ESPACIO CIUDADANO
¡ZAPATA VIVE!
En plena crisis global por el coronavirus (COVID 19), mientras la gente está pensando en cómo sobrevivir y adaptarse a las nuevas circunstancias, ¿qué sentido e importancia tiene hablar de la historia e intentar hacer conciencia en la gente sobre nuestro pasado? Sobre todo, qué sentido tiene recordar a un revolucionario que representó y encabezó las causas de los campesinos despojados de sus tierras, que un 10 de abril de 1919 fue asesinado por el carrancismo: al General Emiliano Zapata.
Hoy, nuestra memoria histórica nos sirve de soporte para reconocer, revalorar y ubicar nuestra verdadera identidad; para comprender quién es quién en nuestra sociedad; para ubicar el interés y la cultura real que define a cada sector social que ha vivido en México, en función de las prácticas y proyectos que han sostenido en la historia de nuestro país.
Por eso, cada 10 de abril de cada año, recordamos lo que significa en nuestra historia Zapata y el zapatismo. Reivindicamos los hechos y procesos históricos que determinan el proyecto, quehacer y práctica de los zapatistas, por ser un proyecto popular, que lucho contra la dictadura del Porfiriato, que despojó a los campesinos de sus tierras y explotó a los obreros en la industria.
Cada 10 de abril decimos que ¡Zapata vive! E intentamos hacer comprender a la gente y decirle: Zapata es un héroe popular, que luchó para que a los campesinos les devolvieran sus tierras en Morelos, Tlaxcala, Puebla y el Estado de México, bajo el lema de que “La tierra es para quien la trabaja”. Les decimos que el zapatismo representa una lucha nacional por la justicia, la igualdad y la libertad, teniendo como base algo extraordinario: la defensa de los más pobres y el cuidado de la madre tierra.
Zapata y el zapatismo no han sido olvidados en la historia de México, porque sus demandas y sus ideales siguen teniendo vigencia. Porque ante la falta de cumplimiento de la Constitución; la corrupción pública; la impunidad en que vive el país; la inseguridad, la pobreza, la falta de educación y trabajo, la reprivatización de bancos, ingenios, trenes, comunicaciones, minas, etc., que han realizado los gobiernos del PRIANPRD en los últimos 40 años, es imposible no recordar y reivindicar a los zapatistas, que iniciaron la Revolución, para luchar por una trasformación nacional que estableciera las bases de un país más justo.Así, seguiremos recordando al zapatismo y lo seguiremos teniendo como referencia histórica, mientras en el país no se establezca una efectiva dinámica de justicia social; lo cual quiere decir, eliminar las circunstancias que generan que más de 50 millones de mexicanos vivan en la pobreza, mientras una reducida oligarquía mexicana, empresarial y financiera, son los hombres más ricos del mundo.
Zapata seguirá siendo guía de muchas organizaciones sociales que exigen una distribución equitativa de la riqueza nacional; seguirá siendo la inspiración de los que quieren un México democrático, justo e igualitario. El zapatismo seguirá vigente en las luchas contra las compañías trasnacionales, contra las minas y las agroindustrias que despojan a los campesinos de sus bosques y contaminan las lagunas y ríos.
Y al parecer, en la coyuntura actual, el zapatismo seguirá vivito y coleando en la realidad nacional, más allá de Marcos y Chiapas, porque las oligarquía empresariales, que siempre apoyaron al PAN y al PRI en el gobierno; en lugar de realizar propuestas organizacionales y productivas, para solidarizarse con la mayoría de mexicanos, utilizan sus aparatos ideológicos para grillar, desinformar e implementar una serie de calumnias y mentiras sobre el actual gobierno, que representa en el Ejecutivo Andrés Manuel López Obrador, cuyo principio administrativo es: Primero los pobres.
Durante el Porfiriato, esas oligarquías apoyaron el establecimiento de una dictadura, que mantuvo a la mayoría de mexicanos en la miseria, la pobreza y la ignorancia. Su refuncionalización después del cardenismo, les permitió establecer un modelo de desarrollo que generó, en la sociedad mexicana, nuevas injusticias y crisis de todo tipo, en el que los ciudadanos padecimos innumerables sufrimientos.
