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La Verdad del Sureste

ASUMIR LA POLITICA../ PORFIRIO MUÑOZ LEDO


Mario ha sido definido como una combinación de hombre de lectura, pensamiento y acción. “Utopía y pragmatismo se conjugan con naturalidad y coherencia.
Mario ha sido definido como una combinación de hombre de lectura, pensamiento y acción. “Utopía y pragmatismo se conjugan con naturalidad y coherencia.
La reflexión y la acción de las políticas se han vuelto notoriamente insuficientes para transformar la realidad. Es sorprendente la calidad y cantidad de estudios que aparecen para dar cuenta de los estragos de la era que está feneciendo. También los testimonios intelectuales de quienes han sido actores destacados de la historia reciente. Aun más los encuentros en coloquios y agendas incapaces de cambiar un ápice el curso de los acontecimientos.

Acabo de recibir una obra señera de Mario Soares, amigo entrañable que vive con plenitud sus 87 años y símbolo por excelencia de las transiciones democráticas de la segunda mitad del siglo XX. El testimonio es vasto, profundo y preciso. El título “Un político que se asume” es al mismo tiempo el rescate de una profesión desacreditada y degradada en tiempos neoliberales y un acto de fe en las posibilidades de la imaginación y del quehacer político en el cambio histórico.

Es este trabajo culminación de muchos otros intentos estimulantes para entender el mundo y actuar en consecuencia. Mario ha sido definido como una combinación de hombre de lectura, pensamiento y acción. “Utopía y pragmatismo se conjugan con naturalidad y coherencia y son determinantes para su radicalidad en la defensa de los principios democráticos”. La descolonización, la equidad en las relaciones sociales y los fundamentos cívicos de una convivencia plural son señales permanentes de su prolongada trayectoria.

“Siempre me he asumido -dice Soares- como un profesional de la política, a pesar de haber ejercido diversas profesiones de acuerdo a las circunstancias de tiempo y lugar”. El conjunto estructuró  “una formación  política-ideológica” sobre ejes fundamentales: “espíritu republicano, culto de la libertad, ética del servicio público y rechazo a toda forma de dictadura.”

“También he volteado siempre hacia el futuro con esperanza y optimismo”. Un futuro que no podemos ver “con tonalidades suaves”; “el sentido de la realidad nos obliga a considerar los enormes desafíos que la política y los políticos tendrán que  asumir para la consolidación de las instituciones democráticas y la desconcentración de los poderes económicos”.
El análisis que formula sobre la situación europea y la inminencia de un colapso económico global no aporta sin embargo razones para mantener un talante optimista. El tema central es la restauración de la gobernanza mundial. Empresa inasequible mientras los tomadores de decisiones se encuentren maniatados por la “supremacía de un mercado manipulado desde los centros de poder económico”.

Subraya por ejemplo cómo una calificadora de riesgo puede revertir de un plumazo un proceso democrático y los gobernantes son relevados de sus cargos por el sólo empeño de amortiguar la carga de las decisiones financieras sobre los más necesitados. Lo que se vive, sobre todo en Europa, es la abolición de la política y la deslegitimación del Estado: la conversión de las instituciones públicas en comités de administración de los intereses económicos.

La agenda del G20 más parece el recetario de una sala de urgencias que un diseño coherente para corregir las graves distorsiones originadas por una crisis sistémica. No hay diagnóstico posible sin el conocimiento de los orígenes del padecimiento, a riesgo de reproducirlo al infinito. La evaporación de la política conlleva la disolución de los fundamentos mismos que justifican la existencia del Estado.

Afrontamos una crisis severa de la representación política o más bien, toda autoridad pública se torna en agente del capital financiero. La entidad estatal ya no es portadora de soberanía ni encarna las fuerzas emergentes que han producido los grandes cambios del pasado.

En el sustrato de toda transformación está uno o varios sujetos históricos que ordenan las relaciones sociales y los procesos de acumulación. Entre el poderío financiero y la dispersión de los indignados no se percibe por ahora el espacio para el surgimiento de un nuevo sistema representación política.

En tanto ello no ocurra los políticos estaremos condenados a ser sembradores de dudas y promotores de utopías. Esa es la moraleja que se desprende de esta espléndida obra.

El Universal, 28 de febrero de 2012

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