CÓMPLICE II
El Gregueriano: La clase dirigente depredadora y codiciosa, que derrocha sus prebendas y abusa
del poder, aparece como un obstáculo en el camino.
No tiene ningún proyecto, no está animada por ningún ideal, no transmite ninguna ideología.
Cierto día, aquel poderoso personaje –mítico pero real-, en la etapa exacta en que iba saliendo del pináculo de su poder y se enrumbaba hacia su declive final, tomó decisiones que, para él habían sido bien pensadas, pero que, para la mayoría de sus cohabitantes y de una gran franja de la población, eran realmente aberrantes desilusiones.
Como Ombudsman Defensor de Derechos Humanos designó a Adolfo Hitler; como Fiscal Especial contra el Narcotráfico designó a Joaquín Guzmán Loera (El Chapo) y como Fiscal General contra las Drogas a Pablo Escobar Gaviria; como Procurador contra la Corrupción y el Soborno designó a Marcelo Odebrecht; como Ministro de Guerra a Mahatma Gandhi –y con esa designación, opinaba, le daba lustre a su gabinete-; como Director de Atletismo y Deportes a Blas de Lezo y Olavarrieta (aquel oficial tuerto, cojo y manco de la marina española del Siglo XVIII); como Secretario de Marina y para Batallas Navales al almirante Juan Bautista Silvestre de Villeneuve –derrotado aplastantemente en la Batalla de Trafalgar-; como Ministro para Erradicar la Tortura, la Discriminación, el Odio Religiosos y la Intolerancia a la Diversidad, nombró a Fray Tomás de Torquemada. Así sucesivamente.
Uno de los personajes que le hablaba al odio a este mítico -y real- poderoso personaje, alababa todas esas designaciones; para aquel “gana gracias”, todos eran “las personas idóneas para el cargo”.
Poco tiempo después de esas designaciones, apareció un analista que resultó crítico de aquellas. Se acercó al poderoso personaje para decirle: Vives en un absurdo. Tu realidad es una falsa realidad; es una “realidad virtual”. Haz olvidado que la oligarquía está compuesta por los mega ricos y la nomenklatura; que allí, los individuos libran una brutal competencia interna, una carrera agotadora por el poder y la ostentación y para mantenerse en carrera, para no caerse, para no venirse a menos, siempre necesitan más. No tarda y te devoraran ya que tú no le das más a quienes debes darles. Mal organizaste una desmedida explotación de la riqueza colectiva, repartiendo en cachitos tal riqueza. No sabes controlar sólidamente las palancas del poder aunque parecía que si sabrías hacerlo. Te cerraste a la clase media para beneficiar a una nata de clase putrefacta corrupta hasta la médula, cuyos retoños, a partir de hoy, ya no lograran integrar la casta sino con dificultad.
Gracias a ti, la clase media constituye un sector cada vez más débil de la sociedad, cuando antaño era el centro de gravedad del capitalismo social. Aún bastante seducida por los fuegos de la oligarquía como para complacerse o agotarse, esa clase media languideciente gracias a ti, en su nivel, en la carrera por el consumo ostensible, está comenzando a comprender que su sueño de ascenso social se está diluyendo. Incluso, ve abrirse la frontera, hasta entonces cerrada, con el mundo de los pequeños empleados y los obreros. Pulverizaste las oportunidades creando islotes de poder; te abandonaran pronto.
Los pequeños empleados y los obreros, del mismo modo y por tu causa, pierden la esperanza de penetrar en las clases medias. La precarización de los empleos, el debilitamiento que busca la oligarquía de los marcos de la solidaridad colectiva, el costo de los estudios, les hacen entrever el descenso hacia el nivel de aquellos de quienes se creían separados: la masa de los pobres que, en los países ricos, se debaten en la miseria de un día a día a base de fideos, conservas baratas y facturas impagadas. Agazapada en esa punzante mediocridad, yace la amenaza de deslizarse hacia la decadencia de la calle, el alcoholismo y la muerte anónima, alguna fría mañana y en consecuencia encaminar su apoyo hacia quien represente su esperanza, la cual ya no eres tú...
Y tú ¿Qué haces impávido gozando tus seis años de esplendor? Ver pasar el tiempo.