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La Verdad del Sureste

Deshojando la Margarita


-Me quiere, no me quiere, me quiere… Así me imagino a Margarita Zavala en estos momentos. Sus manos retirando uno a uno los pétalos de una flor que la lleven a la respuesta correcta para ella, al camino del que no debió salirse. Si fue un acto estrictamente de su voluntad, tarde se dio cuenta que no es fácil construir una candidatura presidencial, mucho menos hacerlo sin estructura partidista y sin recursos económicos.  A menos de una semana de celebrarse el segundo debate entre los candidatos presidenciales, Margarita Zavala hizo el anuncio: se retiraba de la contienda. Sus palabras fueron sorpresivas para algunos, pero no para quienes esperaban que lo hiciera, aunque quizá se contemplaba que eso ocurriera un poco más adelante, tal y como muy probablemente lo hará Jaime Rodríguez, “el mochamanos”, en los días previos a la jornada electoral. Bajo el anterior supuesto, ¿qué razones habrían orillado a la expanista a precipitar su decisión? Si su inconformidad con las reglas de un juego inequitativo fuera real, reglas que ella aceptó al seguir el procedimiento de registro de su candidatura por la vía independiente, el mejor momento para hacerlo hubiera sido durante el desarrollo del segundo debate. Sin duda, ella hubiera dado la nota de la noche y se le abriría un abanico ciudadano que ahora no tiene. Sólo le queda deshojar la margarita. -Me quiere, no me quiere… Ante su anuncio, los equipos de Meade y de Anaya buscaron un acercamiento con Margarita para verse favorecidos con una declaración que, hasta el momento, no se ha dado. Ambos candidatos suponen que los dos o tres puntos que representa la excandidata independiente son un tanque de oxígeno para sus aspiraciones, aunque pierden de vista que el total de sus puntos no se irían en automático a sus bolsillos, sino que se van a repartir, si no es que a diluir. Corre la versión, creíble en cierta forma, de que el empresario que se convirtió en su principal patrocinador le cerró la llave de los recursos económicos ante su lejano posicionamiento en las encuestas. Y no sólo eso, también le habría pedido apoyar a Ricardo Anaya. Lo primero la puso contra la pared porque entre sus colaboradores de campaña se extendía la inconformidad por la falta de pago. Pero, ¿claudicar ante Anaya? Cuando Zavala renunció al PAN, su círculo político cercano también tomó distancia de Anaya no sólo como muestra de solidaridad, sino porque también habían sido excluidos de las decisiones en el blanquiazul. Sin embargo, no todos renunciaron a su militancia, como el propio Felipe Calderón, quienes dejaron convenientemente un pie adentro de su partido. Con las principales candidaturas repartidas al interior del PRI y del PAN, ¿qué le pueden ofrecer estos partidos a Margarita Zavala? ¿Acaso una improbable secretaría de estado o una futura candidatura al senado?  La excandidata también afirmó que otra de las razones que la llevaron a retirarse de la contienda fue la inexistencia de la segunda vuelta electoral en nuestro sistema político, argumento falaz porque no es ninguna novedad que dicha segunda vuelta no está contemplada en las leyes electorales. Ni es necesaria. Desde la elección presidencial del año dos mil, el llamado al “voto útil” (inútil en el caso de Fox) ha venido a suplir en los hechos la segunda vuelta electoral. La cercanía de la elección impulsa a un sector de los electores a tomar una definición: mantener su preferencia por alguien que saben que no va a ganar, u otorgarle su voto a quien sí puede ganar. Los anayistas apuestan al “voto útil” de los frustrados zavalistas, de los meadistas y de los indecisos. Sin embargo, a diferencia de las últimas dos elecciones presidenciales, los negativos en las encuestas se han trasladado al tricolor y a su candidato, quien podrá haber sido el niño mejor portado de la escuela, el que llevaba siempre boleados sus zapatos, pero trae a cuestas un sexenio con la peor evaluación de la época moderna y un partido carcomido por la corrupción.  El segundo debate presidencial se muestra como la oportunidad para marcar el rumbo final de la contienda. El escenario es más que previsible, por lo que Ya Saben Quién habrá de exhibir los fracasos de los gobiernos azules y tricolores.   
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