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  • Viernes 06 de Marzo de 2026

Desfiladero.../ Jaime Avilés

Caos en Tabasco: roban cinco hospitales

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La Verdad del Sureste


Salomón Chertorivsky Woldemberg, ex director general del Seguro Popular y flamante secretario de Salud, tendría que darse una vuelta por Tabasco para ver cómo se gasta las partidas federales su homólogo, Luis Felipe Graham Zapata, en el gabinete del químico priísta Andrés Granier Melo, quien mantiene deliberadamente inundada la tercera parte del estado donde nació Andrés Manuel López Obrador. ¿Por qué lo hace? Si quieren saber la respuesta, no se pierdan los siguientes párrafos...

    De enero de 2009 a febrero de 2010, el “gobierno” federal transfirió al de Tabasco mil 381 millones 506 mil pesos para el Seguro Popular. Al examinar cómo se aplicaron mil 229 millones 147 mil pesos de ese presupuesto, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) encontró manejos indebidos en 169 millones 910 mil pesos, aunque más tarde obtuvo respuestas satisfactorias a algunas de sus preguntas y sólo quedaron pendientes de justificación, o devolución, 84 millones 929 mil 404 pesos y 31 centavos.

    Sin perder la compostura, el pasado 7 de abril, Luis Felipe Graham Zapata reintegró a la secretaría de Finanzas de Tabasco, exactamente, 84 millones 929 mil 404 pesos y 31 centavos. La suma fue depositada en la cuenta 021790040437789845 del HSBC desde Bancomer, con folio de operación 347216 y folio de aceptación 80072CHS014796. ¿De dónde sacó ese dinero?

    El diputado federal tabasqueño, Adán Augusto López Hernández, investigó y descubrió que para reunir tal monto, devolverlo y evitar un proceso penal que podría hundirlo en la cárcel, Graham Zapata canceló “19 proyectos”de la secretaría de Salud para el ejercicio de 2011, por un total –¡asómbrense!— de 84 millones 929 mil pesos y 31 centavos.

    Para reunir esa cantidad, de acuerdo con documentos oficiales que obran en poder de Desfiladero, le quitó 2 millones 760 mil pesos al hospital regional de alta especialidad de Salud Mental; 33 millones 322 mil 704 pesos al hospital infantil de alta especialidad Rodolfo Nieto Padrón; 22 millones 706 mil 953 pesos y 24 centavos al hospital regional de alta especialidad Juan Graham Casasus; 17 millones 536 mil 66 pesos y 51 centavos al hospital regional de alta especialidad en traumatología Gustavo A. Rovirosa y 8 millones 603 mil 415 pesos y 56 centavos al Hospital de la Mujer. Estos recortes suman –¡otra vez asómbrense!— 84 millones 929 mil 404 pesos y 31 centavos.

    Durante una visita al Hospital de la Mujer, el miércoles pasado en Villahermosa, este reportero recogió testimonios de varias personas acerca de la mala hora que vivió una joven embarazada —cuyo nombre se omite— al llegar hace unos días a la sala de urgencias a punto de dar a luz. Como apenas eran las cuatro de la mañana, el vigilante le impidió entrar porque, según dijo, tenía “órdenes” de no admitir a nadie hasta las siete.

    Periodistas amigos, por otra parte, mostraron fotografías y videos en los que se aprecian frascos de pastillas, tubos de pomadas y otros productos farmacéuticos cubiertos de lodo en el traspatio del llamado Almacén Viejo de la secretaría estatal de Salud. Quienes llevaron a cabo el registro visual de esos vestigios conservan diversas muestras que recogieron ahí y que serían parte de un gigantesco lote de medicamentos caducos, que el equipo de Graham Zapata no entregó en forma oportuna a quienes lo necesitaban.

    Amigo íntimo de Fabián Granier, hijo de Granier Melo, Graham Zapata es el precandidato extraoficial del PRI al gobierno de Tabasco. Cuenta con toda la simpatía del actual gobernador, quien paradójicamente, al parecer no cuenta con la simpatía de nadie.

