DESDE ABAJO

El pueblo pone, por lo tanto el pueblo quita

México ha entrado en un profundo cambio. El líder del movimiento de regeneración, Andrés Manuel López Obrador, sostiene que entramos en la “Cuarta Transformación”, para que por fin sea el pueblo el mandante y no el mandado, para que haya una verdadera democracia que se refleje en mejores condiciones de vida de la mayoría.
    Un principio que pondrá en práctica es el de la revocación o ratificación de mandato. Con el lema de “el pueblo pone, el pueblo quita”, AMLO ya dijo que su mandato será sometido a consulta a los tres años para conocer si la ciudadanía aún lo quiere en el puesto, y esto se convertirá en Ley para los presidentes que sigan después de él.
    No es para menos. La Constitución establece en su Artículo 39 que “La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”.
    Esta norma fundamental ha sido letra muerta durante la sucesión de gobiernos autoritarios y centralistas, disfrazados de demócratas. Pero las elecciones del primero de julio fueron contundentes: el pueblo tomó en sus manos el arma más poderosa cuando se tiene la información adecuada y la conciencia  patriótica para cambiar su forma de gobierno. Le dijo no a la llamada “dictadura perfecta” en la que el PRI tuvo la complicidad del PAN y en años recientes consiguió la colaboración de los Chuchos del PRD quienes engañaron a los militantes que todavía creían en la izquierda.
    Durante el régimen de López Obrador será posible ejercer plenamente la soberanía popular, porque él ha dicho que no sólo se someterá a una nueva votación intermedia sino que además quitará todos los candados a la consulta popular. Así, por ejemplo se le preguntará al pueblo sobre las decisiones que involucren el futuro.
    Expresó López Obrador en su discurso de cierre de campaña (27 de junio) poco antes de las elecciones  y lo reiteró después: “Con base en lo logrado buscaremos emprender una transformación pacífica y ordenada, sí, pero no por ello menos profunda que la Independencia, la Reforma y la Revolución; no hemos hecho todo este esfuerzo para meros cambios cosméticos, por encimita, y mucho menos para quedarnos con más de lo mismo”.
    Para poner en práctica la soberanía del pueblo, muchos, muchísimos de quienes serán funcionarios –inclusive de primer nivel- tendrán que cambiar los viejos hábitos; volverse más humanos, más modestos, más cercanos a la gente y dejar de rodearse de aires de grandeza y perdonavidas. No dejaremos de recordárselos. Aprendan a AMLO.

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