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La Verdad del Sureste

La atroz herencia de Arturo Núñez


Por fin se acabó el sexenio del perredista Arturo Núñez Jiménez, quien escapó como un ladrón en  la noche,  sin dar la cara a los tabasqueños que confiaron en su malogrado proyecto político. La herencia atroz que deja no debe quedar impune ni debe olvidarse, sobre todo por el colapso del sector salud, porque el pueblo que olvida su historia, está condenado a repetirla.
    Considerado por muchos como un gran estadista, en 2013, con la esperanza a cuestas de un pueblo infamemente agraviado durante el cacicazgo de los gobiernos priistas, su gobierno, el del “Cambio Verdadero” prometía, ahora sí, llevar a Tabasco por la senda de la prosperidad, el desarrollo, la disciplina financiera, la transparencia, rendición de cuentas, que los tabasqueños experimentaríamos un verdadero Estado de Derecho, así como una autentica y verdadera libertad de expresión.
    Gobernaron con mentiras, se enriquecieron con el presupuesto y se burlaron mezquinamente del pueblo. Arturo Núñez resultó ser el peor gobernador del que tenga memoria Tabasco, inclusive fue calificado como el peor de México con el 1.4% de aprobación.  
    La herencia de Arturo Núñez es atroz: ni prosperidad ni desarrollo, el desempleo es abrumador; el robo de auto, secuestro, asaltos e inseguridad en general se desató como nunca antes, la disciplina financiera fue solamente un espejismo al igual que el Estado de Derecho, sino, que lo digan los miles de trabajadores que tuvieron que tomar las calles para exigir el pago de salarios y prestaciones de fin de año, además de la deuda oculta que deja con proveedores y contratistas del gobierno que no fue sustentada ni documentada por Finanzas.  
    Al igual que los regímenes priistas, el de Arturo Núñez Jiménez, fue un gobierno intolerante a la más mínima critica viniera de donde vinera, no había derecho a cuestionarlos, ni a incomodarlos, no existió oposición como tal; PRI, PAN, PVEM y hasta Morena no alzaron suficientemente la voz, si al caso, un murmullo ahogado por el férreo control sobre los medios de comunicación.
    Núñez gobernó como quiso y con quien quiso, hizo y deshizo a su antojo sin ninguna oposición, siguió endeudando al estado y decidió aliarse a Enrique Peña Nieto, traicionando los principios del movimiento que lo llevaron a la gubernatura;  apoyó sin ningún pudor la malograda reforma educativa y la peor de todas, la reforma energética, prometiendo que llegaría abundancia de empleo e inversión a Tabasco.
    El “cambio verdadero”  nunca llegó, por el contrario la descomposición social en Tabasco se agudizó consecuencia de la grave crisis económica,  mientras en el régimen nuñista no hubo la voluntad, la capacidad ni la autocrítica para corregir lo que se tenía que corregir. Se ahogó en su propia autocomplacencia, se creyó sus propias mentiras difundidas en la propaganda insertada en los medios de comunicación, su arrogancia fue su perdición.
    Es de sorprender que el repudio contra Arturo Núñez Jiménez, es tal, que inclusive opaca al de Andrés Granier Melo, no hay en las calles quien lo defienda, todos quieren verlo en la cárcel, a él, a su esposa Martha Lilia López Aguilera y a su cómplice, Amet Ramos Troconis,  los grandes responsables de la tragedia que vive Tabasco, así lo han juzgado los tabasqueños.
    Sin embargo, el Congreso del Estado dominado por Morena, en la calificación de las cuentas públicas 2017 de los tres poderes del Estado, no dio muestras de voluntad para revisar a fondo el ejercicio de los recursos públicos.
    Aún falta por calificar la de 2018, un año clave por la magnitud del quebranto financiero del gobierno estatal y seguramente en los siguientes días, semanas y meses el recién estrenado gobierno de Adán Augusto López Hernández, confirmará la magnitud del daño al erario público, la atroz herencia del gran estadista llamado Arturo Núñez Jiménez, hoy convertido en el verdugo de los sueños y esperanzas del pueblo de Tabasco.
    El último acto de Arturo Núñez, del que se tenga conocimiento, fue la penosa entrega del mercado José María Pino Suárez, que hizo amparado en la noche del 30 de diciembre, oculto al escrutinio de los medios de comunicación, de espalda a los locatarios y de los tabasqueños en general.
    Lo que debió ser una fiesta por la entrega de la obra de su sexenio, que por cierto esta inconclusa, terminó siendo una clara muestra de su fallido gobierno, escondido ante el apabullante reclamo de los tabasqueños que se volcaron en las calles para exigir el sustento de sus familias.
    En sus últimos días como gobernante, solamente hizo contacto con el mundo exterior a través de Twitter, asegurando que su gobierno le pagaría a todos, salarios y prestaciones de fin de año, sin embargo, se fue y no cumplió, dejó sumido al estado en la más grave crisis de la que se tenga memoria, con Villahermosa paralizada por los bloqueos de miles de trabajadores.
     Hoy inicia una nueva etapa en la vida política de Tabasco, tenemos un nuevo gobernador, y el “gabinete de la reconciliación”, tiene una tarea mucho más complicada y difícil que la que recibió en enero de 2013 el gobierno de Arturo Núñez, comenzando por la galopante y perturbadora inseguridad y el colapso de los hospitales públicos, la cual no debe quedar impune.
    En el gabinete hay nombres que gustan, otros no del todo y hay los que de plano no,  sin embargo, hay un nuevo capitán dispuesto a sacar al estado del fondo del pantano y costurar los pedazos que ha dejado el desgobierno nuñista.
    Bastante ha sufrido el pueblo de Tabasco con los malos gobiernos, comenzando por el de Roberto Madrazo, Manuel Andrade, Andrés Granier Melo y la cereza del pastel, Arturo Núñez Jiménez, por lo que significaba su llegada al gobierno, por lo que pudo ser y en lo que terminó convirtiéndose… El gobernador más aborrecido por los tabasqueños.

 

 

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