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La Verdad del Sureste

DIOS MIO, TE RUEGO: ¡APIADATE DE PEÑA!


Disculpas a mis lectores. Hoy no voy a escribir del “gasolinazo”; yo no voy a contribuir y extender la táctica de pánico que se está implementando por el gobierno federal al respecto. Del “gasolinazo” solo diré, que realmente hay decisiones políticas y económicas que toma la cúpula del gobierno federal que son agigantadas e injustificables aberraciones.

    No me “congrego” en ninguna iglesia, ni asisto a templos eclesiásticos porque considero que ese nunca será el camino para llegar al ser supremo. Tampoco rezo, ya que no es la vía para conectarse don Dios.
    Sí creo en Dios y hace meses hago oraciones diariamente. Le pido diariamente a Dios por Peña Nieto; que le dé una pizca de inteligencia y sabiduría, de la cual, notoriamente carece. Le pido que ayude al pobre Peña a que tenga un mínimo de riqueza en valores humanos; le pido a Dios que le ayude a deshacerse de su miseria humana, de su poca dignidad, de su pobreza extrema de valores. Y en los mismos términos le pido por los miembros de su gabinete. 
    Día tras día hago oración y le pido a Dios por Peña, que no tiene más valores que el dinero y deambula por los corredores de Los Pinos con un alma vacía de calidad humana. Le pido que, no lo deje seguir tan pobre y miserable en valores éticos y morales. Le he dicho en mis oraciones, que comprendo que es un desgraciado esclavo de las ataduras de un sistema podrido; que él no es culpable porque no es un hombre libre y no goza de humildad, ni de bondad, menos de dignidad.
    Le pido a Dios que lo ayude a tener un mínimo, aunque sea, de riqueza: porque un ser que se quiere vestir con sacos de medio millón de pesos, portar relojes de 3 millones, tener anclado un yate en cada puerto turístico del mundo, transportarse en un avión que cuesta más de 80 millones y su mantenimiento más de un millón por mes, que toma decisiones muy dañinas, es porque tiene una gran carencia, es porque necesita tanto: necesita todo porque es un pobre diablo. Diariamente le pido a Dios para que ilumine a Peña, que le dote de luz, aunque sea con un foquito de 15 wats.  
    Le pido a Dios que lo ayude a borrar de su mente esa maldita locura que le acongoja. Que le ayude a dejar de ser un leproso en el mando. Que entiendo ese grito desesperado de su ser que clama por encontrar un valor que le medio llene el alma, que erice el corazón de un cuerpo muerto; que entiendo ese grito desesperado de su vacío ser que busca un valor que llene con un poco de aire sano sus pulmones corroídos por un aire podrido, que busca un valor que le ayude a encontrar algo que le levante el pene mallugado, que le ayude a poder encontrar a una mujer que realmente no esté obligada a ser su pareja y que le de amor.
    Le digo a Dios que Peña es más desgraciado que aquel desahuciado por un cáncer terminal, porque para su alma muerta no hay cura, porque para su trastorno no hay remedio ni terapia; le pido que lo cure, que lo saque de ese baile donde se mueve en agonía, comparsa en donde está perdido el amor, la amistad, la solidaridad, donde se ha perdido el valor de la vida, de la familia. Que sé que hay algo peor que morir callado y es morir riendo, y que sé que eso vive Peña; le pido a Dios por ese pobre Presidente que ya se ha dado cuenta que pasa a la historia como un ser nefasto.
    Le digo a Dios que el Presidente agoniza, sufre en un encierro y en una gran soledad, en una familia armada; le digo que me da pena, le suplico y ruego que lo ayude. Aunque no voté por él, le digo a Dios: pobre de mi Presidente, es el más pobre miserable en una nación de pobres; que aun siendo Presidente no tiene ningún poder, ni fuerza: porque en él y su gabinete falta la legitimidad que da la solidaridad con el pueblo y la pasión por servir.
    Le digo a Dios, que él sabe que Peña y su gabinete son una cofradía de niños maltratados, incomprendidos, abandonados y descuidados por sus padres, que crecieron sin valores éticos y que confunden, ya adultos, el dinero con la dignidad y el respeto; le digo a Dios que no se cebe con él y su gabinete ya que Dios es todo bondad. Dios mío, pobre de mí Presidente, ¡ayúdalo!  
    No me hace caso; no me concede lo que le pido en mis oraciones.           

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