DESDE ABAJO
La lucha de clases y la democratización del poder
No es fortuito que los movimientos y manifestaciones políticas populares que cuenta la historia del México moderno derivaran en la cooptación y corrupción de sus máximos dirigentes. Como la forma más contundente de la élite conservadora y patriotera que gobierna, pero que lejos de atender y resolver las justas demandas que se plantean, cancela todas las posibilidades y cierran el acceso a la mayor parte de la población que trabaja y aspira a un mejor nivel de vida.
Elites que para fortuna de millones de mexicanos, la elección del primero de julio promete desvincularlos del monopolio de la administración estatal y federal al retirarle la mayor parte de los insultantes salarios que se autodesignan y que les permite vivir como auténticos reyes, sin merecerlo.
Pues bien, el primero de julio se dio el parteaguas social y político, que conlleva la enorme oportunidad y la instrucción ciudadana de no más las élites en el poder, no más gobiernos monopólicos, no más dinastias usufructuando la autoridad de generación en generación. Ya el pueblo de México no quiere que sus gobiernos menosprecien a los de abajo, a la gente pobre, a los trabajadores.
Quieren todo lo contrario: atención, soluciones, gobiernos capaces, que las leyes y las instituciones fortalezcan en Estado de Derecho. Que el espíritu legal se extienda y se introduzca en la conciencia de todos los mexicanos y derribe la cultura de la corrupción a la que nos han sometido y han hecho creer que es parte de nuestros genes. Lo que obviamente es falso.
Naturalmente, y aunque los de arriba la han negado, la lucha de clases es el motivo de la hegemonía, del inconfesable dominio de unos cuentos sobre la inmensa mayoría. De forma que urge la democratización de la vida pública, de la gente que ocupe los cargos públicos, procurando acabar con el selectismo a causa del color de la piel o el linaje de clase.
Interpretarlo no es poner a un desconocido en los órganos de autoridad, sino de prepararlos en la cultura de la democratización, ofertando y desarrollando oportunidades, en la conformación de grupos con integrantes distintos, pero preservando la cultura del respeto a las diferencias (de toda índole), a la propiedad de cada quien, a las capacidades de cada quien.
El General Porfirio Díaz Mori, tal vez es el Presidente del país que renunciando a sus orígenes y ascendencia mixteca, entregó el control del gobierno a las élites criollas y conservadoras de la época, y dio la espalda a la gente que conformaba el campesinado y los obreros, dando paso a una terrible época de opresión, olvido, esclavitud y explotación de los de abajo.
Ciertamente el México moderno es diferente, pero no por ello debemos olvidar que se arrastran pendientes históricos en materia de igualdad, discriminación y oportunidades que derivan en problemas como la corrupción, la impunidad, los monopolios. Pendientes que nos obliga a repasar la historia, deteniéndonos en los aciertos que nos han permitido avanzar.
La cuarta
transformación
Hoy el Presidente de la República electo, Andrés Manuel López Obrador, desarrolla el proyecto político y económico que denomina la cuarta transformación de México, el cual poco a poco toma forma y se perfila a combatir el problema de la desigualdad, y democratizar no sólo al poder, sino las relaciones sociales del pueblo de México.
!Bienvenida la democracia!.