COMO VEO DOY
El Gregueriano: Al interior del Pacto Federal es el Senado quien representa a las entidades federativas; NO los gobernadores, NI la CONAGO.
Mientras en Villahermosa EP intentaba influir más a favor de sus candidatos –el primogénito y el bastardo del PAN-, desde Saltillo salía el mensaje de que: “Los gobernadores que no se involucren en la elección presidencial del primero de julio para tratar de cometer fraude y favorecer a los candidatos de su partido, tendrán el respeto de Andrés Manuel López Obrador como presidente de México”.
La amasia del borracho -la esposa se apellida Botella-, Zavala, dijo (mayo 19): “No cruzo la acera” –esto implica, hay solo una calle, pero tiene dos aceras: el PRI y el PAN-.
El PRI, a partir del 2000 y hasta 2012, pasaría a tener el rol o cumplir la encomienda que por 6 décadas había cumplido el PAN: la oposición leal que entra a la toma de decisiones cupulares en política, haciendo como que se opone pero estando de acuerdo en todo y sacando provecho o rebanadas del pastel (sean económicas o en la jerarquía política) para la parte de su cúpula.
Y dado que se habían tenido que entregar la Presidencia, buscaron un mecanismo o una figura que siguiera empoderándolos: crearon la CoNaGo, club de gobernadores que no tiene ninguna función legal ni operativa y sólo sirve para que los gobernadores en turno acuerden cómo hundir más a sus entidades y que los actos de corruptelas se oculten subnacionalmente –regionalmente-.
En 1999, la cúpula económica y clase política gobernante se enfrentó a la realidad de que el descontento nacional y la situación de precariedad económica y de servicios de más de 43% de los habitantes del país, ya no le permitirían continuar apoderada del y “gobernando” al país con un modelo en vías de extinción y con un partido que, por sus añejos vicios y décadas de mando, realmente había decepcionado a los mexicanos y hundido al país hasta el tórax de su cuerpo en una debacle.
En 1999, CONEVAL usaba otros indicadores –diferentes a los que usa hoy pues son muy tramposos y así no permiten que se mida, con sus datos, el desastre nacional-, que arrojaban que la población en el país sufría: Pobreza alimentaria: 24.1; Pobreza de capacidades: 31.8 de la población y Pobreza de patrimonio: 63.7 de la población.
Empresarios multimillonarios con algunos millonarios, políticos encumbrados de los partidos aliados por años (aglutinados en el PRI y el PAN), asesores de instancias supranacionales y de organismos cupulares transnacionales, se vieron en la necesidad de comenzar a hablar de “alternancia” en el poder y en la disyuntiva de ceder la Presidencia a otro partido, pero que estuviese conformado por sus socios y opositores leales que por 6 décadas se hubiesen hecho el juego “democrático”.
Zedillo, al igual que hoy Peña, no tuvo más remedio que entregarle el gobierno a un pobre diablo de apellido Fox que vendría a convertirse, no tanto en Presidente, sino en gerente o administrador del corporativo.
La otra opción o disyuntiva era continuar dejando en manos de los ya muy desgastados y desprestigiados magnates y gobernante, el mando en el país y ponerse al borde del estallido social y perder todo. En las revoluciones civiles, no se sabe en qué terminaran las cosas, ni quien se hará con el poder.
El modelito les aguantó otros 12 años. Para tratar de amainar la debacle y no perder totalmente el poder, esa cúpula económica y clase política gobernante, inventó algunos dispositivos de control y dilución del poder; uno de ellos es la Conferencia Nacional de Gobernadores (CONAGO), que aberrantemente pretende sustituir, dentro del pacto federal, al Senado. Ahora esa cúpula busca que se incluya en el texto constitucional a ese pacto o acuerdo político: una instancia administrativa, del poder Ejecutivo como figura legal. ¿Y el Pacto Federal? ¿Y el Senado?
Circunstancias políticas similares a las del año 2000, se repitieron en el año 2012 y se repiten en 2018. En el 2000. Zedillo, que había llegado a Presidente por circunstancias dramáticas y de vergüenza mundial, y representaba –sigue representando- a una parte de la cúpula económica y clase política gobernante, se vio obligado a entregar el gobierno a un “gerente o representante” (a lo mejor miembro) de la otra parte de esa cúpula. El pacto político de dicha cúpula económica y clase política gobernante fue; entregar la Presidencia al PAN y quitársela al PRI –el hermano siamés-. Siguió el juego de la bipolaridad de la cúpula económica y clase política gobernante: un partido hegemónico (PRI) con su oposición leal (PAN) con la que siempre se llegaba a acuerdos (PRIAN), aunque estos fuesen arteras puñaladas a la sociedad mayoritaria.
Se acabó.