LA DISYUNTIVA DE LOS ESTÚPIDOS
Todavía Don Benito Juárez es el único Presidente de la República al que hay que admirar. Ante una situación similar a la que vive hoy el país, acuño una contundente frase: “Si nuestro destino es que nos quiten, ¡sea!, pero no les demos el derecho de hacerlo”. La desastrosa situación que vive el país, nos produce las siguientes interrogantes:
¿Es la solución a todos nuestros males, la Inversión Extranjera Directa?
¿Qué es mejor para México, recibir o no, Inversión Extranjera Directa? Si acaso es benéfico –para el país- el recibir Inversión Extranjera Directa, ¿En qué medida y en qué condiciones?
¿La Inversión Extranjera Directa fortalece nuestro ahorro interno?
¿La Inversión Extranjera Directa favorece la complementariedad productiva?
¿Contribuye a la creación de empleos la Inversión Extranjera Directa?
¿En qué medida la Inversión Extranjera Directa contribuye a la creación de empleos?
Si acaso contribuye a la creación de empleos la Inversión Extranjera Directa, ¿Qué clase de empleos genera?
¿La Inversión Extranjera Directa propicia el desarrollo económico?
Si los perverso y dañinos economistas neoliberales que han ocupado la Presidencia y se han puesto al servicio de los capitales extranjero -y asociado con los capitalistas degenerados del país-, se hubiesen puesto a contestar seriamente estos interrogantes -y hubiesen tenido un poquito de amor a la patria (o como hablamos los mexicanos: un poquito de poca y p… madre-), ni hubiesen firmado Tratado de Libre Comercio alguno, ni andarían con las enaguas levantadas pidiendo que viniese al país la inversión Extranjera Directa, y menos, darle todas las facilidades para que explotaran a la nación y a los nacionales.
Los “genios perversos” que impusieron el neoliberalismo económico –perversos porque los impusieron para dañar al país-, también impulsaron los Tratados de Libre Comercio.
Privatización, Libre Inversión Extranjera Directa en el país y Tratados de Libre Comercio son su lema. El más afamado en México fue el Trilateral entre EU, Canadá y México. Luego buscaron ensartar al país en el Acuerdo de Libre Comercio Asia Pacífico.
Estos “sujetos malévolos” han ocultado siempre los efectos negativos y daños, seriamente profundos que trae a una economía como la de México, los Tratados de Libre Comercio. Han ocultado, por décadas, que economías poderosas como Corea, Japón, Noruega, Singapur y Suiza no tienen firmados ningún Tratado de Libre Comercio ¿Por qué será?
Los Tratados de Libre Comercio, también llamados Tratados de Libre Inversión, no sólo se refieren a cuestiones comerciales, sino que regulan la inversión extranjera directa en los múltiples ámbitos del quehacer económico.
Fíjese bien, amable lector, para qué sirven los Tratados de Libre Comercio: en los Tratados de Libre Comercio 1) se reconoce como fundamental el vínculo entre la liberalización de los flujos de capital y la liberalización de las barreras al comercio, y 2) que el comercio e inversión son factores complementarios e indispensables para lograr una zona de libre comercio.
Por tales motivos, al someterse un país a la firma de un Tratado de Libre Comercio, las partes contratantes se obligan a: a) otorgar a los inversionistas y a la inversión de las otras partes: 1) trato nacional; 2) trato de la nación más favorecida; y 3) trato conforme al derecho internacional. Se obligan o se someten, además: b): también 3) a prohibir en general los requisitos de desempeño; 4) a no obstaculizar las transferencias al exterior de sus ingresos o cualquier otro fruto derivado de una inversión; 5) a cumplir ciertos requisitos en cuanto a expropiación e indemnización –impuestos por la potencia de más fuerza económica firmante del Tratado-; y 6) a permitir el acceso sin restricciones a la inversión (salvo en aquellos sectores específicamente excluidos o regulados de manera especial a través de anexos de reservas –la potencia hegemónica firmante del Tratado de Libre Comercio tiene privilegios muy mayores para establcere esas reservas respecto a los que tiene las otras naciones firmantes-).
A lo largo de las décadas del siglo antepasado, pasado y en curso, es decir históricamente, la Inversión Extranjera Directa no ha cumplido las expectativas de los Mexicanos; o sea, nunca ha beneficiado a México. Y menos si quienes nos han gobernado nadan en la corrupción más descarada y convierten la política en un negocio y buscan empoderarse o ser dueños o socios de “empresas”.
Pero los estúpidos –discúlpenme, no hay apelativo más certera para llamarlos- gobernantes de los gobiernos federales del pri y del pan sólo han podido ver dos opciones o disyuntivas: Inversión Extranjera Directa o Contratación de Deuda Externa.
O sea: dejar libre vía para que nos exploten a sus anchas los inversores extranjeros o endeudar al país y seguir pidiendo prestado –viviendo de dinero que no es nuestro y no producimos-.