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La Verdad del Sureste

Desde Abajo

El Mes de la Patria; al servicio de la Nación


 
En 1988 se inició una larga marcha que llevó finalmente al movimiento encabezad por  Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de la República. Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez, retomaban entonces la estafeta de activistas que durante décadas se habían sacrificado para mantener viva la llama de la oposición, de la lucha contra el autoritario sistema priista que se apropió de la Revolución Mexicana.
    López Obrador se reconoce heredero de José María Morelos, Benito Juárez, Francisco I. Madero, los hermanos Flores Magón, entre muchos otros patriotas que el propio sistema incorporó a los libros de historia, aunque tratando de ocultar sus ideales. Pero también AMLO es heredero de personajes más contemporáneos como Arnoldo Martínez Verdugo, Othón Salazar, Valentín Campa, Demetrio Vallejo, Heberto Castillo. Sólo menciono algunos, quizá los más conocidos, como una forma de rendir homenaje a quienes ni siquiera sabemos sus nombres, el pueblo anónimo.
    Esa larga marcha iniciada en 1988 retomó la antorcha de los estudiantes, maestros y civiles que en 1968 se enfrentaron a un sistema brutal, cerrado, que respondió con la represión y el asesinato a demandas aparentemente sencillas. Sin embargo, el descontento profundo se había alimentado desde mucho tiempo atrás; venía de los reclamos insatisfechos en la Independencia, la Reforma y la Revolución; de las numerosas luchas agrarias y urbanas.
Todavía recordamos cómo la vieja oligarquía utilizó su poder, y a sus representantes, para buscar cerrar el paso a este nuevo movimiento democrático. Hubo cárcel, persecución, asesinatos, contra quienes sólo querían un poquito de vida digna.
    Recordar es una forma de hacer justicia. Pero también es una manera de advertir que el viejo sistema fue derrotado en las urnas pero no está vencido.     
    Ha tomado otras formas, usa otras máscaras, se transforma como el camaleón, para esperar el momento de dar un zarpazo a la esperanza del cambio real. Otros, mañosos como son y fueron formados en la cultura priista del agandalle, se han acomodado en el partido ganador Morena para tratar de seguir gozando de sus privilegios.
    El pueblo está atento. Luchó y votó por la transformación, le apostó a la vía pacífica. Hay que cuidar esa opción en la cual López Obrador ha perseverado. Pero está muy claro que no todos son AMLO; que cada uno tiene que ganarse ese respeto y ese espacio con su propio ejemplo, con su propia conducta. Tal como lo hizo el actual Presidente electo, con grandes sacrificios personales.
    Ahora, en este Mes de la Patria, es oportuno recordar que el Generalísimo Morelos se autodefinió como “Siervo de la Nación”. Al servicio del pueblo, y no el pueblo como servidumbre.
 

 

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