del fraccionamiento Oropesa.
Las dos frases fueron suficientes para suscribir el compromiso, sin preguntas, porque a Pérez Mendoza lo había conocido a principios de 1979 cuando algunas veces visitaba la redacción de Diario Olmeca. En aquel tiempo yo escribía editoriales y empezaba a reportear bajo la dirección de Antenor Ancona Cadena.
Al salirme del diario fundé la revista Ceiba con un logo del entonces caricaturista Sergio Pérez Sarrelangue, Persar y el primero de los 10 números salió al mercado a mediados de junio de ese año. Era una publicación en sociedad con el Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT), a nivel estatal dirigido por Benjamín Zenteno, que aportaba la impresión en una Multilith.
A la redacción, ubicada en uno de los edificios de la calle José Moreno Irabién, llegó a escribir Isidoro Pedrero Totossaus. “A luchar contra la página en blanco”, decía acompañado del tecleo sin parar. Solo el chirriar del retroceso del rodillo detenía el golpeteo que paría la palabra en la cuartilla.
En 1981 me reuní con Víctor Manuel Sánchez Acosta y Luis Andrés Pampillón Ponce que laboraban en la oficina de prensa del gobierno de Leandro Rovirosa, bajo la dirección de Pérez Mendoza, para hacer otra revista: Motivo. Nos cooperamos para el pago de la renta del local y aunque publicamos únicamente dos ediciones, la redacción fue punto de reunión de Guillermo Hübner Díaz, Fontanelly Vázquez, Férido Castillo, Arnold Argais Jamet, Oscar Hernández y Pérez Mendoza, entre varios escritores, reporteros y pintores.
En 1982 nos volvimos a reunir para editar Diario de Tabasco, una cooperativa de periodistas, apoyada por el gobierno estatal. El periódico fue dirigido por Sánchez Acosta y tenía de subdirector a Pampillón Ponce; la redacción la integraban Mario N. Madera, Enrique Soto López, Pedro Luis Hernández Sánchez, Erwin y Adelino Macario Rodríguez y Luis Enrique Martínez Hernández.
Con Pérez Mendoza platicábamos en las oficinas de prensa del PRI, en 1983, cuando era el cierre del periódico El Revolucionario Tabasqueño que se distribuía masivamente en los 17 municipios. Las oficinas del Diario de Tabasco también se encontraban en la colonia Primero de Mayo, en la Calle del Periodista.
A la redacción de Diario de Tabasco llegaban reporteros de otros diarios como Rodolfo González Maza y Lorena del Carmen. El día en que fue destituido como dirigente estatal del PRI, Andrés Manuel López Obrador se reunió por la noche con el director Sánchez Acosta. Al otro día López Obrador renunciaba a la Oficialía Mayor del gobierno estatal.
Con Pérez Mendoza nos volvimos a encontrar esa tarde de marzo de 1991 con el propósito de publicar un diario. La rotativa de dos cabezas había sido adquirida en septiembre de 1990, ya reconstruida; el maestro Rogelio que trabajaba en el diario Avance, hacía grandes esfuerzos por afinarla.
Para laborar en los talleres fueron invitados Aquilino, Primo y Urbano, extrabajadores de XENAC, Radio Chontal, que abrió López Obrador cuando fue coordinador del INI y cerró Salvador Neme Castillo, en represalia porque ese municipio mayoritariamente apoyó a López Obrador en la contienda de 1988.
Precisamente fue en Mazateupa, siendo delegado municipal Auldárico Hernández Gerónimo, donde la población le “devolvió la mano” a la provocación de la comitiva de Neme Castillo.
En su libro, Cuando al hueso le salió carne, Hernández Gerónimo relata ese episodio:
Una mañana de septiembre, los medios de comunicación anunciaron el arribo del candidato Neme Castillo y su comitiva a territorio yokot’an. Ese día me apresuré ir en caballo al campo para regresar y estar temprano en la delegación municipal por si algo se ofrecía.
En las primeras horas del día, las brigadas del Frente Democrático Nacional (FDN) pegaron la propaganda de López Obrador en todos los pueblos, más tarde me avisaron que las del PRI destruían nuestros carteles para poner los de Neme.
Fui a confirmar e inmediatamente comenzaron los jaloneos. Los del gobierno andaban en un plan de prepotencia y grosería, por más que los conminé a que depusieran su actitud, no hacían caso y seguían en su tarea.
Busqué al coordinador de los brigadistas y aceptó de palabra, en los hechos seguían despegando nuestra propaganda; ante el fracaso del diálogo, los detuvimos con la gente.
