• La Verdad del Sureste |
  • Jueves 05 de Marzo de 2026

Los de abajo

Viejos rostros, nuevos discursos: la paradoja del “adefesio democrático”

*Lo presentan como manifiesto de principios quienes prostituyeron la política

Publicado el:

Alejandro Hernández


Diego Fernández de Cevallos, Manlio Fabio Beltrones y Francisco Labastida Ochoa, acompañados por un grupo de intelectuales y exfuncionarios que representan la columna vertebral del viejo régimen, firmaron un "Pronunciamiento sobre la necesidad de fortalecer la democracia mexicana".

El documento no es solo una declaración de principios, sino una ofensiva retórica y técnica contra la reforma electoral impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum.

Los firmantes denuncian lo que denominan un "atajo legal" que facilita la sobrerrepresentación legislativa. Su propuesta es clara: establecer un límite infranqueable para que ningún partido o coalición exceda los 300 diputados, garantizando así que la composición del Congreso refleje fielmente la votación emitida en las urnas.

Por cierto, algo que ellos nunca hicieron cuando estuvieron en el poder, porque simplemente no les convenía.

Asimismo, el manifiesto se refiere a la posible eliminación del Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP). Para estos actores, desmantelar esta herramienta de conteo rápido es abrir la puerta a los fantasmas de 1988, año marcado por la "caída del sistema" y la opacidad que marcó el ascenso de Carlos Salinas de Gortari.

Advierten que los recortes presupuestales al Instituto Nacional Electoral (INE) y la centralización del control de los comicios no son medidas de austeridad, sino un intento deliberado por "abaratar" la democracia y devolver el control de las elecciones al Poder Ejecutivo.

Sin embargo, el peso de los nombres que calzan el documento genera una fricción inevitable con la realidad histórica. Para un sector amplio de la ciudadanía, la irrupción de figuras como Labastida, Beltrones y el "Jefe" Diego en el papel de paladines democráticos roza el cinismo.

Estos personajes fueron los arquitectos y operadores de un sistema de "carro completo", donde el PRI y el Estado se fundían en una sola entidad y las negociaciones de cúpula —las famosas "concertacesiones durante el salinismo"— decidían el destino de estados y municipios a espaldas del electorado.

EL PATALEO DE LAS MOMIAS

La crítica más feroz reside en que su concepto de democracia parece ser intermitente. Se activa con fervor cuando están en la oposición, pero fue inexistente o laxo mientras detentaban el poder.

Durante décadas, los contrapesos y la transparencia fueron obstáculos a vencer para su hegemonía. Verlos hoy denunciar el autoritarismo es visto por analistas como un ejercicio de supervivencia de una élite desplazada que busca proteger los últimos vestigios de su influencia política.

La presidenta Claudia Sheinbaum no dejó pasar la oportunidad para capitalizar este flanco débil. En su conferencia matutina de este jueves, utilizó el propio documento como un "manual de historia" de lo que su gobierno busca dejar atrás.

Con un tono mordaz, los calificó como el "mejor símbolo del PRIAN", recordándole a la audiencia que estos hombres fueron piezas clave del salinismo y del periodo neoliberal.

Al exhibir las trayectorias de los firmantes en las pantallas de Palacio Nacional, la mandataria transformó el manifiesto en un bumerán político. Para el oficialismo, no son voces expertas, sino "fantasmas del pasado" que intentan frenar una transformación que busca —según sus palabras— devolverle el poder al pueblo.

Sheinbaum aseguró que la oposición se llevará una sorpresa cuando se revelen los alcances reales de su reforma, la cual, afirma, no busca el control, sino la eficiencia y la participación ciudadana directa.

La necesidad de recurrir a sus "pesos pesados" históricos revela una incapacidad para generar nuevos liderazgos que conecten con las mayorías. Mientras los simpatizantes de este bloque ven un "llamado de auxilio de hombres de Estado", sus críticos ven el último aliento de una oligarquía que utiliza la palabra "democracia" como escudo para proteger sus intereses.

Al intentar dar lecciones de moral política, estos “líderes” terminan, paradójicamente, fortaleciendo el discurso de la presidenta. Mientras la oposición recurra a estas figuras, le otorga a su gobierno los argumentos necesarios para invalidar cualquier crítica basándose en la falta de calidad moral de sus interlocutores.