Choferes del servicio público, lo peor de Tabasco
Si preguntan qué es lo peor de Villahermosa y en general de Tabasco, sin duda la respuesta de la mayoría de los tabasqueños y de los visitantes a nuestro estado responderán que los choferes de taxis, combis y pochimóviles. Y no con poca razón, pues en esas unidades han sufrido insultos, asaltos, secuestros, violaciones y homicidios.
El juicio emitido contra ellos no es exagerado; basta revisar los archivos de la Fiscalía General del Estado (FGE) para encontrar datos de los múltiples crímenes cometidos en esos ataúdes rodantes.
Y también bastaría revisar los archivos de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes para darse cuenta de las múltiples ilegalidades en las que incurren los choferes, quienes a diario ponen en riesgo la vida de los usuarios, de los estudiantes, trabajadores, de nuestros familiares.
Pero, después de este pequeño catálogo de aberraciones la pregunta obligada es: ¿Por qué no se les ha metido al orden? ¿Por qué siguen haciendo de las suyas? Pues una, porque son parte del clientelismo político-electoral que ha utilizado por muchos, y dos, porque los ciudadanos no han realmente levantado la voz, han sido apáticos ante tanto abuso e injusticia.
Sin embargo, también hay que decir que algunos de quienes han protestado por algún abuso, han encontrado poca o nula respuesta o demasiada burocracia por parte de las autoridades.
Por ello, las nuevas autoridades que entrarán en enero deberán tener mano dura y aplicar una política de “cero tolerancia” con los choferes, a fin de que los ciudadanos se sientan seguros al abordar taxis, combis o pochimóviles.
En caso extremo, los diputados deberán endurecer las sanciones y hacer leyes más estrictas y la SCT aplicarlas debidamente, para demostrar qiue se están haciendo bien las cosas, con correctivos ejemplares, sin excusa ni pretexto, pero sobre todo sin tolerancia.
Y no lo digo por los accidentes de la semana pasada, de un taxi en la vía a Macuspana –donde murieron cuatro personas--, ni por el accidente en la vía Jonuta-Centla donde resultaron lesionados muchos otros, ni por el cobarde asesinato de un ama de casa a la que subieron a la fuerza a un pochimóvil y al otro día apareció muerta y su pequeño hijo deambulando por la calle.
Esos son apenas unos pequeños ejemplos ante el cúmulo de fechorías que estos choferes --con sus contadas excepciones-- cometen arriba de sus unidades, ante la mirada complaciente de algunos funcionarios que se prestan a prácticas corruptas al recibir su “mochada” para archivar los casos.
Por ello, tienen que hacerse exámenes antidoping semanalmente a esos brutos que pertenecen al servicio público de transporte en cualquiera de sus modalidades, y sí, dije brutos, porque lo que hacen no tiene otro calificativo, son brutalidades.
Y esas brutalidades son sufridas diariamente por los usuarios, pues un taxista va a la velocidad que quiere sin hacer caso de quienes le piden prudencia al manejar, insultan si se les insiste o de plano te bajan de la unidad “por sus calzones”, se estacionan en doble fila, bajan pasajeros a media calle, no prenden el clima, se te atraviesan, abusan de quienes ven más débiles –mujeres y ancianos— cobrándoles una tarifa más elevada o dejándolos “botados” donde ellos decidan por no cubrir el abusivo cobro.
Andan como locos por las calles, no son para nada amables, al contrario son patanes que le faltan el respeto a cualquier dama, se mal estacionan, pasan topes y baches a alta velocidad, sin contar que siempre traen la música con el volumen alto y si se les dice algo se molestan, y de todos modos siguen con su discoteca rodante, amparados en que las autoridades han sido blandas con ellos.
En fin, estas son sólo algunas de los abusos, injusticias y delitos que cometen estos ignorantes, aunque como dije, existen sus contadas excepciones, pero es necesario acabar ya con esta brutalidad detrás de un volante.
DE LA BITÁCORA DE LULA…
Las experiencias deben servir para aprender, sobre todo en el servicio público. Por eso, luego del robo de una estatua en la fuente de los niños traviesos y de los reiterados daños a las esculturas Olmecas en el Parque Museo La Venta, las autoridades deben diseñar un programa especial de protección al patrimonio escultórico, empezando por contar --si es que no lo tienen-- con un padrón pieza por pieza, moldes, ficha técnica y valor, pues no hacerlo constituye un agravio a los tabasqueños y su acervo cultural.
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