Transcurrían las horas y pasado el mediodía, frente al edificio de la delegación municipal, comenzaron a desfilar vehículos: cuatro autobuses ADO y muchísimos compactos y camionetas; habían programado el mismo recorrido de Obrador en la zona yokot’an. Di la orden de no salir de las casas para evitar enfrentamientos.
A sabiendas que no sería bien recibido en Mazateupa, por la tarde Neme Castillo arribó; al lado del camión ADO caminaban en custodia cuarenta jóvenes, algunos encapuchados y armados con bastones de kendo, chacos, manoplas.
En el centro del pueblo un niño de once años, con una bandera del PFCRN, salió a gritar: ¡Viva el FDN! ¡Viva López Obrador!
Entonces uno de los encapuchados lo golpeó en la cara derribándolo en la anqueta, al caer se lastimó la cabeza. Eso provocó el enfrentamiento. La gente reclamó y comenzó la agresión contra la población.
Como hormigas, hombres y mujeres respondieron a los golpes. Era injusto que de afuera, contrarios a nuestro movimiento, nos vinieran a golpear. Algunos fueron a la iglesia a repicar las campanas.
Desde muy adentro nos hirvió la sangre por los más de quinientos años de opresión. De por si nacemos con ese coraje encerrado, en el momento menos pensado liberamos nuestros ansias de libertad.
Quise apaciguar, pero al ver ojos decididos me aparté. Lo sentía mucho, pero no, aquí no era la India para luchas tan pacíficas. Llegaron refuerzos de Tecoluta, San Isidro, Pajonal, Guaytalpa, Tapotzingo, Tucta, de muchas comunidades.
Irradiando calor de cuarenta grados, el sol empezó a cantearse. Los cientos de cuerpos empapados de sudor se arremolinaban como la furia del río que cada año se desborda. La masa humana mecía peligrosamente a los ADO. Uno de los choferes intentó saltar por la ventanilla; con la sangre helada volvió al volante. Zumbaban los chacos y los bastones kendo.
Las quince alcantarillas y bloques apilados frente a la delegación municipal, en minutos los hicimos pedazos. Los trozos cruzaban el aire para hacer blanco en los autobuses, policías y la interminable cola de vehículos con acarreados.
--¡Que los autobuses rompan el cerco sobre lo que impida! –gritaron los guardaespaldas de Neme Castillo.
Los choferes avanzaron lentamente entre la lluvia de piedras. Los vidrios de los parabrisas dejaron líneas de cristal a los lados del camino. De las demás comunidades seguían llegando refuerzos en grupos de cuarenta, sesenta vecinos.
Luego, la calma y el conteo. Quedaron toletes, cascos de granaderos, escudos, tres pistolas escuadra --calibre nueve milímetros-- y tres cadetes del Colegio de Policía detenidos en la cárcel.
En pocas horas sufrimos la ofensiva de la prensa al servicio del gobierno en contra del FDN tergiversando, como siempre, los hechos.
--Hay que levantar un acta de la verdad —sugirieron don Bonifacio Hernández, Lucas López, don Chema y doña Lencha.
Así lo hice en la máquina de escribir, lo firmaron el consejo de ancianos y autoridades que manejaban sellos en la comunidad.
Los policías detenidos solicitaron al pueblo, mediante un escrito, su libertad, asumiendo su responsabilidad de iniciar la agresión.
Le envié esos documentos a López Obrador, quien paró así la andanada de acusaciones en el Instituto Estatal Electoral de Tabasco (IEET) y en todos los periódicos y noticieros de radio y televisión. Lo culpaban de incitar a la agresión del candidato del PRI.
Hasta aquí el relato de Hernández Gerónimo.
Al tiempo que el maestro Rogelio insistía en echar a andar a la rotativa, llegó una cámara para el negativado que aportó Guillermo Hübner Díaz, de aquellas sobre riel, que tuvo que darse de baja al comprar una moderna.
Desde 1989 los reporteros Armando Guzmán, Roberto Barboza, Fernando Hernández, José Chablé y Audelino Macario gestionaban recursos, promovían la empresa.
Relató Audelino Macario que fueron a ver hasta el ex gobernador Enrique González Pedrero en sus oficinas del Fondo de Cultura Económica. Atento, les expuso la metáfora aquella de la escalera:
--Un periódico es como la escalera que necesitamos para ver lo que no todos pueden ver y que ustedes tienen que contar. Pero hay temas en los que hay que subir mucho, muy alto, y si nadie abajo detiene la escalera, ¿qué pasa? por eso es importante la gente, los lectores, la sociedad civil, sosteniendo la escalera y dando firmeza a la acción del periodista.
