Saltar al contenido principal
La Verdad del Sureste

Consecuencias de la muerte de un político mexicano


Empiezo este artículo de manera un poco confusa, pues me embargan distintos sentimientos, muchos de ellos, encontrados. Decepción, enojo, congoja, euforia, sorpresa, molestia, satisfacción, tristeza, etc. En distintos grados cada uno de ellos, a consecuencia de la situación de criminalidad que impera en el país. Pues recientemente ocurrió un hecho que se veía más próximo, la ejecución de un familiar directo de un alto político mexicano, en este caso, el de José Eduardo Moreira Rodríguez, hijo del exgobernador de Coahuila y exsecretario del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y sobrino del actual gobernador de Coahuila, cuyo deceso ha causado gran revuelo en los distintos círculos de la política mexicana.

El funeral fue de los más emotivos que se hayan televisado en lo que va del año y se muestra un Humberto Moreira destrozado por la muerte de su vástago, dando declaraciones a los medios de comunicación: “pero esto no se puede aguantar, me mataron a mi hijo, le dieron dos balazos en la cabeza, unos desgraciados, espero justicia”. Y así, José Eduardo Moreira Rodríguez, pasa a ser parte de las estadísticas que día con día se ven engrosadas con el número de víctimas de esta guerra del narco… Y así debería de haber sido, pero sin embargo, al pertenecer a la elite política, y no digo que eso sea malo o un pecado, simplemente por haber tenido la fortuna de haber nacido en el seno de una familia de la alta aristocracia política de nuestro país, su asesinato no quedara impune, y en estos momentos se acciono un dispositivo para la captura de los responsables del trágico hecho.

Acto seguido, se sigue una línea de investigación bastante rigurosa, de la cual, son arraigados policías y sus respectivos jefes, como también el abatimiento de Heriberto Lazcano Lazcano, jefe fundador de los “zetas”, y cuya muerte vaticina más derramamiento de sangre. Ahora bien, ¿se necesita que mueran más hijos de políticos o sus familiares directos para que se pueda obrar de manera rápida y enérgica contra el crimen organizado?, como una vez le espeto en la cara a Felipe Calderón en Ciudad Juárez, la señora Luz María Dávila, madre de 2 muchachos ultimados el 31 de enero de 2010: “si a usted le hubieran matado un hijo, debajo de las piedras buscaba al asesino”.


Con estas últimas acciones se confi rma el hecho de que cuando el gobierno quiere y necesita hacer algo, no importa los recursos, ni las leyes para poder lograr sus objetivos, llámese pasión, venganza, amor, patriotismo o el sentimiento que este de por medio, no hay límites para cumplir sus objetivos personales, pero sin embargo, para el cumplimiento de sus deberes públicos, se impone un protocolo burocrático, que muchas de las veces raya en lo ridículo y malsano, dando a entender que tienen que velar por los intereses de los demás (familiares, amigos, compadres), y no puede hacer caso a demandas de carácter popular, para no caer en posturas populistas o cualquier pretexto para ser tachados de gobiernos débiles o títeres.  

¿Te fue útil? Comparte: Facebook X WhatsApp Telegram

Entérate de más