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La Verdad del Sureste

¿DESASTRE COMO ESTRATEGIA?


Los desastres naturales cambian todo, empezando por la policía electoral. Entre el desastre de los sismos, el descrédito de los partidos políticos y la próxima discusión del paquete económico para 2018, se está haciendo otro desastre mayor. ¡Ahora resulta que todos los partidos están jugando a las competencias de haber quién da más!
    Qué desvergüenza y cinismo. Pero todo fue por causa del sismo: la gente empezó, ahora sí, a unirse para presionar a los partidos a que dejen de percibir tanto recurso y mal gastarlo. Pero los partidos, voraces a más no poder, dicen que lo van a donar. ¿Qué van a donar?, La situación que vivimos sumada al problema de los sismos, no permite seguir con la situación descontrolada de financiar a una clase política corrupta y depredadora, vividora, que se escuda en las dirigencias de los partidos.
    La cúpula de los partidos políticos que integran el sistema legislativo nacional están aterrorizadas ante los efectos del sismo, de tal manera que desde distintas trincheras partidistas han debido hacer propuestas para responder a la sociedad agraviada por los excesos de quienes dicen representarlas. Así, las mencionadas cúpulas están en puja para ver cual ofrece mayor porcentaje del presupuesto que les asigna el INE para que se destine a tareas de reconstrucción. Nada más que su interesada solidaridad, para ser autentica, tiene que tomar otros cauces.
    Más allá de las diatribas del tipo, “no se confundan, no es dinero de los partidos sino nuestro” y cosas así, hay que anotar que ese dinero ya está comprometido para el pago de sus multas, salvo que prive la idea de que los partidos no paguen las infracciones a la ley en las que han incurrido. Por cierto, si aceptamos que es indebido dispensar de eso a los partidos, debemos tener en cuenta que esos recursos del pago de sus multas se orientan a la hacienda pública que distribuye la propuesta del presupuesto federal en diferentes rubros, por ejemplo, la atención a los damnificados.
    Los líderes de los partidos políticos lo saben, por eso hablan del dinero como si fuera suyo y se meten en una puja macabra por quién da más aunque ninguno, en realidad, dé nada. Pero nada. Ojalá que el atolondrado y atarantado público mexicano no caiga en esa farsa de los partidos políticos.
    No hay que dudar de que algunas organizaciones se estén aprovechando de este desastre para andar moviéndose en el ambiente rumbo al 2018: en su búsqueda desesperada de apoyo, prometen pero solo es eso, aprovechándose de la gente que más lo necesita, a cambio de sus votos.
    El riesgo está ahí, en la población más vulnerable, el intercambio de dame votos y te doy aportes para amainar tu tragedia. El voto del hambre.
    Pero pese a esto nos damos cuenta que la sociedad de ahora ha respondido de la manera más generosa, sin importar las edades, status social o condición. La población cada vez más se encuentra informada debido a la tecnología (en ocasiones siendo utilizadas con un buen fin estas redes sociales); día con día la ciudadanía conoce más sus derechos y por ello los defienden y alzan la voz. Una vez más se comprueba que la ciudadanía es infinitamente superior e inteligente que los que nos gobiernan.
    Como resultado de vivir una experiencia inédita, las acciones de rescate en aquel jueves fatídico del 19 de septiembre del 85 fueron casi nulas  por parte del  gobierno –que se quedó pasmado durante una semana-; fue entonces cuando la población tomó las riendas de su ciudad y levantó escombros; salvaron a sus vecinos y rescataron los cuerpos de sus familiares.
    La experiencia obligó a los ciudadanos a exigirle a su gobierno medidas específicas para actuar en estas catástrofes; por lo que tanto el Gobierno Federal como el  Distrital  tuvieron que aceptar y capacitar a la sociedad para su bienestar. Ahora, esa experiencia acumulada ha saltado a otros niveles: ante un gobierno inoperante, un pueblo despierto y solidario.
   

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