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La Verdad del Sureste

La cena (Colosio, 25 años después)


Llámele usted como quiera: AMLO, “peje”, Obrador, presidente o simplemente Andrés, el caso es que muy pocos podrán negar la habilidad comunicativa del primer mandatario, quien desde que fue Jefe de Gobierno de la Ciudad de México tuvo la gracia de posicionar los temas de la agenda pública. El resto de la clase política normalmente ha sido reactiva a los dichos de Andrés Manuel Si el presidente revela que cenó con representantes personalísimos de Donald Trump en casa de uno de los directivos de la poderosa televisora comercial, la incipiente oposición lo cuestiona de manera furibunda sin mayores argumentos que recurrir a las comparaciones. La misma postura asumieron comunicadores quienes no terminan de comprender la nueva realidad política: no aprecian que se enteraron del encuentro por voz del propio Andrés.
En el pasado sabíamos de ese tipo de reuniones “en lo oscurito” por filtraciones a la prensa, no por la palabra de sus actores. Muchos columnistas hicieron de las filtraciones –ciertas o falsas- su principal arma informativa, siempre resguardada en la secrecía de sus fuentes. Hoy, al menos en lo que hace a la actividad presidencial, la fuente es el mandatario.
En su conferencia mañanera del pasado viernes, López Obrador mencionó que había cenado con Luis Donaldo Colosio dos días antes de que éste fuera asesinado. La reunión con el entonces candidato presidencial no en sí misma una novedad (Andrés la refirió en uno de sus primeros libros y en una entrevista a una revista de circulación nacional), pero seguramente el contexto político de la época fue factor para restarle importancia.
Sin embargo, 25 años después, con Andrés como primer presidente surgido de la izquierda, toman relevancia aquella cena y los motivos que pudo haber tenido el candidato Colosio para buscar el encuentro con quien en ese momento era un líder con presencia regional.     
Para entender las posibles razones del abanderado tricolor habría que remontarnos a la época: la hegemonía absoluta del PRI se había tambaleado en el proceso electoral de 1988 con la aparición del Frente Democrático Nacional que nació, entre otras razones, por la cerrazón al interior del partido dominante. Si hemos de creer en Agustín Basave, Colosio le habría dicho que el avance de la democracia en México pasaba por la derrota del PRI.
Julio de 1989. Centenares de militantes priistas de Baja California vituperan a su líder nacional, Luis Donaldo Colosio, a quien culpan de la histórica derrota de su partido en las elecciones a gobernador de dicho estado. Resguardado por una foto de Carlos Salinas, la noche del 4 de julio Colosio había reconocido que la “tendencia de los resultados en la gubernatura favorecen al candidato del Partido Acción Nacional (Ernesto Ruffo)”.  
¿Realmente Colosio iba en camino, como lo afirma Basave, de contribuir a la democracia vía la derrota electoral de su partido? Difícil de creerlo y más de saberlo. Porque en ese mismo proceso electoral de 1989, Michoacán también estaba en disputa, con toda la inercia del cardenismo emergente de un año antes. Pero mientras en Baja California soplaron vientos democratizadores, en Michoacán las esperanzas de la alternancia fueron apagadas por el partido de Estado.
Colosio afirmó en aquel momento: “Michoacán entendió nuestro llamado, diferenció los proyectos, el que pretendió usufructuar la leyenda y el que supo asumir la historia. Nosotros no aceptamos cobijarnos en el pasado”. Quedaba claro que el supuesto cambio democrático no era más que una cuestión selectiva. El año de 1994 tiene todos los tintes para ser considerado un periodo dramático en la historia moderna de México. Por ejemplo, el surgimiento del EZLN en la arena nacional resucitó a un berrinchudo Manuel Camacho, de tal suerte que las menciones periodísticas a éste ocupaban las primeras planas, en tanto que las referencias a Colosio fueron desplazadas a páginas interiores Ante una candidatura presidencial que no levantaba, se hablaba entonces de la posible sustitución del candidato Colosio. En este contexto buscó a Andrés Manuel, virtual candidato del PRD para enfrentar a Roberto Madrazo por el gobierno de Tabasco, para formar un partido “que agrupe a todas las fuerzas progresistas del país”, propuesta que no fue aceptada.
Dos días después Colosio fue asesinado y ya nunca sabremos si realmente hubiera contribuido a la democratización de México.  

      
 

 

 

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