En esa empresa, Ricardo Pascoe y el ingeniero del Río eran los socios capitalistas. Pascoe era un entusiasta de replicar la experiencia de La Jornada y por eso aportó dinero.
También financiaron el proyecto plural gente como Raúl Ojeda, Carlos Salazar y el doctor González Maza, además de militantes del Partido de la Revolución Democrática que aportaron lo correspondiente a la venta de una o dos reses.
Marzo estaba por finalizar y la presión aumentaba para que coincidiera la publicación con el aniversario luctuoso de Emiliano Zapata, el 10 de abril.
Los rollos de papel llegaron; en el bodegón sólo quedaba un pasillo, pero la imprenta seguía mascando el papel. Armando Guzmán estaba desesperado.
--O cambiamos a la rotativa o cambiamos de técnico –le decía al maestro Rogelio, quien en dos ocasiones le entregó las llaves, pinzas y ayudantes.
En los primeros días de abril se adaptó el cuarto oscuro y empezó a instalarse la sala de diseño. Las primeras tres computadoras fueron devueltas porque no tenían capacidad y ya estaban descontinuadas.
El cinco de abril llegó Ricardo Topete, acompañado de Ramón Bolívar, para entregarle a Pérez Mendoza el logotipo de la cabeza: La Verdad del Sureste, periódico de la sociedad civil.
Al otro día empezó a integrarse la planta de reporteros con Azarías Gómez González, Luis Enrique Martínez Hernández y Patricia Jiménez. Alberto habilitó como fotógrafo a su hermano Carlos que laboraba en el área pericial de la Procuraduría General de Justicia del Estado, quien firmó su trabajo fotográfico como Pericles.
Para la fecha meta del 10 de abril la rotativa todavía no estaba ajustada y en una de las reuniones diarias Primo Pérez de Tucta, Nacajuca, pidió integrarse a la plantilla de reporteros, a la que se había integrado como corresponsal de Cárdenas el profesor, Orlando Molina.
El día 15 empezaron las pruebas de diseño. Armando Guzmán ya preparaba un reportaje sobre la corrupción del alcalde de Cárdenas, Rodolfo Sánchez de la Cruz, hermano de Fernando, secretario de Gobierno; Azarías Gómez González, otro sobre la corrupción en el reclusorio.
Audelino Macario, subdirector en el exilio, envió trabajos desde Mérida, Yucatán, a donde lo había enviado La Jornada para protegerlo de la presión de Neme Castillo.
En esa semana se diseñaron las 16 planas. Para la portada se tomó como referencia la del diario New York Times, edición en español: un resumen de la nota principal, una fotografía central, el llamado de la nota secundaria y la columna Tumbando Caña, los reportajes irían en las páginas centrales y en contra portada la información de la injusticia. Ya se había contratado el servicio de noticias nacionales e internacionales de La Jornada.
También se organizó la distribución de los ejemplares en los municipios y para los estanquillos locales se apuntó Antonio Abad, un sindicalista, que a la fecha lo sigue haciendo.
La rotativa empezó a trabajar con las placas. El maestro Rogelio, por fin, estaba dando resultados. Para el 18 comenzaron las pruebas. El pliego ya corría pero el tintado no era uniforme. Otra vez a desmontar y volver armarla.
La mañana del 22 de abril, en la reunión de rutina Pérez Mendoza pidió informes del avance en las diferentes áreas y lanzó el reto: Mañana trabajamos para salir el 24. La noche del martes 23 hubo fiesta con una taquiza que aportó Armando Guzmán.
El miércoles 24 de abril La Verdad del Sureste publicó la primera parte de lo que se decía en voz baja: Cárdenas, empresa familiar de los Sánchez de la Cruz, nepotismo y corrupción hunden al municipio, reportaje de Armando Guzmán.
En el centro, la fotografía de la larga marcha de Aquiles Magaña protestando contra la imposición y como nota secundaria: Por mentir, el procurador está a un paso de la cárcel, con el balazo: la CNDH insiste en que sea investigado, reportaje de Azarías Gómez González. Agentes ministeriales habían torturado hasta darle muerte al vecino de Las Gaviotas, Jesús Manuel Martínez Ruiz y los presuntos homicidas gozaban de impunidad
La columna Tumbando Caña de Armando Guzmán informó: la Feria se hizo negocio, Chucho Arrollo se lleva todo.
El compromiso fue colocar en el mercado cinco mil ejemplares para que La Verdad del Sureste fuera autofinanciable.
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