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La Verdad del Sureste

DESDE ABAJO

Con los advenedizos: un ojo al gato, otro al garabato


Varios de los lectores de La Verdad del Sureste, periódico surgido como orientador y palanca del movimiento democratizador encabezado por Andrés Manuel López Obrador hace casi tres décadas, han expresado su explicable extrañeza al ver junto a los combatientes históricos del cambio a personajes a veces impresentables, pero también que sabotearon durante años el avance del estado y del país.
    No resulta fácil justificarlo y aceptarlo. Sobre todo porque esta larga lucha ha costado vidas, familias completas sacrificaron su estabilidad económica y su tranquilidad, otras perdieron sus trabajos por un ideal. Tienen razón quienes dudan de la repentina conversión y arrepentimiento de los malosos; tienen razón quienes sospechan que podría haber una simulación de infiltrados que desde adentro dañen al movimiento.
    Es cierto que hay otros que ven esta oportunidad para subirse al carro del ganador para seguir medrando con los recursos públicos como antes. Hacer como que cambian para que todo siga igual. Acomodarse nada más.
    Pero tengo la confianza en las palabras de López Obrador: hay que otorgar perdón, pero no olvidar. Porque perder la memoria es una forma de ignorancia, es no sólo arriesgarse a tropezar otra vez con la misma piedra, sino contra una piedra más grande.
    Andrés Manuel ha calificado claramente de “traidores” a los senadores y diputados del PAN, y del PRI, sí como a algunos del PRD, que votaron por el saqueo del petróleo y por el saqueo de las empobrecidas economías de nuestro pueblo. Habrá que perdonarlos, quizá, pero no con un “borrón y cuenta nueva”, porque existe normas legales que tendrán que aplicarse. Como bien decía Don Benito Juárez: a los amigos la ley y la clemencia, a los enemigos (hoy aparentes aliados) la ley a secas.
    Escuchaba a un viejo cardenista –de Don Lázaro, no de Cuauhtémoc-, recordar cómo Francisco I. Madero, José María Pino Suárez, Emiliano Zapata, Pancho Villa, Ricardo Flores Magón, y tantos otros más fueron traicionados. “Las balas que los mataron estaban en la misma casa de quienes les rendían honores para ocultar sus intenciones”, lamenta con una sabiduría surgida del dolor y la experiencia.
    Ignoro si existe el milagro del arrepentimiento y la conversión repentina de lo malo a lo bueno, lamentablemente es más frecuente lo segundo: que lo bueno se contamine.
    Pero vamos a dar el beneficio de la duda a quienes acaban de llegar o aun no acabar de llegar pero se están acomodando. Hay que estar con un ojo al gato y otro al garabato; estar pendiente de lo que haga la mano derecha y la mano izquierda. Andrés Manuel necesita de la contribución de todos los que han luchado y creen en el nuevo proyecto de nación. Hay que cuidarle las espaldas.

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