Cuestión de control
Chivas no perdió el Clásico Nacional, pero tampoco puede presumir haberlo ganado. Y esa diferencia importa.El problema del Guadalajara no fue ponerse 2-0 arriba. El problema fue no saber qué hacer después.
Durante el primer tiempo, el Rebaño jugó como debía jugar un equipo que quiere ganar un Clásico: presionó, atacó los espacios y fue contundente. Bryan González y Ricardo Marín hicieron el trabajo. América estaba contra las cuerdas y Chivas tenía todo para dar el golpe.
Pero el segundo tiempo expuso algo más profundo: cuando perdió el control del partido, Chivas perdió también la calma.
El propio Gabriel Milito admitió que a su equipo le faltó hacer posesiones largas y atacar mejor. No es un detalle menor. Un conjunto que aspira a competir arriba necesita saber administrar una ventaja, bajar el ritmo cuando conviene y obligar al rival a correr detrás de la pelota. Chivas no pudo hacerlo.Y América, que estaba prácticamente muerto, encontró oxígeno.
El ingreso de Miguel Borja terminó de desnudar el problema. El colombiano marcó dos veces en tres minutos y convirtió la seguridad rojiblanca en nervios. Después del 2-1, Chivas dejó de jugar su partido y empezó a jugar el partido que América quería.
El Rebaño no necesita otro discurso sobre carácter. Necesita aprender a cerrar los partidos. Porque tener dos goles de ventaja en un Clásico y terminar empatando no es mala suerte: es una oportunidad desperdiciada y una señal de que todavía hay mucho que corregir.