    “Mira, negro, Gurría fue pésimo, Robertito Madrazo peor, Manuel Andrade cometió la estupidez de sembrar palmas brasileñas y montó una fábrica para extraer aceite de palma, sin saber que la palma necesita crecer sus buenos cinco años para que pueda ser procesada y ahora que las plantaciones están listas para producir la fábrica ya se oxidó y ya no sirve”, me dice un simpático jubilado afuera de un café sobre la calle peatonal Juárez, en el casco antiguo de Villahermosa, “pero si todos los anteriores fueron malos, o muy malos, ¿sabes qué, negro?, este Granier es malísimo, es el peor de todos.”

    Que le diga negro a alguien que se ve amarillo podría suscitar alguna que otra duda sobre la objetividad de ese enfático caballero, que fumaba al tiempo que oía y tarareaba las canciones de la guitarra callejera del anciano trovador Budín. Sin embargo, su opinión es compartida por los 22 mil habitantes de 130 comunidades de siete de los 17 municipios de Tabasco, que se encuentran bajo las aguas del Usumacinta y del Grijalva, porque estos bellísimos ríos mantienen un nivel de metro y medio “arriba de su escala crítica”.

    Y es que, desde el diluvio del 30 de octubre de 2007, cuando la mitad de Villahermosa fue cubierta por el cauce del Grijalva y del Carrizal, Granier y la Comisión Nacional del Agua no han hecho sino amontonar costales de arena sobre las márgenes de ambos ríos y abrir “canales de alivio”, al norte y al sur de la capital del estado. Tan ridículos como inútiles, los costalitos, sobre todo, son un magnífico negocio para alimentar el pozo sin fondo de la legendaria corrupción priísta en estas tierras.

    El saco de yute, la arena que contiene y el esfuerzo del hombre que lo llena con una pala cuestan a lo sumo 30 pesos. Pero en la realidad –afirman los que saben— el gobierno de Granier “compra” cada costal en más de 300 pesos. Y como estamos hablando de 15 costales por cada metro de orilla de río “protegida”, saquen de nuevo la calculadora y traten de imaginar cuántos millones de pesos ha devorado la corrupción en los últimos cuatro años.

    Por lo demás, los llamados canales de alivio que desvían el curso de los ríos al norte y al sur de Villahermosa, para conjurar eventuales inundaciones como la de 2007, de algún modo salvan a los habitantes de la capital del estado, pero le arruinan la vida a los que viven en los municipios de la Chontalpa. Un agricultor de Jonuta, que suele sembrar maíz, dice mitad en broma, mitad en serio, que ya está pensando en dedicarse al cultivo del arroz salvaje, si las inundaciones, que forman parte de la cultura tabasqueña del agua, se van a volver permanentes. “Si en 2012 no llega Andrés Manuel...”, dice él también, como tantas otras personas en tantos y tantos otros lugares del país.

¿Nos hundimos?

Esta pregunta no es retórica. El miércoles pasado, nada más porque sí, de pronto se cayeron 40 enormes cristales que cubrían una superficie de 100 metros de longitud sobre el techo del conjunto Reforma 222. Vidrios distribuidos en un espacio equivalente al de una cancha de futbol, se vinieron inexplicablemente abajo. Al otro día se abrió el pavimento en el cruce de dos calles de Polanco. Lo mismo ha ocurrido en las calles de Zamora, colonia Condesa; Quintana Roo, colonia Roma; Tacuba, frente a la Casa de Moneda, y en muchos otros puntos de la misma región de la ciudad. ¿Por qué?

    Sobre Paseo de la Reforma, en el tramo que va de Chapultepec a Insurgentes, están en proceso de construcción o terminados ya unos 25 edificios de grandes dimensiones. Sus pilotes se hunden a 50 o 60 metros de profundidad y destruyen o alteran las capas de roca, arena y agua del subsuelo. ¿Por eso se desplomaron los cristales de Reforma 222? ¿Puede pasar lo mismo con las placas de cuarzo brasileño que ya están colocando sobre la Estela de Luz y Fuerza? El GDF tiene la obligación política, legal y moral de investigar la causa de estos extraños acontecimientos. Como sin duda no lo hará, debemos estar alertas porque van a seguir produciéndose.

jamastu@gmail.com