Disidencias
Planes no ocurrencias, hay que escuchar a la gente
La polémica sobre el proyecto de las ciclovías debe servir para plantear la ciudad de Villahermosa como un espacio público sobre el que sus habitantes tienen derecho a decidir. Un derecho que en muchos casos ha sido pisoteado por administraciones que se han distinguido por ejecutar caprichos con cargo al erario público, es la crítica frecuente que escuchamos
Es difícil que los villahermosinos se decidan a permitir de buena gana que una inversión que supera los 9 millones de pesos y que apenas tiene un año y tres meses de haberse inaugurado sea trasladada a otro sitio, a costa de quién sabe cuántos recursos más. Una decisión que hay que explicar.
Las jardineras, hay que recordar, provocaron una «memiza» cuando empezaron a construirse. Le dijeron «el muro de Gaudiano» y la gente hizo chistes alusivos al muro de Berlín, pues el muro dividiría la Villahermosa oriental de la occidental. Humor negro para reflejar la poca gracia que hizo el que se iniciara una obra así en una de las visitas más emblemáticas de la capital sin consultar o siquiera hacer público el proyecto. Cuando se hizo el anuncio, fue más bien una disculpa con un dejo arbitrario: aunque no estén de acuerdo se va a hacer.
Una decisión también polémica fue cuando se decidió mover el reloj floral y construir la estatua de Leandro Rovirosa. O cuando se construyó el elefante blanco multimillonario en el malecón llamado CENMA, con Andrés Granier, o el otro monumento a la arbitrariedad, el famoso Musevi y hasta las costosas pero ya abandonadas fuentes danzantes.
Los ciudadanos se han sentido despojados de su ciudad y sometidos al capricho de quienes ni siquiera usan el transporte público.
El alcalde electo, Evaristo Hernández, bien haría en aprender de sus antecesores. Sea el proyecto de las ciclovías, el teleférico o cualquier otro, lo principal es no ganarse el repudio popular, cegado por la vanidad de dejarle a la ciudad una marca duradera de su paso al frente de la administración.
Lo ideal sería hacer públicos los proyectos, transparentar los montos presupuestados, defender con argumentos sólidos por qué es necesario ejecutar la obra, a cuántos beneficia y de qué manera nos ayudaría a ser una mejor ciudad.
Si el alcalde se negara a hacer una consulta sobre las ciclovías, lo que puede hacer es iniciar a parte un proyecto de presupuesto participativo. Consultar con los colegios algunos proyectos para la ciudad, escuchar a los delegados en sus necesidades más urgentes y someter a la participación ciudadana la decisión de qué proyectos ejecutar con un determinado presupuesto. Una estrategia que permitiría apreciar cuántas necesidades se pueden satisfacer con un mismo recurso, al tiempo que devolvería a los ciudadanos la percepción de que la ciudad es suya.
El alcalde electo ha asegurado que cuenta con estudios que sustentan la viabilidad de las ciclovías, y aseguró que seguirá el diálogo con los diversos sectores de la sociedad para que todos estén de acuerdo. Habrá que esperar a ver si se anima a que el diálogo sea abierto, de cara a la sociedad, y presente en público dichos estudios, así como su interpretación.