CRISIS DE VALORES E INSEGURIDAD
Sin que parezca manifestación de alivio, la situación de inseguridad que se vive en México es algo que ha golpeado a todas las regiones, y aunque en algunas de estas, principalmente en las del norte del país, se ha recrudecido, lo ideal sería que no se registrara, pues en la última década, la sociedad mexicana ha enfrentado una escalada de violencia agravada, cuya raíz, en la mayoría de los casos, se encuentra en la crisis de valores que vivimos.
Todo mundo opina, todo mundo escribe, pero aquí es importante reflexionar sobre qué estamos haciendo como familia, porque estamos más preocupados por el mundo que le dejaremos a nuestros hijos, cuando lo verdaderamente importante es qué clase de hijos queremos dejar al mundo.
Es aquí donde los valores cobran relevancia, pues estos, además de que se asocian con aspectos como la moral e incluso con el ámbito religioso, la falta de estos da pie a corrupción, impunidad, falta de respeto a los derechos humanos, mentira, desintegración, conflicto familiar, deserción escolar, desobediencia, drogadicción y violencia, y entonces sobreviene el caos.
Así, como catálogo de ocurrencias, se me viene a la mente, por ejemplo, preguntar si todos revisan las tareas de sus hijos, si se preocupan de que asistan a clases, que hagan algo productivo, si se fijan con quién se juntan y a qué se dedican sus mejores amigos, en qué ocupan su tiempo libre o qué calificaciones llevan. ¿Será que van de vez en cuando a la escuela a preguntar si asisten y cómo se comportan?
Educar en valores desde la infancia, enseñar la importancia de ser honestos, de no robar, de decir la verdad, así como inculcar la conciencia de que cualquier acción fuera de la ley conlleva el riesgo de cárcel e inclusive la muerte, es básico y debe ser regla familiar.
Obvio, las autoridades también deben hacer su parte y esa es, propiciar calles seguras, libres de delincuentes, prevenir la posible comisión de delitos o actos ilícitos, mantener alumbrado público en las calles, establecer programas efectivos de deportes, de combate a la criminalidad, de orientación social, pero también de establecer óptimas condiciones laborales a quienes a diario se enfrentan a la delincuencia, los policías.
Por tanto, los retos que se vienen en materia de seguridad pública --pero también en difusión de valores y cohesión familiar-- para los gobiernos federal, y estatales, que entrarán en funciones no son menores, ya que hasta el momento, la lucha que se ha dado para disminuir las índices de criminalidad que han mermado la paz social han sido infructuosos en general.
El linchamiento de cuatro personas en Macuspana, y días más tarde el asesinato de dos menores, una mujer y un hombre, todos de la misma familia en el mismo municipio, así los de un padre y su hijo en la capital, y de un empresario en Teapa, sin contar con el surgimiento de un grupo armado presuntamente integrado por empresarios, son algunos síntomas inequívocos de la descomposición social e inseguridad que se vive no sólo en Tabasco, sino en todo el país.
Desde hace varios años la desconfianza de la sociedad hacía varias instituciones va en incremento, siendo la Seguridad Pública una de las instancias con mayor deterioro, esto debido a diversos factores como la corrupción, la falta de capacitación y buenos salarios, la crisis de valores y la ausencia de herramientas y recursos adecuados para realizar su trabajo. Por tanto, hoy más que nunca resulta indispensable que las instituciones policiales dispongan de personal capaz de otorgar a la sociedad la seguridad que tanto anhela, pero también que en el seno familiar se realicen esfuerzos por formar buenos ciudadanos, respetuosos y con valores, pues estos generan reglas que dejan en claro cuáles son los límites y las consecuencias de rebasarlos.
La escuela también debe aportar su parte, pero desgraciadamente ha dejado, en parte, de ser centro de formación de niños y adolescentes, porque el internet provee toda la información que antes recibíamos en las aulas, pero también, hay que decirlo, por la ausencia --en algunos-- del valor de la honestidad para enseñar y la falta --en otros-- de vocación, al no interesarles más que los días 15 y 30 de cada mes. Por ello, sin valores no hay orden social, y sin este, sobreviene el caos.