Hoy, el zapatismo está presente para recordarnos que a esas oligarquías no les importa el país y la sociedad; no les importa que los mexicanos vivamos mejor y bajo nuevas relaciones de poder más democráticas, de tolerancia y diálogo; no les importa ser solidarios y compartir un poco de la riqueza que han acumulado, por una sencilla razón, porque su proyecto histórico nunca ha tenido esos principios; porque su interés es solo velar y proteger las enormes fortunas que han amasado, bajo la corrupción e impunidad de gobiernos anteriores.
Hoy, nuestra memoria histórica nos sirve de soporte para reconocer, revalorar y ubicar nuestra verdadera identidad; para comprender quién es quién en nuestra sociedad; para ubicar el interés y la cultura real que define a cada sector social que ha vivido en México, en función de las prácticas y proyectos que han sostenido en la historia de nuestro país.
Por eso, cada 10 de abril de cada año, recordamos lo que significa en nuestra historia Zapata y el zapatismo. Reivindicamos los hechos y procesos históricos que determinan el proyecto, quehacer y práctica de los zapatistas, por ser un proyecto popular, que lucho contra la dictadura del Porfiriato, que despojó a los campesinos de sus tierras y explotó a los obreros en la industria.
Cada 10 de abril decimos que ¡Zapata vive! E intentamos hacer comprender a la gente y decirle: Zapata es un héroe popular, que luchó para que a los campesinos les devolvieran sus tierras en Morelos, Tlaxcala, Puebla y el Estado de México, bajo el lema de que “La tierra es para quien la trabaja”. Les decimos que el zapatismo representa una lucha nacional por la justicia, la igualdad y la libertad, teniendo como base algo extraordinario: la defensa de los más pobres y el cuidado de la madre tierra.
Zapata y el zapatismo no han sido olvidados en la historia de México, porque sus demandas y sus ideales siguen teniendo vigencia. Porque ante la falta de cumplimiento de la Constitución; la corrupción pública; la impunidad en que vive el país; la inseguridad, la pobreza, la falta de educación y trabajo, la reprivatización de bancos, ingenios, trenes, comunicaciones, minas, etc., que han realizado los gobiernos del PRIANPRD en los últimos 40 años, es imposible no recordar y reivindicar a los zapatistas, que iniciaron la Revolución, para luchar por una trasformación nacional que estableciera las bases de un país más justo.Así, seguiremos recordando al zapatismo y lo seguiremos teniendo como referencia histórica, mientras en el país no se establezca una efectiva dinámica de justicia social; lo cual quiere decir, eliminar las circunstancias que generan que más de 50 millones de mexicanos vivan en la pobreza, mientras una reducida oligarquía mexicana, empresarial y financiera, son los hombres más ricos del mundo.
Zapata seguirá siendo guía de muchas organizaciones sociales que exigen una distribución equitativa de la riqueza nacional; seguirá siendo la inspiración de los que quieren un México democrático, justo e igualitario. El zapatismo seguirá vigente en las luchas contra las compañías trasnacionales, contra las minas y las agroindustrias que despojan a los campesinos de sus bosques y contaminan las lagunas y ríos.
Y al parecer, en la coyuntura actual, el zapatismo seguirá vivito y coleando en la realidad nacional, más allá de Marcos y Chiapas, porque las oligarquía empresariales, que siempre apoyaron al PAN y al PRI en el gobierno; en lugar de realizar propuestas organizacionales y productivas, para solidarizarse con la mayoría de mexicanos, utilizan sus aparatos ideológicos para grillar, desinformar e implementar una serie de calumnias y mentiras sobre el actual gobierno, que representa en el Ejecutivo Andrés Manuel López Obrador, cuyo principio administrativo es: Primero los pobres.
Durante el Porfiriato, esas oligarquías apoyaron el establecimiento de una dictadura, que mantuvo a la mayoría de mexicanos en la miseria, la pobreza y la ignorancia. Su refuncionalización después del cardenismo, les permitió establecer un modelo de desarrollo que generó, en la sociedad mexicana, nuevas injusticias y crisis de todo tipo, en el que los ciudadanos padecimos innumerables sufrimientos.
Hoy, el zapatismo está presente para recordarnos que a esas oligarquías no les importa el país y la sociedad; no les importa que los mexicanos vivamos mejor y bajo nuevas relaciones de poder más democráticas, de tolerancia y diálogo; no les importa ser solidarios y compartir un poco de la riqueza que han acumulado, por una sencilla razón, porque su proyecto histórico nunca ha tenido esos principios; porque su interés es solo velar y proteger las enormes fortunas que han amasado, bajo la corrupción e impunidad de gobiernos anteriores.