Candidotes
@UTufigno
A poco más de dos años que concluya el sexenio de Enrique Peña, la pelea por el 2018 comienza a acelerarse de manera vertiginosa entre las distintas fuerzas contendientes, en donde nada está definido, salvo el caso de Morena.
Si los presidentes de los tres partidos que firmaron el “Pacto por México” (que no se le olvide este detalle, amigo lector) acudieron a la principal televisora a participar en un debate, no lo hicieron tanto para defender su ideología y visión de país, sino más bien para atacar a su principal adversario, quien rechazó acudir a dicho encuentro.
Era cándido suponer que el aventajado aspirante presidencial asistiría a dicha trampa, perdón, a dicho debate. Pero ni falta que hizo porque su fantasma estuvo presente desde las primeras palabras del conductor y del joven líder de los blanquiazules quien, por cierto, se disparó en el pie cuando le recriminó a Enrique Ochoa que al día de hoy los empleos son peor pagados. ¿Se le olvidó a Ricardo Anaya que Felipe Calderón reformó la legislación laboral?
En una guerra de lodo es difícil decir si alguien ganó la discusión, pero creo que al menos puedo afirmar algo: si nos atenemos exclusivamente a las palabras vertidas ante las cámaras, nadie sería capaz de decir cuál es el programa de acción de los partidos ahí representados, en donde la presidenta del PRD no pasó de ser una simple espectadora.
Triste papel para el partido amarillo que, después de muchos años de no hacerlo, se atrevió a marchar sobre la principal avenida de la Ciudad de México para reclamar a Los Pinos que el presupuesto para la capital se vio reducido en la misma proporción en que aumentó el presupuesto para el estado de México. Casualmente para el año en que se renueva la gubernatura.
Me llama la atención que el principal reclamo del gobierno capitalino frente al gobierno federal sea la asignación de cero pesos para el fondo de capitalidad, que es algo así como una especie de compensación que se otorga a la Ciudad de México por ser la capital del país. ¿Pues entonces dónde quedó el festejo de haber dejado de ser Distrito Federal? ¿Acaso la autonomía no era como una especie de mayoría de edad? Pongámonos de acuerdo.
Además, fue muy cándido quien supuso que el gobierno federal tricolor le entregaría un generoso presupuesto para realizar obras de relumbrón que apuntalarían su eventual candidatura presidencial, a pesar de que persiste en la indefinición ideológica, la cual no parece tener la menor importancia si nos atenemos al contenido del debate televisado.
A propósito de obras de relumbrón: ni duda cabe que en este tema el gobernador mexiquense, Eruviel Ávila, se lleva el premio del año. Sólo a él se le pudo ocurrir la construcción de un teleférico como medio de transporte en el municipio que es considerado el peor lugar para vivir en México.
Como alguna vez el personaje de James Bond rodó unas escenas arriba de un teleférico, no se extrañe usted, amigo lector, que el agente secreto sea invitado nuevamente a nuestro país para librar nuevas batallas a bordo de dicho transporte. Claro, si es que la delincuencia no se roba antes el cable del teleférico.
De manera no tan discreta, tanto Eruviel Ávila como Miguel Ángel Osorio han comenzado a evidenciar sus aspiraciones presidenciales. En días pasados inició en redes sociales la difusión de un promocional del todavía Secretario de Gobernación en el que, cobijados por una música “anti estrés”, aparecen varios mensajes: “un país tan grande y diverso como México necesita de nosotros”; “México es la razón para trabajar juntos”. Y otros más.
¿A estos actores de la política tricolor ya les habrán dado el banderazo de salida o son tan cándidos como para suponer que el proceso interno de su partido se va jugar bajo reglas democráticas?
Luis Videgaray fue separado de su cargo luego de la invitación a Donald Trump. Su figura se había desgastado pero eso no significa que, en automático, haya quedado fuera de la lista de nombres que Enrique Peña repasa cada noche. Como tampoco creo que esté descartado Aurelio Nuño. Sin embargo, el apapacho que la directora del Fondo Monetario Internacional le dio a José Antonio Meade, puede ser definitorio.